Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Es que el quipu es un inmenso enigma de magnitudes colosales. Para las culturas andinas, mucho antes que el Tawantinsuyo, este registro material de nudos organizados les permitió administrar los recursos. Es decir, los incas no fueron los primeros en usarlo, sino, como era habitual en su modo de gestión imperial, se apropiaron de ello y lo convirtieron en ventaja.
El uso extendido para múltiples asuntos en el incanato dejó pasmados a los conquistadores europeos, habituados a la escritura como privilegio y que convirtieron ello en parámetro de superioridad cultural. Craso error, muy típico de las metrópolis que asumen que sus criterios son los de la humanidad. Lo que desarrolló el mundo andino durante siglos usando como memoria y salvaguarda de sus asuntos colectivos a los quipus, es un caso sumamente particular en las historias de las civilizaciones. Es otro modo de consignar los eventos y sucesos.
De los más de 1,300 quipus desperdigados por el mundo hasta la fecha, entre colecciones particulares y en museos, además de su función contable, los denominados quipus narrativos y no contables retan a las mentes actuales, a pesar de que cada vez el trabajo de investigación es interdisciplinario. No es una ocupación solo de la arqueología, sino también de muchas disciplinas que van desde las matemáticas hasta las filosóficas. Se trata de descifrar, con los insumos técnicos que se tiene y la cantidad existente de estos nudos, qué significan. Por lo tanto, parte del trabajo de recojo de material y su clasificación ya se ha dado, el siguiente nivel es de profunda abstracción y de respuestas de índole teórica que puedan ajustarse para desatar la retadora incógnita histórica.
Tello, Burns, Urton, Radicatti, Salomon, Hyland son solo algunos de los nombres que durante años han dedicado sus vidas a avanzar en el conocimiento sobre estos cordones llenos de nudos inteligentemente distribuidos para su interpretación. Recordemos que había expertos en la lectura tridimensional de ellos: los quipucamayocs, tradición cultural desaparecida luego del ataque colonizador mediante la extirpación de idolatrías en el siglo XVII y el incremento cada vez mayor de la escritura como único modelo de registro.
Es un quipucamayoc moderno el que necesitamos para develar las historias ocultadas durante siglos, que, al ser reveladas, esperamos muy pronto, modificará sustancialmente la percepción de nuestro pasado y, seguro, se ajustará más a lo realmente sucedido mostrando la intensa complejidad de la que provenimos los peruanos.
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