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  • de marzo de 2026

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Chile construye su futuro

Después de 41 años buscan reemplazar la actual Carta Magna para sentar las bases de un país "más real".

El académico chileno reflexiona acerca del fin del período de la alternancia en el poder entre la coalición del Partido Socialista y la Democracia Cristiana con los grupos de derecha, mientras que el cambio generacional propicia una nueva Constitución Política.

Paritaria y con 17 representantes de pueblos originarios, también con profesionales predominantemente abogados y profesores, entre un ama de casa, científicos, escritores y periodistas. Los 155 miembros de la Convención Constituyente que redactarán una nueva Constitución son el claro reflejo de “un Chile más real”.

La expresión de ese Chile “más real”, como se dice con frecuencia en la segregada sociedad de este país, obedece a que históricamente el poder político y económico se ha reservado a una élite, con apellidos que se repiten en cargos públicos y también directorios de grandes empresas de todo tipo.

“Es un grupo que ha ido a los mismos colegios, van a las mismas tres universidades y han vivido la mayoría en Santiago, en los barrios más acomodados”, explicó Marcela Ríos, representante asistente del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo en Chile, sobre las marcadas brechas sociales de Chile.Reivindicación

Con el sueño de constituir un Estado Plurinacional y reivindicar los derechos de los pueblos originarios, la académica mapuche Elisa Loncón hizo historia al convertirse en la presidenta de la Convención Constitucional.

“Este es un sueño de nuestros antepasados y este sueño se hace realidad; es posible hermanos y hermanas, compañeros y compañeras, refundar este Chile, establecer una relación entre el pueblo mapuche, las naciones originarias y todas las naciones que conforman este país”, señaló Loncón.

Hija de una ama de casa que le gustaba la poesía y de un mueblista que aprendió a leer en forma autodidacta a los 17 años, esta doctora en Lingüística ocupa uno de los 17 escaños reservados para los pueblos originarios en esta Convención de 155 miembros que además incluye paridad de género.

De esta manera, Chile se suma a los países que en los últimas décadas han cambiado su Carta Magna para modernizar las estructuras políticas de sus respectivos países.

Colombia

Si en algo coinciden todos los expertos es que Colombia es el principal modelo en el que se fijará Chile, pues la Constitución promulgada en 1991 por el expresidente liberal César Gaviria cambió drásticamente al país –sumergido entonces en una brutal violencia– y logró unir a las fuerzas políticas.

“El contexto colombiano fue ligeramente distinto, si bien en Chile teníamos un estallido no había ese nivel de violencia, pero hay similitudes en términos de integración de pueblos originarios y en la forma en que fueron electos los representantes”, señaló Mario Herrera, académico de la Universidad de Talca, Chile.

Colombia pasó de una Carta Magna de corte conservador, que había sido promulgada en 1886, a una de talante liberal que tiene como centro los derechos sociales y la inclusión de minorías como los indígenas y los afrocolombianos, así como el reconocimiento de que “la mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades”.

También favoreció la separación de poderes, impulsó la democracia por medio de mecanismos como la consulta popular y terminó con el bipartidismo y la alternancia de poder entre los dos partidos tradicionales (Liberal y Conservador).

Bolivia

Con más del 40% de su población de origen indígena, Bolivia es el gran ejemplo regional en la plurinacionalidad, un tema que Chile tiene pendiente: ninguna de las tres Constituciones que ha tenido reconoce la existencia de pueblos originarios.

“Cada día queda más claro que Chile se va a definir como un Estado plurinacional, como en su momento lo hizo Bolivia”, afirmó Javier Couso, académico en la Universidad Diego Portales (Chile).

La elaboración de la Carta Magna boliviana entre el 2006 y el 2009 –durante el primer gobierno de Evo Morales– pasó por momentos de tensión social y la asamblea constituyente tuvo que moverse de Sucre a Oruro.

Bolivia reconoció a sus 36 pueblos indígenas y el catolicismo dejó de ser, además, la religión oficial para dar paso a un Estado laico.

Ecuador

En el 2008, durante el primer mandato de Rafael Correa, Ecuador se convirtió en el primer país del mundo en consagrar los derechos de la naturaleza en su Constitución.

