Opinión
Responsable del Repositorio Institucional de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Crear contenido mediante imágenes o videos está a la mano de cualquier persona con acceso a internet y con un mínimo de conocimiento de herramientas informáticas. Esto ofrece muchas ventajas, pero tiene como principal contraparte la difusión de información que no es real, problema cada vez más notorio si consideramos que las personas usan las redes sociales para estar informados y tomar decisiones.
Aunque estudiosos del tema aconsejan el uso del término desinformación en reemplazo de fake news, pues alegan que esta encierra una carga política para denotar el quehacer de los medios de comunicación, lo cierto es que el término se ha extendido por el mundo. Una fake news es el intento de hacer creer que algo falso es real con el fin de moldear la opinión de grupos sociales, convirtiéndose en un fenómeno de consumo de información global.
Especialistas establecen que las noticias falsas se difunden con mayor velocidad y tienen mayor alcance que las verdaderas. En este escenario han surgido como respuesta diversos portales que, por medio de una curaduría de contenido, se encargan de verificar la autenticidad de la información que se comparte en internet, muchos de ellos liderados por comunicadores.
Las redes sociales también intentan luchar contra la difusión de noticias falsas, lo que ha llevado a Facebook y Twitter, con mayor o menos acierto, a implementar filtros y sanciones. Sin duda, luchar contra las noticias falsas es importante, pero es una batalla desigual desmentir las informaciones que recorren las redes sociales. La tarea pendiente es que las y los ciudadanos sepamos discernir entre contenido real y el que pretende desinformar. Esta es una nueva oportunidad para las bibliotecas.
Las bibliotecas públicas, aunque también las del tipo académico, deben liderar programas para enseñar a la ciudadanía cómo identificar la información y las fuentes en las que pueden confiar, es decir, desempeñar un papel fundamental al proporcionar recursos de instrucción para evaluar los datos y verificar los hechos.
Acciones por llevar a cabo hay muchas, en principio es necesario concienciar sobre los efectos nocivos de la difusión de noticias falsas, generar espacios de discusión y análisis del impacto que tiene en nuestras vidas el transmitir información que no es real. Desarrollar capacitaciones, infografías, videos y otros medios comunicativos en el que los bibliotecarios compartamos lo que es el centro de nuestra formación: encontrar y evaluar información.
Las bibliotecas deben estar a la altura del momento que vivimos y demostrar que en la era de Google podemos seguir aportando a la sociedad.
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