• DOMINGO 12
  • de abril de 2026

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Música peruana, señores

Presentan libro dedicado a Nicolás Seclén, fundador de Los Mochicas


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


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Achica, achica, mochica. Como los viejos longplays de vinilo, que necesitaban de cariño y aguja de tornamesa para regalarnos el néctar de sus canciones, el libro dedicado a Nicolás Seclén Sampén (1925-2017) se divide en lado A y lado B. ¡Qué mejor homenaje para un músico, caray! 

Desde 1955, la voz cantadita, los guapeos jocosos y la forma de acompañar la guitarra y picar el banyo de Los Mochicas, se asociaron a la música fecundada en tierras chiclayanas. Eran tiempos cuando cada conjunto y solista tenía un sonido particular, no como ahora, que todo es esterilizado, homogeneizado y harina del mismo costal.

El autor del volumen Vuelven Los Mochicas (Lima, editorial Polisemia, 2020) es Eloy Seclén Neyra, comunicador, sociólogo y heredero de don Nicolás. Echando mano a investigaciones sociales y etnomusicales, Seclén hijo señala, por ejemplo, que el banyo norteamericano se instaló en la sonoridad chiclayana gracias a los circos o los cuarteles. Y ya a inicios del XX había un repertorio, una apropiación o acholamiento del cordófono de voz grave por parte de sus compositores e instrumentistas. En el caso de Los Mochicas, José Domingo Arbulú se encargaría de hacer trinar el banyo.

Eloy, el último de los 10 hijos que tuvo Nicolás Seclén, canta aquí, apoyado en 12 éxitos de Los Mochicas (seis por lado A y seis más por B), la historia de su padre, ese hombre de sonrisa pícara, rostro quemado por el sol norteño y apellido moche.

A punta de golpe tierra, valses, tristes con fuga de tondero y marineras corre esta historia del cantor chiclayano por antonomasia.

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 De acuerdo con el almanaque Bristol, que sacaba raíz cúbica a la posición de los planetas y al cual se acudía en el siglo pasado sin dudas ni murmuraciones a la hora de bautizar a la descendencia, el hijo de Eloy Seclén y doña Tomasa Sampén, solo podía llamarse Nicolás para que tuviera la bendición de su santo.

Nació en El Arenal, cerquitita a Chiclayo, tierra de guapas mujeres, buenas chicherías de bandera blanca y curanderos. Ahí, a los Seclén los conocían con el mote de Cholo Cadenas y con el arte de tomarse el pelo, don Nicolás titularía así un golpe de tierra.

El trabajo de campo lo aprendió desde niño, cargando burros arrieros, preparando la yunta, cosechando las frutas. Sin quererlo, su padre se convirtió en su primer maestro de canto: en las chicherías Eloy Seclén cantaba afinadito bebiendo de los potos de chicha. De él aprendió “La chongoyapana”, futuro éxito de Los Mochicas.

Sobre todo, Nicolás aprendió a soltar los gallos imitando a las aves, que ingleses, a las 12:30 del día, se paraban sin falta en los manglares a gorjear en estéreo y haciendo juegos de voces.

Esa cosmovisión rural-provinciana impregnará el repertorio de Los Mochicas, y el sociólogo y comunicador Eloy Seclén Neyra equilibra la historia del padre contextualizando y reflexionando sobre la música, el país o el fenómeno de la migración, para comprender en su real dimensión el legado musical del pater familias.

A los 21, el joven Nicolás ya había migrado a Chiclayo. Se ganaba los centavos como empleado en la casa comercial Lamas y completaba los soles como guitarrista de burdel. Ya ese 1942 era un hincha del Juan Auriche (con “che”, porque así me enseñó a pronunciarlo el mismísimo don Nicolás en una entrevista).

El paso por la capital lambayecana fue fundamental para su carrera. Por su buena oreja comenzó a ser solicitado como guitarrista para los conjuntos que se armaban en la “esquina del movimiento”, el cruce de las avenidas Pedro Ruiz y Siete de Enero. Eran muy solicitados para las serenatas y Seclén se especializó en todos los géneros, desde marineras y valses hasta guarachas y tangos. Tenía 23 abriles cuando en 1950 debutó en el teatro Dos de Mayo integrando el Conjunto Chiclayano. Un año antes, su buen punteo lo haría debutar en radio Délcar, de la misma ciudad.

En mayo de 1955, para un concurso en radio Chiclayo y llevarse a casa los mil apetecibles soles del primer lugar, Nicolás Seclén dio el soplo de vida al trío Los Mochicas, junto con Antonio Medina y José Domingo Arbulú, colegas músicos que reclutó en aquella esquina del movimiento.

El concurso se prolongaba por semanas, cada sábado en la radio, desde julio hasta noviembre, y Los Mochicas fueron cambiando de integrantes. Al final se presentaban en formato dúo, Seclén y Alfonso “Chino” Zárate.

Desde ese primer soplo de vida artística ya teníamos a un conjunto con la base sonora de guitarras, banyo y voz (con los años integrarían cajón y clarinete a su sonoridad).

Para resumir, Los Mochicas lograron el segundo lugar de ese concurso, pero se habían metido al público local en el bolsillo, con la voz y estilo de Nicolás Seclén, que cantaba como nadie el repertorio chiclayano.

En 1956, Los Mochicas llegarían por primera vez a Lima, como parte de la delegación chiclayana que en el parque El Porvenir de La Victoria celebró el triunfo de Manuel Prado Ugarteche en las urnas.

Dos años después, Seclén se mudaría a la capital con su guitarra y sus cuatro hijos. Iniciaba así otra etapa en su carrera, siempre con el sonido norteño. Los Mochicas grabarían su primer disco de carbón para el sello Odeón, entonces dirigido por Óscar Avilés, con las canciones “La Vidalita” y “Chiclayo de mis amores”.

Fue un éxito en el norte y su carta de presentación en el universo del criollismo limeño. El examen de admisión incluyó una presentación en el Centro Social Musical Cultural Felipe Pinglo ante lo más reputado del criollismo. A punta de marineras y guapeos que improvisaban, los cholos chiclayanos dieron cátedra de sabor. No fue fácil abrirse camino en Lima, Seclén tuvo que ingeniárselas, tocar de día y de noche, persistiendo en imponer el sonido norteño. Así, el vals provinciano se hizo su espacio. El resto es historia. ¡Achica, achica, mochica! ¡Toda la davi!

Datos:

El libro se presentará mañana (lunes 22) a las 16:30 horas en la Feria del Libro Pueblo Libre ‘Ciudad con cultura’, en parque Candamo, avenida Sucre, cuadra 3.

Habrá presentación musical y homenaje a los integrantes del grupo.

Algunos éxitos de Los Mochicas: “Chiclayo de mis amores”, “El cholo Cadenas”, “La chongoyapana”, “El guayacán”, “Las alforjas” y “El parral”.