• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

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Cambios positivos en el hogar

La buena crianza

En lo que va del 2021, se han registrado más de 38,000 denuncias por violencia contra niños y adolescentes. Con una campaña se busca erradicar el castigo físico y humillante, así como enseñar a padres y cuidadores a criar con ternura y sin violencia. Hoy es el Día Internacional para la Prevención del Abuso Sexual contra las Niñas y Niños.


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


El padre jamás le pasó un sol para la manutención. Empecé a trabajar en lo que sea. Las criaba sola. Aída tuvo un nuevo compromiso, pero también le fue mal. Nació su tercer hijo y juró no volver a tener una pareja.

Yo tenía el carácter muy impulsivo, se disculpa. Criaba a sus tres hijos con violencia. Les pegaba, les gritaba.

Nunca supo de esos datos de la American Journal of Preventive Medicine, que señala que las personas que tienen en la niñez “experiencias adversas” tendrán 12.2 veces más probabilidades de cometer intentos suicidas, 5 más de sufrir de alcoholismo, 4.6 de depresión, 3.9 de bronquitis crónica y 3 de sufrir o ejercer violencia de género.

Entonces llegó a su comunidad, en Villa El Salvador, la oenegé World Vision Perú. Capacitó a las familias en eso que parecía de otro planeta: la crianza de los hijos con ternura. Cambiar gritos por caricias.

No sabía si criar con violencia estaba bien o mal. Tampoco sabíamos escuchar. Estábamos a la defensiva. Veíamos a los vecinos como enemigos. Y yo tenía mi carácter explosivo. Ya se me ha cortado.

A Aída le dieron tips para poder cambiar su carácter y aprender a solucionar los problemas sin violencia. A la vez, las mujeres de la comunidad aprendieron herramientas para hacerle frente a la anemia. Por ese entonces, Aída volvió a tener una pareja. Comenzaría a poner en práctica lo aprendido cuando nació su cuarta hija.

Con mi hija menor, de 13, ahora lo pongo en práctica, la escucho, entiendo sus cosas. Mis tres hijos mayores siempre me recuerdan que por qué a ella no la grito.

Antes, mi vida se supeditaba a trabajar, a subir esos cerros sin escaleras y llegar y encerrarme en mi “corralito”. Ahora, ella está muy preocupada por su comunidad, donde hay muchas madres adolescentes solas. Les cuenta su testimonio y ellas se sienten en confianza. Se preocupa en repetir en ellas lo aprendido sobre la ternura, la no violencia y la alimentación rica en hierro.

Los cambios son poco a poco, dice. Primero es ganarte a la persona que sufre la violencia dentro de su hogar. No es fácil. El segundo paso es la asimilación, que viven en violencia y que necesitan ayuda. Algunos no quieren asumirlo. Con mi esposo hablamos porque en una pareja siempre tienes que ceder y saber escuchar. Y cuando hay violencia, mejor separarse. Porque un niño que crece en violencia no es feliz.

A sus 52 años, Aída es otra mujer. Estoy contenta de ser otra persona y dedicarme a mi comunidad, ver más allá de nuestra pobreza. Está contenta porque a los 40 pudo pisar la universidad para prepararse como líder comunitario. Siempre fue su sueño estudiar, pero al segundo año de secundaria la sacaron del colegio cuando sus papás se separaron.

Ha apoyado activamente con otras mujeres de su comunidad para llevar adelante acciones que se han dado en la emergencia sanitaria, como la formación de ollas comunes, u organizarse para reforzar cada tarde las clases a los niños porque donde vive las familias no tienen recursos para acceder a internet.

Qué gratificante es ver la sonrisa de los niños, ver que ellos aprenden las vocales, el abecedario, a socializarse. No tenemos dinero, pero sí una gran voluntad por ellos.

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Por las mañanas, América está incomunicada. Todos lo saben. Sus hijos utilizan su teléfono para asistir a clases remotas. Solo tiene dos horas para atender el teléfono; luego, los chicos necesitarán el aparato para hacer sus tareas.

