• MIÉRCOLES 8
  • de abril de 2026

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Sudáfrica reflexiona a 30 años de CONCLUIR el ominoso sistema

Fin del apartheid no terminó las desigualdades

La enorme brecha entre blancos y negros aún continúa, mientras que el desempleo origina nuevas tensiones en un país donde la mayoría negra es libre, pero encadenada por la extrema pobreza.

Pero hoy ese optimismo prácticamente se ha desvanecido, especialmente entre los jóvenes.

Los ‘nacidos libres’, los que vinieron al mundo después del fin del apartheid y comprenden aproximadamente la mitad de la población, luchan por salir de las garras de la pobreza.

Justicia social. La igualdad de oportunidades es todavía un sueño pendiente en Sudáfrica.

Dos de cada tres jóvenes no tienen ingresos, víctimas de un desempleo endémico que no muestra signos de disminuir bajo el gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC), que ha estado en el poder desde las primeras elecciones democráticas en 1994.

Testimonios

Muchos dicen que luchan para ver los beneficios del fin del apartheid, que se produjo poco menos de tres años después de que el entonces presidente F. W. de Klerk anulara los últimos estatutos de segregación del país.

“Deseamos hacer lo correcto para Sudáfrica”, dijo De Klerk al Parlamento en ese momento.

Antes de la pandemia, el 20% de los hogares negros vivían en situación de extrema pobreza contra solo 2.9% de los hogares blancos, según el Instituto de Relaciones entre las Razas (IRR) sudafricano. Hoy, se estima que la brecha ha aumentado.

Protagonistas. De Klerk une a rivales Buthelezi y Mandela.

Desilusionados, los jóvenes de la actual Sudáfrica dicen que la promesa de una mejor vida se ha transformado en un ambiente de una gran desesperación.

“Me pregunto qué pensarían los que han luchado y sacrificado”, reflexiona el estudiante de derecho Tumelo Dire, de 21 años, frente al monumento a Héctor Pieterson, que conmemora la lucha de los estudiantes en Soweto contra el apartheid.

Gracias a una beca del gobierno, sus estudios universitarios están cubiertos, pero aún necesita apresurarse para encontrar dinero a fin de alquilar un departamento de estudiante. E incluso, cuando termine sus estudios, no se le garantiza un trabajo.

“¿Estarían decepcionados de nosotros?” se pregunta el joven que llevaba una caja de muffins en la calle.

Desempleo

Las estadísticas oficiales muestran que el 63% de las personas de entre 15 y 24 años están desempleadas en un país donde los jóvenes representan cerca de la mitad de la población.

“Los jóvenes han visto cómo, desde 1994, el tipo de políticas económicas que se han implementado, no solo han mantenido el privilegio para aquellos que son formalmente privilegiados en el país, sino que también han creado una nueva clase de élites negras privilegiadas”, señaló Sphiwe Dube, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Witwatersrand.

Dube se refería a las elecciones de 1994 ganadas por el ícono antiapartheid venerado internacionalmente, Nelson Mandela.

“Mandela es solo un nombre”, se mofa Thabo Mogogosi, desempleado, que espera al borde de la carretera para un trabajo informal a pocas cuadras de la antigua casa del primer presidente negro del país en Soweto.

Violencia. Joven corre al incendiar auto de informante de la policía en 1985.

“No me estoy beneficiando en nada de su lucha por la libertad”, indica el joven que se las arregla con pequeños trabajos ocasionales.

Hace unos días, el presidente Cyril Ramaphosa esbozó una serie de planes para abordar el desempleo entre los jóvenes, incluido el apoyo para encontrar empleo y capacitación, mientras recordaba el levantamiento estudiantil de Soweto de 1976.

Estos vieron a miles de estudiantes negros marchar para protestar contra una orden del gobierno de que las escuelas solo podían enseñar en afrikáans, el idioma de la élite blanca gobernante.

Varios de ellos murieron o resultaron heridos, lo que ocasionó una revuelta que culminaría con el fin del odiado apartheid.

Pero Muzi Khoza, líder del ala juvenil del partido izquierdista y radical Economic Freedom Fighters (EFF), no está convencido de los resultados de las masivas protestas.

Para “los jóvenes no hay absolutamente nada que celebrar porque necesitamos ganarnos la vida con nuestro propio esfuerzo, no hay trabajo en Sudáfrica”, revela el joven de 26 años.

Desigualdades

Uno de los líderes supervivientes de la revuelta de la escuela secundaria de Soweto de 1976, Seth Mazibuko, de 64 años, asegura que “la lucha no ha terminado”.

“Hay personas que todavía están en la pobreza y ven a los políticos engordar cada vez más mientras ellos siguen adelgazando”, sentencia.

Las tensiones sociales, impulsadas por las desigualdades, ponen a prueba a la nación arcoíris con la que soñaba Mandela. La cuestión de la propiedad de la tierra, por ejemplo, irrita tanto a la mayoría negra como a la minoría blanca.

Sudáfrica registra también una fuerte criminalidad. En el 2019, más de 20,000 personas fueron asesinadas, 57 por día.

Apartheid. Extremistas blancos sudafricanos reivindican el pasado.

Contrariamente a una opinión bastante extendida, la tasa de homicidios por 100,000 habitantes ha caído desde el apartheid. En 1994, el país, al borde de la guerra civil, registraba 74 homicidios diarios.

En los “townships”, la población, todavía privada de electricidad, de agua o de una vivienda decente, ya no esconde su frustración.

“La vida era mejor antes [durante el apartheid] porque los blancos se ocupaban de nosotros”, resumió una pastora negra de un barrio pobre de la ciudad de Coligny (norte), Bella Lemotlo.

“Desde que los negros estamos en el poder, lloramos. Nos mentimos diciendo que vivimos en libertad. Esto no es libertad...”. (Agencias/AFP)

LATITUD 12


Editor
Fabián Vallas Trujillo

Internacionalista

fvallas@editoraperu.com.pe


La violencia estructural

A inicios de la década de 1980, el concepto de violencia estructural experimentó un debate académico sobre si puede compararse la violencia como producto de la interacción de los seres humanos con las injustas estructuras sociales que alude el término.

El concepto proviene de un artículo de Johan Galtung, ‘Violencia, paz e investigaciones para la paz’, y define que dicho tipo de violencia ocurre cuando “los seres humanos son influenciados de manera que sus relaciones sociales y mentales reales se encuentran debajo de sus realizaciones potenciales. Así la violencia es definida como la causa de la diferencia entre el potencial y lo real”.

El ejemplo actual sudafricano nos grafica muy bien cómo es insuficiente el fin de la violencia manifiesta durante el período del apartheid para traer una verdadera paz basada en el desarrollo de las potencialidades de los individuos. Ya no hay una violencia física y manifiesta en las relaciones personales, pero sí una psicológica y latente, condensados en la injusta estructura social, los prejuicios y una cultura de discriminación que continúa dominando al país africano.

Debemos tener presente que Nelson Mandela no solo luchó por el fin de la violencia del régimen blanco, sino también por el fin de la violencia estructural.