Central

Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
1.
Aquí, donde se respira no a dos sino a cuatro pulmones la música criolla, la cámara de Luis Cáceres Álvarez no desafina. Es como un acorde o un guapeo sibarita.
Así lo demuestran las fotografías de la exposición virtual Criollos. Donde resiste la jarana, en la que registra a hombres y mujeres de gran memoria musical. Toditos doctorados en sabor, rebeldes desafiantes de las leyes de la monocorde moda reguetonera. Y ellos gritan: “¡Qué mueran los viejos para que no se sepa la verdad!”.
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Cáceres, por ejemplo, registro la última jarana presencial, celebrada el viernes 13 de marzo del 2020 en los hangares de la Catedral del Criollismo. Dos días después se anunciaba el inicio de la emergencia sanitaria.
2.
Hace siete años, el fotorreportero empezó la jarana, digo, la fotodocumentación. Tras la muerte de don Óscar Avilés, en abril del 2014, Cáceres empezó a buscar a otras primeras guitarras del Perú. Entrevistó a diversos cultores de las seis cuerdas en géneros antagónicos, pero volvía al criollismo. Quería enfocarse en la guitarra criolla no comercial. Quería explorar el circuito más underground del criollismo.
Como tabla de salvación encontró un video de la recordada maestra Chalena Vásquez sobre la interpretación del “canto de jarana” en la Catedral del Criollismo, en la sístole y diástole de Breña.
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Ahí descubre al guardián del criollismo don Wendor Salgado, sumo pontífice con palo trinador de la misa criolla de los viernes. Ese señor con cara de “antiguo”, boina y guitarra al ristre ejercía el arzobispado del buen gusto sonoro desde la sala de su casa, a donde acudían los feligreses del valsorio de Lima, el Callao y balnearios.
Y don Wendor, al verlo perseverante y tratando con cariño y respeto le dio la green card, el salvoconducto a ese universo rico y vasto de sonidos, repertorios, cantores y guitarristas del género de toda la geografía limeña. Entonces, Cáceres fue ungido como “fotógrafo [oficial] de la Catedral”.
3.
“Esta investigación ha sido sangre, sudor, lágrimas y alcohol”, resume Luis, que recibió transfusión sonora del criollismo. Sangre y sudor que derramó para llegar a estos espacios, fiestas familiares caletas y peñas, haciendo camino al andar junto a señores mayores.
Lágrimas porque en el transcurso de la investigación fallecieron grandes cultores como Ana Renner, Manuel Acosta Ojeda, Luis Abanto Morales y Adolfo Zelada. Y siempre se remojaban el gañote y los adioses en buenos piscos.
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Junto con otros “viejos prematuros”, sus “tíos” y “primos”, cada viernes iniciaba la noche joven por capillas y parroquias del buen criollismo: de la catedral breñense enfilaban a Las López y al Centro Social Deportivo Vallejos Bosso, en Lince; al Centro Social Musical Barrios Altos.
Había energía incluso para llegar ¡hasta el Bajo Tierra!, el local en las inmediaciones de la plaza Manco Cápac, y a la peña El Inca, en el rico Rímac, hogar de amores ingratos. Todos bastiones exquisitos y singulares de la música criolla, donde, todos se confiesan, han jaraneado duro.
El primer fruto de esta labor peregrina musical de Cáceres fue su mentado libro La Catedral del Criollismo. Guardia Vieja del siglo XXI (2017).
4.
Decíamos que Criollos. Donde resiste la jarana es una galería virtual dedicada a los cantores, músicos y los asistentes a estos templos con hostias en tiempo de valse.
Dice Cáceres: “El criollismo es una cultura viva. Ahí está su resistencia. La música criolla va para su centenario desde su origen, la Guardia Vieja, el proceso de transformación del vals, la consolidación de la época dorada. Ahora, lo que se vive es la salvaguarda, con grupos como la Catedral del Criollismo, que presenta canciones de fines del XIX o inicios del XX, que no son tan conocidos a nivel mediático, pero están vigentes y nutriendo el cancionero criollo”.
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¿Y es verdad que se está muriendo la música criolla? Mentiras, jura el fotógrafo. A estos espacios llegan nuevos cantautores para afiatar su repertorio bajo los oídos más curtidos.
Esta música goza de muy buena salud. Hay un cambio generacional que se demuestra en estos centros musicales que son semilleros de hombres y mujeres que quieren aprender del canto de jarana, músicos e investigadores interesados en los toques y repertorio de valses y marineras. Chiquillos de 17 años se caían por acá antes del covid-19; y mucho adulto joven también llegaba a escuchar valses, marineras, festejos y habaneras. Y hoy, las nuevas tecnologías permiten que el legado cultural se siga promoviendo ahora por Zoom.
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El criollismo, me dice, no desaparecerá mientras uno lo celebre, lo recuerde y esté atento a lo que sucede en estos espacios. Esto es vida, lo demás, cuento. ¡Salud, primo!
Datos:
Criollos. Donde resiste la jarana es una exhibición multimedia promovida por UPC Cultural.
El material incluye un interactivo con 11 de los espacios de música criolla.
La música que acompaña la exhibición multimedia es de Carlos Ayala, quien interpreta temas de Felipe Pinglo Alva (1899-1936).