El documento, asimismo, indica que la oficialización se debe por ser de las agrupaciones portadores y ejecutantes de la danza, siendo un espacio de fortalecimiento de la identidad regional y de afirmación intergeneracional de los vínculos familiares y barriales.
Además, de ser un espacio de convivencia e intercambio cultural que expresa, a través de su estética y ritualidad, diversas herencias indígena, ibérica y africana que conviven y dan sentido a la realidad multicultural, mestiza y globalizada del Perú contemporáneo.
La normativa dispone la publicación de la presente resolución viceministerial en el Diario Oficial El Peruano, así como su difusión en el Portal Institucional del Ministerio de Cultura "gob.pe/cultura" conjuntamente con el Informe Nº 000356-2021-DPI/MC.
También encarga a la Dirección de Patrimonio Inmaterial, en coordinación con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Puno y la comunidad de portadores, la elaboración cada cinco (5) años de un informe detallado sobre el estado de la expresión declarada.
Sobre la Danza
La danza Diablada Puneña es una de las expresiones artísticas que, con mayor claridad, expresa el esplendor, derroche y exuberancia del universo festivo de la urbe puneña.
"Al mismo tiempo, ocupa un lugar protagónico dentro de los discursos identitarios que se reproducen en relación a la riqueza cultural altiplánica", sostiene la normativa.
En la actualidad, esta danza está asociada a una serie de festividades religiosas y certámenes folklóricos que recorren diversas regiones del país, en especial durante la celebración de la Festividad de la Virgen de la Candelaria, patrona de la Ciudad del Lago (Puno).
La normativa señala que se denomina Diablada Puneña a una expresión coreográfica mestiza, vinculada al mundo festivo y celebratorio del altiplano peruano. "Corresponde a un tipo de danza conocido en el altiplano como Danza en traje de luces", sostiene.
"Se trata de una composición colectiva ejecutada por comparsas de diablos que, formando filas y dirigidos por un ángel o arcángel, realizan diversos movimientos al compás de marchas y huaynos interpretados por bandas musicales", añade el documento.
La danza recibe este nombre por la caracterización de los bailarines -a través de sus máscaras e indumentaria- en una alegoría al diablo o demonio, personaje arquetípico del imaginario religioso católico introducido al Nuevo Mundo con la evangelización, posteriormente reinterpretado a partir de los patrones culturales indígenas.