• MIÉRCOLES 8
  • de abril de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

¿El regreso de la filosofía a los colegios?


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Más parecíamos eco, reflejo encubridor, acatamiento servil, que lúcido cuestionamiento a las ideas del catálogo de las grandes metrópolis internacionales. Este modelo de entender la filosofía, como una cadena lineal de exclusivamente pensamiento occidental, se generalizó a tal punto que fue la manera de aplicarse en casi todo el sistema educativo peruano. Es decir, un curso de filosofía era una acumulación de autores, apologías de los grandes tratados, frases asumidas como mantras, algunas dispersas ideas interiorizadas cual letanías, y toda esa forma de entrenarnos en filosofía más parecía un amaestramiento y una catequesis. Además, en la mayoría de los casos (siempre hay notables y necesarias excepciones), con gente poco preparada para la enseñanza de la filosofía, aun cuando se trata de una actividad tan trascendental y con muchas oportunidades, pero marginada a la categoría menos productiva en la distribución de los cursos escolares. Lo que debió ser una experiencia educativa única, creativa, sumamente reflexiva, donde se enseñe a pensar por sí mismos, más parecía un escenario de agonía de las ideas. Es que enseñar una apretada historia de la filosofía occidental en pocos meses, memorística, eurocéntrica, jerarquizante, era un atentado contra el mismo pensamiento y su poder de persuasión.

Por ello, cuando se exige que la filosofía vuelva, hay una brecha enorme e histórica entre lo que se anhela y los antecedentes. Muchas veces nuestra buena fe por la mejora y el bienestar a la salud mental que ofrece la cavilación filosófica hace que construyamos relatos justificadores antes que los sucesos de la vida real y las implacables vicisitudes cotidianas que traspasan ese pasivo historicismo de la filosofía que todavía existe en el sistema educativo peruano. Filosofar no es contar una historia de las ideas. El filosofar, si queremos que realmente cumpla su papel de inquietante herramienta, de rompedor de estereotipos, de ser un instrumento para comprender y accionar sobre el contexto, tiene que apartarse de una pedagogía cómplice de mantener el orden de las cosas.

Filosofar significa liberarse de sus propias ataduras ideológicas, de cuestionar indesmayablemente el pensamiento único y autoritario.

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