Opinión
Periodista
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Si bien la información estadística corresponde a data oficial del período 2015-2019, también incluye constataciones factuales y previsiones para los siguientes años, con base en la situación generada por la pandemia del covid-19. Esta ha generado nuevos escenarios y dinámicas para la comercialización y distribución de estupefacientes que benefician a sus promotores.
El escenario es sombrío: tras replegarse por la incertidumbre generada por la pandemia, el narcotráfico encontró nuevas y más eficaces vías para desarrollar su tóxico negocio. Los envíos aumentaron, hay más uso de naves aéreas privadas con ese fin y las ventas se finiquitan con mecanismos virtuales cuya detección demanda mayor esfuerzo de las autoridades.
La UNODC estima que las ventas de sustancias ilícitas hechas por vía virtual representan alrededor de 315 millones de dólares anuales. Ese volumen se condice con la cuadruplicación de los montos obtenidos por los traficantes entre el 2011 y 2020. La proyección del organismo internacional traza un mercado global en el que el acceso a todo tipo de droga podría estar a solo un clic de distancia, por utilizar un término vinculado con las redes sociales e informáticas. Esa febril actividad de los traficantes, añadida al deterioro ocasionado por la pandemia a la economía de países y personas, producirá un coctel amargo: el informe hace vislumbrar una expansión del mercado de la cocaína en Europa y también un incremento del consumo en países considerados en vías de desarrollo, como el Perú.
El incremento de la pobreza en zonas rurales registrado a raíz de la situación generada por el covid-19 tiende a hacer más vulnerables a los agricultores ante las presiones y ofrecimientos de los mercaderes de drogas. En los ámbitos urbanos, el deterioro de la economía y el consiguiente incremento del desempleo pueden jugar un papel similar con el aumento de la microcomercialización de sustancias ilícitas y del consumo de estas. Las carencias en la atención de la salud mental incidirían en esto último. Todo ello, junto con el aumento exponencial de la población mundial, conduce a la UNODC a calcular que para el 2030 el número de consumidores de drogas habrá aumentado en 11%
Los elementos estadísticos y los análisis están sobre la mesa. Su naturaleza no lleva a diagnósticos esperanzadores. ¿Qué hacer al respecto? Responder esa pregunta merecería de por sí un artículo entero.
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