• MIÉRCOLES 4
  • de marzo de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

El futuro de las universidades

En el ámbito de los estudios, estos cambian muy lentamente e incluso son desfasados en muchos casos.

Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Este modelo tiene en la práctica profundas deficiencias, incluso estructurales, que no son resueltas en el momento requerido. Ello se debe a diversos factores que pasan desde su distribución de poder hasta el largo tiempo de enseñanza y la lentitud para incorporar nuevas competencias para promover a las personas adecuadamente en sus espacios profesionales. Además de una fuerte intervención del ente regulador de tal magnitud que los bordes de su intento de ordenamiento pueden ser contraproducentes. Pero el principal problema pasa por la organización universitaria misma.

El gobierno universitario en el Perú está hecho para tener la menor movilidad posible. Para ello, se ha diseñado un sistema que premia la antigüedad antes que el mérito académico o de otras atribuciones claves para la gestión. Es decir, en las universidades públicas y las asociativas solo pueden acceder a cargos quienes sean los más antiguos y han alcanzado ciertas condiciones justamente legitimadas por esas largas estancias. A la par de alianzas políticas sumamente enredadas y que originan compromisos a cumplir. Esos intereses no necesariamente están alineados al bien común. Asunto paradójico en un modelo organizativo que requiere evolucionar a una gobernanza más ágil y menos burocrática. Asimismo, hay una confusión de base conceptual. Ven –los interesados en los altos cargos– un premio natural por su larga estancia, incluso, con derecho moral a ocupar esos sillones. Y con ello, por la propia reglamentación, impiden que los jóvenes más capacitados puedan disputarles las posiciones.

En el ámbito de los estudios, estos cambian muy lentamente e incluso son desfasados en muchos casos. Es decir, forman estudiantes con modelos arcaicos, desactualizados y desconectados con las necesidades sociales y los circuitos productivos. Hay excepciones, indudablemente. También, sumemos los cinco años a más que se debe permanecer para que tengan cuando menos el bachiller y no hay argumentos científicos que sostengan las diferencias imprescindibles con otras propuestas de estudios en menos tiempo.

De ese modo, la institución universitaria se ha vuelto pesada, sin velocidad, irreflexiva, con una maquinaria administrativa que no automatiza los procesos docentes y con un sistema de organización que normaliza la gerontocracia y la inercia. Sin adaptarse, simplemente desaparecerá.

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