“La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos”, reza el artículo 71.

Para César Ulloa, académico de la Universidad de las Américas (Ecuador), la Carta Marga del 2008 supuso un cambio “radical” no solo en términos de medio ambiente, sino también en derechos civiles, políticos, sociales y económicos, reforzando el papel del Estado.

Venezuela

Durante la campaña electoral de 1998, el entonces aspirante a la presidencia de Venezuela Hugo Chávez se aupó al desencanto social con la promesa de renovar la Constitución.

Empujado por su éxito electoral, el naciente chavismo obtuvo el 95% de los asientos de la asamblea constituyente, lo que permitió a Chávez que la nueva Carta Magna quedara a imagen de sus deseos. Cambió incluso el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela.

El sistema bicameral fue sustituido por otro con apenas una corte (Asamblea Nacional), se hizo un reconocimiento de los derechos y lenguas indígenas, así como de los ambientales, y se ampliaron los períodos presidenciales de 5 a 6 años, uno de los temas más polémicos. (Efe/AFP)

Entrevista a Joaquín Fermandois, historiador

“Jóvenes apuestan por una contracultura”

El académico chileno reflexiona acerca del fin del período de la alternancia en el poder entre la coalición del Partido Socialista y la Democracia Cristiana con los grupos de derecha, mientras que el cambio generacional propicia una nueva Constitución Política. 


Editor
Fabián Vallas Trujillo

Internacionalista

fvallas@editoraperu.com.pe


¿Por qué colapsó el sistema de partidos políticos en Chile que fue ejemplo de alternancia del poder desde el fin del régimen de Augusto Pinochet?

–El sistema de partidos funcionó para Chile durante un período de treinta años, aunque se debe precisar que tuvo un buen desempeño solo entre 1990 y el 2010. Después comenzaron a aparecer signos de crisis. Había una alternancia de una coalición de centroizquierda a una de centroderecha. Incluso la derecha ayudó a gobernar a la centroizquierda, pero después apareció un estrés en el sistema político porque la centroizquierda no ayudó de la misma manera a la derecha.

Al mismo tiempo se va desarrollando un sentimiento antisistema fuerte relacionado con un cambio cultural de los estudiantes de la universidad y de educación media. La violencia de las calles creó el ambiente para la aparición del debate para una nueva Constitución Política hasta que en octubre del 2019 se convirtió en grito de batalla.

–¿Son los jóvenes chilenos más apolíticos?

–Se apartaron de los políticos tradicionales que se movilizaron por el fin del régimen militar y adoptaron una contracultura. Mi hipótesis es que la contracultura es en el fondo una voluntad política, pero ciega y dispersa, sin un programa concreto y con ideas sobre el humanismo y el cuidado del planeta.

–¿Por qué los partidos no atrajeron a los jóvenes?

–Los jóvenes se apartaron de la política práctica. Los partidos de centro-izquierda que participaron en la transición al gobierno democrático se quedaron congelados, aunque la derecha realizó cierta renovación. Además, la participación en elecciones pasó de ser obligatorio a libre.

–¿En qué creen los jóvenes chilenos?

–Es difícil de generalizar, pero yo diría que han formado una contracultura que se basa en la ruptura radical de una forma de una vida próspera, que asume las “causas blandas” posmodernas. Estos son los casos de lucha por cuidar el medioambiente, y por un país más igualitario, ya que lo consideran como uno de los más desiguales del planeta.

– ¿Cuál es el país que inspira a los comunistas hoy?

–Hay un grupo que se inspira en Venezuela y Cuba hoy, y los gobiernos totalitarios del siglo XX. Se excusan diciendo que Nicolás Maduro enfrenta una guerra y las autoridades de La Habana tienen un país bloqueado.

Otros jóvenes miran a Nueva Zelanda, Australia, Finlandia, los países nórdicos, y la idea que caló es que estos países son así porque tienen buenas constituciones que crean un gran aparato social; esta es la nueva utopía latinoamericana. Según mi contabilidad, esta será la constitución número 253 de la historia latinoamericana desde 1810. Creen que las leyes hacen buenos a los hombres.