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Periodista
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En los últimos años han aparecido diversas investigaciones que abordan el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1968-1980), encabezado en su primera etapa por el general Juan Velasco Alvarado. ¿A qué responde este fenómeno editorial?
“Se da por dos razones. En primer lugar, vivimos un agotamiento del ciclo de desarrollo neoliberal y una búsqueda por nuevas formas de imaginar el futuro del país. En esa búsqueda, las sociedades suelen mirar al pasado. En segundo lugar, los estudios de las dos últimas décadas muestran que el período de reformas militares fue más complejo de lo que creíamos. Es decir, los nuevos estudios están cambiando la forma de entender nuestro pasado reciente”, comenta el historiador Rolando Rojas Rojas.
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Su libro –Los años de Velasco (1968-1975), de la colección Historias Mínimas Republicanas del Instituto de Estudios Peruanos (2021)– “reconstruye la singularidad del proyecto velasquista, que pretendió, por un lado, desmontar la vieja sociedad oligárquica, y por otro, construir un nuevo tipo de sociedad, distante del comunismo soviético, como del capitalismo salvaje”.
“Con el tiempo, las pasiones se van despejando”, señala por su parte el periodista Juan Gargurevich, autor de Velasco y la prensa. 1968-1975. “En tiempos más cercanos –dice–, había objeciones severas con el gobierno de Velasco, como consecuencia de sus acciones. Pero ha transcurrido medio siglo y el tema ha pasado a los académicos, quienes están estudiando el origen, el proceso y las consecuencias de estos 12 años de nuestra historia”.
Nacionalizaciones
Uno de los temas asociados a este período es la nacionalización de la International Petroleum Company (IPC), La Brea y Pariñas. Sin embargo, Rolando Rojas Rojas recuerda que se trata de un proyecto antiguo de los políticos nacionales, desde 1890.
“Sostengo que Velasco no inventó la nacionalización del petróleo o la reforma agraria. Ambas fueron demandas de los sectores políticos y sociales, que fueron ganando un relativo consenso. La nacionalización del petróleo fue apoyada por todos los sectores políticos. Y el primer intento de reforma agraria lo hizo un gobierno conservador como fue el de Manuel Prado. Lo que sí aportó Velasco es la manera vertical de hacer las cosas”.
Reformista, no de izquierda
Otro tema que Rojas subraya es que se trató de un gobierno reformista, no de izquierda. “Cuando el régimen militar nacionaliza la IPC se incorporan al gobierno la Democracia Cristiana, el Movimiento Social Progresista, jóvenes del APRA y, por supuesto, parte de la izquierda. Hay una suerte de coincidencia, aunque no en todo. El Gobierno alberga varias facciones ideológicas, lo que lo hace más complejo”, explica.
Para llegar al gobierno de Velasco, un punto importante fue la profesionalización de las Fuerzas Armadas, que se da con la creación del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM), en la década de 1950. A sus aulas llegaron intelectuales y académicos progresistas que colaboraron en la construcción de una visión entre los militares sobre la seguridad nacional, lo cual contemplaba reformas modernizadoras.
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En la Junta de Gobierno comandada por Velasco había mucha tensión. El ala más conservadora la representaban la Marina y la Aviación. “Lo que ocurrió fue que un sector muy pequeño, con Velasco a la cabeza, logró llegar a altos puestos y desde allí controlaron a las instituciones castrenses. Dentro del Ejército hubo mucha oposición a Velasco, pero este supo manejar los hilos de los ascensos para promocionar a los militares reformistas. Visto a la distancia, es sorprendente cómo Velasco impuso su autoridad”, señala.
Hoy que estamos en la segunda reforma agraria, ¿se puede considerar a la reforma agraria como el gran legado velasquista? Rojas dice que sí. Y en tres aspectos claves. “Primero, porque fue imposible retroceder dicho proceso. Segundo, porque cambió la estructura social al liquidar a los hacendados. Y tercero, porque convirtió a campesinos sin tierra en propietarios y consumidores. Sentó bases estables para una sociedad más integrada”.
