Editorial
El movimiento telúrico ha ocasionado, hasta el momento, 26 personas heridas, 1,573 afectados, 41 viviendas inhabitables y daños en 395. Afortunadamente, pese a la magnitud del fenómeno natural, no se han registrado víctimas mortales.
El territorio peruano se encuentra en una zona constantemente afectada por sismos. El choque continuo de la placa tectónica de Nasca con la placa Sudamericana libera energía que llega en forma de ondas a la tierra, lo que causa temblores y terremotos de diversa magnitud.
A lo largo de los siglos, nuestro país ha sido seriamente castigado por estos fenómenos. Los más devastadores ocurrieron en 1746 y 1868, con magnitudes de casi 9 grados, así como en 1970, el cual produjo más de 100,000 víctimas fatales y desapareció del mapa a la ciudad de Yungay. En el pasado reciente, el terremoto de Pisco del 2007, de magnitud 8, se llevó la vida de más de 595 personas.
Si bien la ciencia ha conseguido notables avances en los últimos años en el estudio de estos eventos, lastimosamente aún no es posible anticipar dónde y cuándo se presentarán.
Pero sí tenemos la certeza de que un terremoto de gran magnitud ocurrirá en el Perú en cualquier momento debido a la energía acumulada en todo el tiempo que ha transcurrido desde el último evento.
Por consiguiente, los peruanos no tenemos más alternativa que mantenernos preparados para afrontar esa amenaza y es preciso que todas las medidas posibles de prevención ocupen un lugar estelar en la agenda de prioridades del nuevo gobierno, a fin de desplegar las acciones preventivas que sean necesarias.
Este esfuerzo debe ser transversal en el Estado, puesto que las entidades y sectores públicos y privados tienen que participar en la puesta en marcha de una estrategia integral que contribuya a mejorar nuestra preparación y salvar vidas. Parte de esa estrategia consiste en el desarrollo de simulacros y ejercicios de prevención, porque permiten anticipar labores claves como la evacuación durante el evento y el despliegue de los servicios de emergencia para atender las contingencias que se presenten luego. Se requiere además identificar con prioridad las zonas más vulnerables y de mayor riesgo frente a un sismo, con la finalidad de declararlas no aptas para la construcción de viviendas, y agilizar los procedimientos de asistencia a los afectados una vez producido el suceso.
Sería conveniente, igualmente, que prestemos atención y aprendamos de la experiencia de los países ubicados en zonas del planeta con intensa actividad sísmica y que han tenido éxito en el esfuerzo por gestionar estas amenazas y responder ante ellas.
La responsabilidad es también de las familias peruanas cuyos miembros deben ser los primeros en tomar conciencia sobre el riesgo que afrontamos a fin de mantener activa la preparación.
Autoridades y población deben unirse en este tema vital para todos.