Opinión
Periodista
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El de la tecnocumbia fue, pues, un capítulo importante en la larga historia de la cumbia peruana. Su auge ayudó a masificar un estilo musical por entonces relegado a nichos y guetos. Pero ni siquiera este renacer permitió presagiar la universalización que la cumbia ganaría a partir de la siguiente década; un fenómeno que se mantiene hasta hoy y que ha generado en países del llamado Primer Mundo agrupaciones obsesionadas por emular los sonidos tropicales peruanos.
No fueron ni la tecnocumbia ni la exitosa cumbia norteña las que propiciaron este interés, sino el sonido vintage de la cumbia amazónica producida desde inicios de la década de 1970. Su uso de guitarras eléctricas y teclados, así como la asimilación de elementos del rock sicodélico y la música brasileña llamaron la atención de la intelligentsia europea y anglosajona. La aparición de The Roots of Chicha: Psychedelic Cumbias From Peru en el 2007 –antología ensamblada por el músico francés residente en Brooklyn, Olivier Conan– puso en la vitrina mundial nombres que en nuestro país se encontraban casi en el olvido.
De pronto, prestigiosas revistas especializadas en música moderna empezaban a indagar sobre Juaneco y su Combo, Los Mirlos y Los Destellos. Ese entusiasmo soslayó el detalle de que –pese a lo expresado en el título del disco mencionado–ninguno de estos grupos (y de los demás artistas incluidos en la antología) era considerado en el Perú como ‘chicha’. Esta música es una vertiente de la cumbia local gestada por los migrantes andinos residentes en ciudades de la costa. Su punto de encuentro con la cumbia vintage amazónica y limeña está en el uso de guitarras eléctricas, pero su sensibilidad y temática apuntaban hacia otros lados. Con posterioridad, el interés del público europeo fue expandiéndose también hacia esta rama, en la que destacan el recordado Chacalón y los vigentes Shapis.
A partir del 2008, poco después del redescubrimiento foráneo de estas páginas de nuestra música, grupos de rock y fusión limeños empezaron a interactuar con las viejas glorias de la cumbia peruana, y a asimilar su música en sus composiciones y discos, generándose una tendencia hasta ahora vigente. Y todo esto sin recurrir a los medios masivos que, para entonces, privilegiaban la difusión de la vertiente norteña, vía Agua Marina, Grupo 5 o Armonía 10. Mientras, el sonido vintage de los cumbieros de antaño –otrora olvidado y relegado– se convertía en patrimonio internacional de hipsters y ‘modernos’.
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