Si bien el gobierno militar fue consciente de la industrialización del país y buscó una alianza con los empresarios manufactureros, el historiador señala que fue su gran fracaso. “Velasco intentó llegar a un acuerdo con el sector industrial, a quien otorgó varios tipos de subsidios y protección arancelaria. Sin embargo, el empresariado industrial tenía una comunidad de intereses con los sectores afectados por las reformas y nunca aceptó colaborar con su proyecto industrializador. Esa alianza gobierno militar-sector industrial fue inviable”.
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Finalmente, el gobierno de las Fuerzas Armadas giraba sobre la figura de Velasco. ¿Su alejamiento de los militares progresistas y las contradicciones del modelo fueron las principales causas de su caída? “El régimen estaba centrado en la figura de Velasco. La amputación de la pierna lo recluyó en Palacio de Gobierno, aislándolo de sus bases de apoyo y, poco a poco, perdió la conducción del proceso y del país. El régimen cayó envuelto en sus propias contradicciones. La enfermedad de Velasco aceleró su fin, aunque esto iba a ocurrir de todas maneras”, dice Rolando Rojas.
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En 1975, Juan Gargurevich fue uno de los periodistas deportados. Cuando retornó al país, luego de un mes en Buenos Aires, “los militares habían conspirado para sacar a Velasco del poder”.
En su libro Velasco y la prensa. 1968-1975, de la colección Zumbayllu, del Fondo Editorial de la PUCP (2021), el investigador del periodismo detalla que el proceso de expropiación de los medios de comunicación a sus propietarios privados fue largo. Se inició en 1968 y su primera etapa culminaría en las fiestas patrias de 1974, cuando intervienen los principales diarios para convertirlos en “voceros de expresión popular y promoción de y defensa de los principios revolucionarios”.
Sin embargo, Gargurevich recuerda que este proceso se había iniciado antes de la llegada al poder. “Los coroneles que acompañan a Velasco estaban imaginando el cambio, redactando documentos de cómo ellos querían que sea el Perú. Ellos ya tenían un proyecto, que incluye la toma de Talara, la reforma agraria, la de la industria y de la prensa”.
Advierte que los militares no se dieron cuenta de que se estaban metiendo en temas complejos. “Ellos no trabajaron bien el tema con los civiles”. Las comunidades industriales, que se crean en julio de 1970, con la Ley General de Industrias, llegarían también a las empresas periodísticas. Y los hombres de prensa –por afinidad o presión– tomarían posiciones a favor de los dueños, el sindicalismo o el gremio periodístico.
Explica que es muy cómodo decir que los militares no soportaban la oposición o que los periodistas querían cerrar los diarios. “Los periodistas y los gráficos tenían derechos: eran accionistas y formaban parte del directorio de los periódicos. En ese momento, según las leyes vigentes, reclamaban con derecho la participación en la propiedad, y había que expropiar los medios”, comenta.
Si bien la expropiación de los principales medios se da durante el gobierno de Velasco Alvarado, Gargurevich presenta una cronología que demuestra que la mayor cantidad de acciones contra la libertad de expresión, deportaciones, cierres de diarios y revistas se realizó durante el gobierno de Francisco Morales Bermúdez (1975-1980).
“El gobierno de Velasco tenía el Plan Inca, y el de Morales, el Plan Túpac Amaru, contenía medidas más drásticas, pero ninguna se cumplió. La historia lo ha perdonado, pero esos cinco años fueron muy duros para los periodistas”, explica.
Retorno a la democracia
Cuando Fernando Belaunde Terry asumió su segundo mandato el 28 de julio de 1980, al día siguiente restituyó totalmente los derechos de los antiguos propietarios de los medios. “Y el gremio periodístico, desde entonces, quedó severamente herido, hasta ahora”, opina.
Los efectos positivos, para Gargurevich, fueron la fundación de tres periódicos importantes (La República, El Diario Marka y El Observador), gracias a que los hombres de prensa aprendieron sobre el quehacer de la administración de los diarios. Y, finalmente, Belaunde declaró al periodismo como una profesión en el Perú.