• VIERNES 13
  • de marzo de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

Berlin en Wuhan

Su obra, entre otras cosas, permite registrar la complejidad de la cultura humana en la medida en que se reconoce la pluralidad de sus fines.


Editor
Ricardo L. Falla Carrillo

Jefe del Departamento de Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya


La apertura de la Universidad de Wuhan a la obra de Berlin resultaba paradigmática, tomando en cuenta el contexto ideológico de China hasta la muerte de Mao Zedong. El pensamiento de Berlin se caracteriza, entre otros aspectos, por ser una defensa exquisitamente meditada sobre el valor de la libertad personal desde una perspectiva histórica. Tal interés por la obra de un pensador, considerado liberal, hubiese sido imposible en los tiempos de la revolución cultural maoísta; momentos totalitarios, ajenos a la libre circulación del pensamiento.

Sin embargo, el contexto era otro a mediados de los noventa. Y las ideas que hubieran sido condenadas por la inquisición maoísta eran divulgadas en el ámbito universitario chino sin ser consideradas “peligrosas” para aquella sociedad. Al fin y al cabo, en el ámbito de la investigación académica filosófica, humanística y científico-social, es fundamental tener conocimiento de los diversos enfoques teóricos, sobre todo si se busca construir un sistema del saber capaz de comprender la complejidad de los mundos sociales.

La obra de Berlin, entre otras cosas, permite registrar la complejidad de la cultura humana en la medida en que se reconoce la pluralidad de sus fines. Como dice el autor en su testimonio intelectual: “Llegué a la conclusión de que hay una pluralidad de ideales, al igual que hay una pluralidad de culturas y de temperamentos”. Según Berlin, la pluralidad de ideales, de valores, nos conduce al imperativo moral de entendernos. Porque lo otro es imponer, desde la violencia, una sola visión de las cosas. Con todas las terribles consecuencias que ello trae y ha traído.

El Perú se encuentra en una radical crisis de entendimiento. Por causas ideológicas, sociales, étnicas, cada grupo enfrentado se ve tentado a negar nuestra pluralidad. Y asume que lo peruano se reduce a su propia pertenencia cultural o territorial. Así, sin una voluntad ético política mayor, podemos caer en el peligroso reduccionismo de creer que solo hay una forma de ser peruanos o de explicarnos nuestros procesos. Admitir la pluralidad de lo que somos, dentro de un marco de entendimiento mayor, es lo que nos puede librar de mayores pesares, como bien lo señaló Berlin en su momento.

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