Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
El repertorio de Yuyachkani (“Estoy recordando”, en quechua), aquella construcción escénica que se inició en 1971, es un teatro con vertientes interesantes: hecho desde la periferia, que mira al “interior” del país, desde la memoria, una relectura al teatro político de Bertolt Brecht, una mirada nada condescendiente con el público, al contrario, un reto y un conjunto de preguntas con las cuales el espectador deja la sala. Un teatro que, a la vez, es también arguediano: rescata las tradiciones culturales peruanas, las máscaras, los bailes, los mitos, la música popular, los ritos, las creencias, el país de todas las sangres en eterna construcción.
El Chusco (perro), el burro andino, la gallina afroperuana y la gata amazónica dan la bienvenida a Yuyachkani 50 años. Los Yuyas y el teatro peruano (1971-2021), en la sala Luis Miró Quesada Garland. Recuerdan que aquí se ríe, pero, sobre todo, se reflexiona.
![]()
Ciclos
Los primeros Yuyas, de 1971 a 1980, quisieron contar el Perú que les tocó vivir: uno donde la esteras tomaban los cerros de la periferia urbana de Lima; un teatro, como dicen, que no se interesaba por los cuentos de hadas, sino en buscar “mejores condiciones de vida y trabajo, y también [que] defendiera la pluralidad de culturas y memorias de un país”. ¿Se podía hacer eso desde las tablas de un teatro?
Parecía un trabajo intenso, y solo la mirada al largo plazo les daría la razón. Hubo mucho trabajo de campo y diálogo con actores sociales de esos años para poder darle personalidad a los personajes de sus primeras obras, Puño de cobre (1972), La madre (1974) y Alpa Rayku (1978). Los Yuyachkani no eran pasivos, salieron a buscar su público fuera de los escenarios convencionales: patios de colegios, aulas de universidades, terraplenes de AA. HH., plazas públicas de pueblos mineros, todos eran escenarios perfectos. A la vez, se iniciaba su presencia en los festivales internacionales.
![]()
Del quinquenio siguiente (1980-1985), el trabajo que sigue vigente como un clásico es Los músicos ambulantes (1982), adaptación peruana de Los músicos de Brehmen, por el que el elenco ha recibido las mejores críticas internacionales. Se basan de ese cuento universal para hablar de las taras de la sociedad, de la realidad de los migrantes, de las diversas cosmovisiones.
Los Yuyas no fueron ajenos a los años del conflicto armado interno o guerra contra la subversión. En 1989 estrenaron Contraelviento, la primera puesta en escena que marcó su trabajo futuro: la ficción sirve para hablar de la violencia y la tensión política que se vive en el país, de los desplazados.
![]()
Se nutren de la narrativa que salía a luz por esos años. Uno de esos grandes trabajos es Adiós, Ayacucho, de Julio Ortega; otro es Rosa Cuchillo, de Óscar Colchado; o sus colaboraciones con Peter Elmore en Santiago y El último ensayo, y la versión de Antígona, con textos de José Watanabe.
Pero el compromiso de los Yuyas va más allá. Y se preocuparon por llevar talleres de autoestima a las mujeres de los comedores populares, de los Vasos de Leche, de los desaparecidos. Les dan “una herramienta de afecto para mirarse, cuidarse y aceptarse”.
Máscaras y vigencia
Un espacio importante en la muestra y en la casa de Yuyachkani (ese epicentro del teatro peruano en Magdalena), la ocupan las máscaras. Vitales para su teatralidad, una posibilidad. No se podría entender sin ellas parte importante de su trabajo en obras y performances. “La máscara es un objeto con un solo gesto que me exige entrenar cuerpo y voz”, dice Débora Correa. Y la máscara es también “la posibilidad de activar el sentido del pukllay [jugar]”, agrega Augusto Casafranca.
![]()
El elenco roble de los Yuyas, Rebeca Ralli, Teresa Ralli, Ana Correa, Débora Correa, Julián Vargas y Augusto Casafranca, dirigidos siempre por Miguel Rubio, han crecido en el tiempo. Están preocupados en la práctica pedagógica, “no jerárquica, que reúna generaciones diversas, como nos enseñan las culturas originarias”, ha escrito Rubio oteando el futuro. Los Yuyas continuarán atentos a nuestro devenir histórico. Continuarán sorprendiéndonos. Aplausos.
Cifra
32 obras integran el repertorio de Yuyachkani.