Cuando tuvo al segundo de sus cinco hijos le enseñaron sobre la importancia de criar con ternura. Con mi hijo mayor fui muy drástica, violenta, lo castigaba. No entendía las implicancias del maltrato físico. Luego, al ir a las charlas, aprendió a ser más paciente y comprensiva. Entendí que hablando se corrige a los niños.

Con su segundo hijo empezó a poner en práctica esta nueva forma de crianza de niños, a entender a los adolescentes. En su comunidad, en Villa María del Triunfo, a sus 42 años se ha convertido en promotora. Ahora, además de dedicarse a su hogar y colaborar con la olla común que nació con la pandemia, charla con las jóvenes familias, les recuerda que pegando no solucionarán las cosas.

Tolerancia cero

Con la pandemia del covid-19, los casos de violencia contra niñas, niños y adolescentes (NNA) en el Perú han aumentado. De acuerdo con los reportes del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp), en lo que va del año se han reportado más de 38,000 casos de violencia física, psicológica y sexual contra este grupo poblacional.

La violencia, el grito, el castigo, la humillación y el abuso sexual no conocen de clases sociales. Solo que en las clases más altas casi nunca salen en la televisión. Antes, en tiempos de la presencialidad, los NNA tenían la posibilidad de buscar ayuda en la escuela; ahora, no la tienen.

“Hay un índice de tolerancia social hacia la violencia contra los NNA. Todavía un 58 por ciento de padres, madres y cuidadores toman como normal la violencia y el castigo físico-humillante. La ‘normalidad’ para disciplinar o formar a los niños y adolescentes. Lo cual trae efectos negativos en su vida, en el corto, mediano y largo plazo”, recuerda la directora de Incidencia en Política Pública y Movilización de la organización World Vision Perú (WVP), Marlene Arroyo.

De los casos registrado este año en menores de 0 a 17 años, las agresiones psicológicas son más de 15,000 y las de violencia sexual superan las 11,000. Y los agresores se encuentran, sobre todo, en los propios hogares de los menores. “Este índice de tolerancia (a la violencia) es crítico. La creencia de que al niño es una propiedad, un objeto el cual debemos de cuidarlos y que en ese ‘cuidado’ se nos puede ir la mano (castigos)”, explica la especialista. Hay, sobre todo, una justificación social implícita para normalizar la violencia: yo te crio con violencia porque así me criaron.

Frente a ello, World Vision Perú ha lanzado la campaña “Yo no crio con violencia, yo lo hago con ternura”. Es una propuesta para fomenta la crianza con ternura como un enfoque positivo. Pero esto empieza por sanar las propias historias de dolor, de violencia que recibieron de niños, para tener un nuevo acercamiento.

Saber acompañar

Para los especialistas, más que velar por la disciplina hay que acompañar en la formación de los NNA, dando “momentos y tiempos significativos” a los hijos, para escucharlos y establecer tiempos de diálogo. “Versus el golpe y el grito es clave fomentar el diálogo, mirando a los ojos a los niños, niñas y adolescentes”.

Arroyo advierte que no solo es, como algunos creen, darles el celular. Aún no se sabe el efecto que tendrá esta costumbre en niños de 1 o 2 años de edad que chillan y gritan cuando les quitan el smartphone.

Pero el diálogo tiene que darse con firmeza. Sin que los propios padres rompan las reglas. Es lo que hace más daño. Como dice Arroyo, el problema no son los niños sino los adultos, que cuando no podemos controlar la situación (que el niño hace una rabieta o no hizo la tarea), los padres van por el lado más fácil: establecer el miedo. Con ello no se fomenta el pensamiento crítico en los niños o que decidan entre el bien y el mal, sino solo los formamos con miedo.

“No queremos eso. Queremos niños que establezcan sus propios límites, que aprendan todas sus capacidades, el poder hablar y pensar lo que sienten. Porque hay niños que no pueden expresar sus opiniones ante los padres porque les da miedo”, recuerda.