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Al pasar de las horas, se aproximaron jóvenes y señoritas al enigmático templo inca del Qoricancha, frotaban sus manos entre el vaho para darse calor. Enseguida, todos se convirtieron en parte del séquito del inca y de las acllas (escogidas, en quechua) de David Ancca Cuyo, quien daría vida al inca Pachacuteq.
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En el Qoricancha
Después de dos años, el Inti Raymi o Fiesta del Sol empezaría. Faltarían sus indómitos hijos que miraban expectantes desde los perímetros del Qoricancha. Esta vez todo sucedería en estricto privado. Pachacuteq parecía comulgar con su padre, el Inti, quien cubría con sus radiantes brazos las empedradas calles.
La primera escenificación fue grata. El inca llegó fortalecido a la plaza mayor por el Inti K’icllu. Antes, envió una delegación de avanzada para la “limpia” del camino porque una “extraña enfermedad” se ha expandido y mata indistintamente a su gente.
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Órdenes del inca
A su trono elevado en el “ushnu” (lugar ceremonial), pidió la presencia de sus sacerdotes andinos para la lectura de las hojas de coca con el fin de saber qué le deparaba en el día. Luego, llamó al alcalde que gobierna su ciudad, Víctor Boluarte Medina. Con él conversó abiertamente y resumió su orden en una oración: “Lleva a la unión y desarrollo a nuestra gente”.
El burgomaestre, que retornó al sillón municipal después de un año (un calendario fatal porque quien lo reemplazó en ese período, el teniente alcalde Ricardo Valderrama Fernández, falleció a causa del covid-19), respondió en quechua que cumpliría con su compromiso. “Trabajaré incansablemente”, lo escuchamos todos.
A Sacsayhuamán
Boluarte, con el “khipu” que contiene la estrategia para reactivar la economía de Cusco, retornó al atrio de la catedral. Desde aquí se despidió de Pachacuteq. El inca, luego, ascendió al parque arqueológico de Sacsayhuamán, donde lo esperaba el presidente de la República, Francisco Sagasti.
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El tayta Inti estuvo ayer en su plenitud. Imponente en su vasto cielo zarco, característico del mes que escogió para su fiesta y qué mejor no se sentiría escuchando el canto “intillay, taytallay”, “mi sol, mi padre”, que evocó el inca Pachacuteq y sus indómitos hijos provenientes de los cuatro suyos.
Altar para los apus
Sobre el altar que mandó a edificar, el hijo del Sol dispuso que se cumpliera con los ritos y sacrificios, como el de un camélido para evidenciar qué auguraba el futuro. Después del despliegue de danzas en honor a su padre se dio tiempo para un mensaje de alivio ante la pandemia.
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“Padre sol, madre luna, madre tierra, Pachatusan (apu que sostiene el mundo), Huanacuri y Salkantay (apus), sean por siempre jóvenes, nunca envejezcan. La gente que siga desarrollándose y que la tristeza desaparezca para crecer”, dijo el inca.
“Ciudadanos del Cusco, de todos los pueblos y los que se encuentran aquí, les digo que nuestro Inti nos mira con su corazón sensible. Nos envía el bien, aún con esta enfermedad que hace sufrir a mi tierra; entonces todos debemos enfrentarla y caminar con nuestra Pachamama, ella nos dará una buena comida para vivir sanos”, continuó.
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“Ummalleqkuna o autoridades, caminen junto a su pueblo. No se olviden, no le mientan, no desmayen, todos debemos trabajar con fuerza y alegres. ¿Así lo haremos?”, preguntó el máximo representante del Tahuantinsuyo. Y todos respondieron, “sí”.
Luego, el inca Pachacuteq y su séquito partieron advirtiendo a todos que los mirará, vigilará y esperará hasta el próximo Inti Raymi. (Texto y fotos: Percy Hurtado Santillán).