Opinión
Doctor en Física, investigador del Instituto Peruano de Energía Nuclear
En medio de ese jolgorio, en los tiempos de pandemia e incertidumbre que atravesamos es oportuno aproximarse al lado “crítico”, en esa dirección planteamos dos grupos de preguntas: 1) ¿qué significa patria para uno, para nuestra familia, para nuestro trabajo, para nuestra especialidad?, ¿queremos su bienestar?, ¿cómo ese bienestar se relaciona con el mío? y ¿cuál es mi aporte a ese bienestar? Para responder a este primer grupo de preguntas, reconozcamos que durante estos días de fiesta nuestra costumbre de festejos, desfiles y mensajes suelen relacionarse con el pasado, con los héroes, con la independencia e ineludiblemente con la coyuntura. Esto es bueno para recordar la historia; sin embargo, refleja nuestra generalizada visión retrospectiva. Por ello, no solemos tener claridad de qué esperamos para la patria en los siguientes 5, 10 o 15 años. Un ejemplo es que no tuvimos claro desde hace 10 o 5 años cuáles eran los principales retos para este bicentenario (2021). Puede que haya habido discusiones en grupos cerrados; sin embargo, el pueblo no conoce ni siente que se haya compartido algún documento (ni siquiera el conocido Acuerdo Nacional), y esto se explica porque en nuestro país ni en los ciudadanos está instalada la visión prospectiva: no forma parte de nuestros hábitos, creencia y cultura. Así, continuará ocurriendo que no sepamos cuáles serían los retos para el 2025 o 2030 o 2050. Frente a esta realidad, y considerando que se trata del futuro de nuestra patria, que la constituimos todos los que la habitamos, incluido las instituciones, tenemos el deber de mirar futuro y construirlo (visión prospectiva).
Lo anterior nos conduce al siguiente grupo de preguntas: 2) ¿cómo construimos futuro?, ¿cómo los hacemos desde nuestra familia, trabajo, empresa o sociedad?, ¿hay métodos o instrumentos validados? Para responder a este grupo, en primer lugar debemos reconocer que estamos observando que el mundo está cambiando de manera muy rápida, producto principalmente de la emergencia de nuevas tecnologías, que han provocado lo que hoy llamamos la cuarta revolución industrial, identificada por la insurgencia cada vez mayor de la inteligencia artificial, el poder de la informática para tratar ingentes cantidades de datos (bigdata), manejo genético, edición genética, modificación genética, nuevos materiales, internet de las cosas, impresión 3D, o transporte autónomo. Es el resultado de la convergencia de tres impulsores principales (física: átomo, digital: bit, biología: célula). Ellos van (ya están) a provocar un impacto positivo y/o negativo en la sociedad, empleo, salud, seguridad, gobernanza, movilidad de las personas; inmersos en el peligro del calentamiento global. Situación que exige que cada ciudadano incorpore en su cotidiano la cultura de la sostenibilidad porque solo con la tierra provisora la especie humana podrá sobrevivir y aprovechar todos los beneficios tecnológicos. En segundo lugar, tenemos que reconocer que los conductores políticos, responsables de organismos nacionales, gerentes, directores, jefes, no sienten la cultura de la anticipación. En ellos, su característica típica es que si les va bien, continúan con lo mismo, pero si les va mal, reaccionan, pero no pueden ver más allá de sus manos, y como toda reacción inmediata no conduce a nada bueno, entonces fracasan. Para evitar esto requerimos mirar futuro, evaluar un escenario posible hacia donde llegar. Gerard Berger decía: “Si tienes un vehículo que va muy rápido, entonces las luces delanteras deberían alumbrar lo más lejos posible”; Séneca afirmaba: “No hay viento favorable sin dirección”, que es similar a considerar que una acción a corto plazo solo tiene sentido y significancia en el contexto de un plan a largo plazo. Por ello deberíamos burilar en nuestra mente el mensaje de Michel Godet: el futuro es la razón del presente.
En la práctica se requiere, primero, establecer escenarios del futuro, por ejemplo, al 2030 o 2035, pero de manera cuantitativa, para que se pueda medir; luego, establecer la manera de llegar a ese escenario, convertirla en acción estratégica, definir las trayectorias (visión estratégica); y finalmente apropiarnos como colectivo, esto es que llegue a todos los ciudadanos (movilización). Sin embargo, considerando que el futuro es incierto y que estamos frente a cambios muy rápidos, requerimos usar instrumentos validados. En la literatura se usan dos aproximaciones, la anglosajona foresight (previsión) (Ortega F., Prospectiva Empresarial, 2014), y la francesa prospective (prospectiva) (Godet M., Creating Futures, 2001). El Perú dispone de una norma técnica sobre prospectiva (Previsión tecnológica, Inacal, NTP 732.005).
Finalmente, si la anticipación es una demanda urgente en los tiempos de cambios, debería practicarse desde el hogar, pero de manera especial por los que dirigen las organizaciones, instituciones y el país porque están presente los cambios tecnológicos y, por otro lado, sentimos la inercia de las estructuras y nuestro comportamiento, ambos exigen sembrar semillas de cambio hoy para cosecharlas mañana.
El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.