Opinión
Coordinadora del Diplomado en Gestión Cultural
de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Un trabajador de la cultura no es un improvisado, es alguien que se ha formado para desarrollar su labor tanto en la práctica como en la teoría. La aparición de programas de formación en temas de gestión cultural confirma esta necesidad.
¿Y qué ocurre si este trabajador de la cultura se encuentra en el sector público? Entonces es necesario sumar a todo lo anterior conocimientos en política pública, reconocimiento de la problemática del sector cultura y una gran vocación de servicio.
Sin embargo, cada cambio de gestión –municipal, regional, central– tiene en la mira los puestos de decisión en el sector cultura para ubicar a sus adeptos, pensando que la cultura es algo accesorio y que debe ser fácil accionar en el sector. Craso error.
La gestión en cultura desde el sector público es un intrincado camino de proyectos e iniciativas, además de estatutos y directivas que luego de ver la luz deben tener continuidad. Muchas buenas y necesarias iniciativas han quedado truncas porque se cambió al responsable y la persona que lo reemplaza piensa que el proyecto no vale la pena y lo deja de lado. Con el lema: “Yo quiero hacer mis proyectos, no continuar lo de otros” se han eliminado muchas buenas ideas.
Sucede, en el mejor de los casos, que el funcionario buscará organizar eventos confundiendo el “eventismo” con la labor en gestión cultural. Es decir, pensará en organizar eventos “a diestra y siniestra” sin un plan ni un objetivo establecido, sino por el mero hecho de organizarlos. El resultado será una gestión efímera, que no aportó nada sustantivo a favor de los trabajadores de la cultura.
Esta es la razón por la que se hacen indispensables espacios de formación en gestión cultural para funcionarios como la propuesta por Servir y Unesco, que en su primera edición capacitó durante varios meses a 38 funcionarios de varias regiones del país y, hace poco, inició una segunda versión con una cantidad similar de participantes. Adicionalmente, hace unos meses, desde la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, se inició un programa de capacitación sobre proyectos culturales en el ecosistema del libro.
Pero, más allá de las necesarias capacitaciones está la apertura y la sensibilidad de los funcionarios ante los proyectos que artistas y gestores puedan generar en sus respectivos territorios y entender que deben ser socios de esos agentes, no funcionarios “eventistas”, en el mejor de los casos.
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