• DOMINGO 3
  • de mayo de 2026

Opinión

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reflexiones

La boca del lobo


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


Como se ha señalado en diversas tribunas a propósito de la muerte del cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, es muy importante para el Perú estudiar el fenómeno de la violencia terrorista con el propósito noble de comprender los errores cometidos y buscar la forma de superarlos para así eliminar cualquier posibilidad de que un periodo tan nefasto y sangriento de nuestra historia pueda repetirse en el futuro.

Y una forma de reflexionar puede ser, como es obvio, remitirnos a la academia, donde hay numerosos estudios multidisciplinarios que han intentado desentrañar por qué ocurrió lo que ocurrió en nuestra patria.

Pero también podemos recurrir a las artes. La boca del lobo (Francisco Lombardi, 1988) es un clásico del cine peruano sobre el conflicto armado interno y una de las primeras películas que giró en torno a la guerra contra la subversión y las consecuencias de la violencia. Su visión puede ayudarnos a ese propósito.

La película está basada en la matanza de Socos, perpetrada el 13 de noviembre de 1983, por un grupo de policías que asesinaron a más de 30 personas en el pueblo del mismo nombre, provincia de Huamanga, región Ayacucho. Los autores de la masacre arguyeron como justificación haber escuchado arengas senderistas en una fiesta.

Estrenada durante la época más cruenta de la guerra, la película ayuda a notar el desconocimiento que imperaba en la mayoría de sectores del país sobre la naturaleza del fenómeno terrorista. Los senderistas no aparecen durante todo el metraje, pero su presencia es ubicua, está siempre latente a lo largo de los acontecimientos como una amenaza invisible, agazapada y lista para dar el zarpazo mortal. La fuerza del orden no sabe cómo enfrentar al enemigo. La población civil está entre los fuegos de ambos contendores y la tensión desemboca en una tragedia que nos interpela sobre las causas y las consecuencias de la violencia en los individuos y en la sociedad. El racismo, la discriminación, el clasismo y la indiferencia están edificados como el telón de fondo de esa violencia que debemos comprender.

La película fue criticada y soportó intentos por censurarla. Lombardi fue citado a una reunión en el Ministerio de Defensa en la que se le pidió no estrenarla porque “no era conveniente” en ese momento. Un sector de la prensa y la derecha, posteriormente, la acusó de favorecer a la subversión y de denigrar a las fuerzas del orden, un discurso que hasta hoy permanece en el imaginario de muchos. Algunas voces de la izquierda también sostuvieron que atribuía los hechos a un comportamiento aislado e irresponsable de agentes del orden y no a la política de tierra arrasada desplegada por militares durante la guerra.

La boca del lobo está vigente, aun cuando han pasado 33 años desde su estreno. El tiempo ha permitido apreciarla con menos apasionamiento, pese al tema que aborda. Es una película que debe verse y, sin duda, discutirse.