Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Puña amanece envuelta en un tul de neblina que se disipará mientras avanza la mañana y los vecinos se ocupan de las faenas agrícolas en los verdes cerros circundantes. En este centro poblado cajamarquino no hay hoteles ni restaurantes. Y es difícil captar la señal del celular.
Se necesita tomar un vuelo de Lima-Cajamarca. De la capital cajamarquina a la provincia de Chota son más de cuatro horas en combi. En Chota, una segunda combi nos llevará por una sufrida ruta hasta el distrito de Tacabamba en 90 minutos. De Tacabamba serán otros 45 minutos hasta Puña, por una vía aún más complicada, llena de curvas y de bolsones de barro cuando caen los chubascos.
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Hombre de campo. Don Ireño Castillo, padre del presidente electo, en sus labores cotidianas en Puña.
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El centro educativo de primaria 10465 es un bloque de dos pisos, techo a dos aguas y frontis amarillo. Ahí dictaba clases el presidente electo Pedro Castillo cuando era maestro de escuela. Ahora sus aulas tienen candado por la pandemia del covid-19.
El profesor Jesús Silva Ruiz está a cargo de la dirección de la institución educativa secundaria “Liser Vásquez Cabrera” y ha compartido jornadas con el profesor Castillo durante seis años. Viene mensualmente para entrevistarse con padres de familia y autoridades, y conocer del desempeño y problemas de sus 64 estudiantes.
La UGEL de Chota ya les avisó que pronto se iniciará la inmunización de los profesores de todo el distrito de Tacabamba. Les da fe porque durante la “segunda ola”, Chota fue de las zonas más golpeadas en todo Cajamarca.
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Hogar cristiano. La esposa y los tres hijos del mandatario electo en el patio de su casa en Chugur.
“Nuestro local es bonito pero es solo cascarón. No tenemos equipamiento ni biblioteca; no hay personal de limpieza y solo una vez por semana llega el agua. Creemos que cuando el profesor Pedro asuma como presidente cambiarán las cosas, porque acá ha trabajado en organización, en equipo, y lo mismo hará cuando ocupe el cargo máximo a escala nacional”, dice.
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“¡A correr muchachos, nuestro Puña tiene que ser bien representado!”, les inculcaba Pedro Castillo, entonces entrenador del Defensor Puña, el club que llegó a jugar en la liga distrital de Anguía y en Chota, por la persistencia de su estricto DT.
“Seremos campesinos la familia Castillo, pobres, pero nunca involucrados en ningún tema de corrupción y siempre hablando la verdad”, subraya Carloman Banda Castillo, primo hermano del político y uno de los futbolistas convocados. Recuerda también jornadas junto con su tío Ireño Castillo y el futuro presidente caminando en varias ocasiones hasta Tacabamba para buscar al alcalde y pedirle mejoras para el colegio 10465. A su primo siempre le indignaba la burocracia y que no se diera respuestas a los campesinos.
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En Puña viven los padres del mandatario elegido y aquí trabajó como docente. Pero su hogar queda en el centro poblado de Chugur, a 45 minutos. Un dirigente de los ronderos lo recuerda participando en las reuniones y apoyando las funciones de las rondas.
Uno como nosotros
“Es una persona tan igual que nosotros, agricultor, campesino, rondero. Lo conocemos desde la cuna y como centro poblado le hemos dado el respaldo total”, dice.
Martín Medina Cabrera, otro rondero de Chugur, cursó la primaria con Pedro Castillo. Lo recuerda caminando con sus yanquis por dos horas para ir a estudiar la primaria. Era un niño, un jovencito comprometido, siempre responsable y humilde, señala. “Es una persona que conoce la realidad de la agricultura, de la educación, las vías carrozables, lo abandonados que vivimos nosotros por acá. Él está comprometido como docente, agricultor, agarrando la yunta. La gente lo valora porque es una persona humilde. Hasta la última hora ha estado con nosotros”.
Hogar en Chugur
Lilia Paredes Navarro conoció a su futuro esposo, José Pedro Castillo, cuando estudiaban la primaria. Luego, coincidieron en el instituto pedagógico, donde ambos abrazaron la carrera magisterial.
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La docencia, resume, “es algo hermoso y maravilloso”. En su casa de Chugur termina de preparar sus clases y hace una pausa en las labores domésticas. En la chacra familiar han sembrado maíz y están secando la chochoca para guardarla y que no se malogre, explica.
Cuando está en casa, su esposo –a quien llama por su primer nombre, José– también se involucra en las tareas domésticas: Pedro Castillo sabe cocinar y se reparten ambos las tareas frente al fogón; ella lava y el enjuaga los enseres. Los cuyes con papa y los buñuelos en miel de caña de azúcar son los favoritos del próximo presidente del Perú.
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Por muchos años solo había dos opciones para los jóvenes que egresaban del colegio en la provincia de Chota y querían seguir estudios superiores: o estudiaban en el instituto pedagógico o en el técnico. “Pensar en viajar a estudiar en universidades de Cajamarca o Chiclayo era alejado de la realidad”, recuerda.
Ahora, ha mejorado la oferta educativa chotana. Desde el 2010, cuentan con la Universidad Nacional Autónoma de Chota (UNACH) que está licenciada, gracias al esfuerzo de la comunidad y las autoridades, y eso les llena de orgullo.
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En su vivienda de Chugur, la futura primera dama ahora está junto con sus tres hijos. Jennifer, su hermana menor, a quien ha criado con como una hija, además de Arnold y Alondra. Él se prepara para postular a la universidad y la última, de 9 años, lleva las clases de manera remota.
Aquí no hay acceso a internet. Y pagar un servicio mensual de estos, o agua potable o electricidad, es muy caro para sus habitantes, que son campesinos y ganan poco. Recalca la señora Paredes que “José es un hombre de campo y sabe de las necesidades de las personas”. Es una persona humilde, dice, que comparte por igual con católicos que con otras religiones. “Como mi esposo ha sufrido los caminos de todo el país, se dará cuenta que hay muchísimo por hacer”. (Fotos y entrevistas: Andrés Valle)