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  • de marzo de 2026

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Compromiso con la Patria

Boinas verdes: los 50 años de los comandos anfibios del Perú

Tras una loma de arena de la base naval de Ancón está el cuartel general del Batallón de Comandos de Infantería de Marina, que este 26 de diciembre celebra medio siglo al servicio del Perú.

Nació en 1971 como Compañía de Reconocimiento Anfibio (CRA) e inmediatamente sus miembros fueron tildados de “locos” al ser los únicos en levantarse con el sol para recorrer 30 kilómetros de puro desierto, y ya de noche nadar varias horas internados en la negrura del mar.

Pero no habían perdido la razón. Al contrario, buscaban la excelencia física y emocional para ejecutar la primera fase de las operaciones anfibias: infiltrarse en la costa enemiga y ubicar puntos donde, más tarde, pudiera desembarcar con seguridad el grueso de los infantes de marina.

Evaluar el terreno

El exsargento instructor Alfredo Sandón Fernández detalla que la tarea es evaluar la corriente marina, el tipo de suelo –arena o piedras–, el grado de inclinación de la playa, el sentido de los vientos, despejar los obstáculos; verificar si hay riesgo de una emboscada.

“Y regresar a informar todo lo visto u oído porque conocer al enemigo antes de una operación es crucial”, afirma Francisco Montes de Oca, otro veterano maestro del combate.

“Recon” del Perú

El infante de marina Víctor Lucio Alzamora Muñoz, graduado en 1972, hizo cursos de especialización con el estadounidense US Marine Corps Force Reconnaissance (Recon), y no olvida las lecciones aprendidas. Las que, años después, le salvaron la vida.

“Buscar las alturas del terreno para descansar, dormir con un ojo abierto, listo para repeler un ataque… Si los pájaros dejan de trinar, cuidado, algo anda mal”, recuerda agradecido.

Hijo del viento

Para sorprender desde el aire hay que lanzarse de un avión a 1,500 metros de altura, con paracaídas que apenas brindan un minuto antes de aterrizar, cuenta don José Chacón Villanueva, maestro con más de mil saltos.

De joven, casi muere aplastado como una mosca contra el piso cuando su paracaídas se abrió a medias y quedó todo enredado: “Me asusté, caía a 200 kilómetros por hora… Pero recordé lo aprendido, recuperé la calma, busqué rápidamente la solución y llegué a tierra sin problema”, cuenta.

Mi “garra” y yo

“Hay cosas para jamás olvidar”, dice Boris Vera Vergara, cuyo puesto era la ametralladora. Hasta hoy sabe detectar, con el rabillo del ojo, si alguien lo persigue, una habilidad muy útil en tiempos de inseguridad ciudadana.

“El equipo mínimo es de dos: mi ‘garra’ o pareja y yo. Somos como hermanos, nos apoyamos mutuamente. Pero si algo le pasa a uno, el otro sigue hasta cumplir con la misión”, recuerda.

A todo pulmón

En las profundidades del océano hay otros desafíos, explica el buzo táctico Calixto Quevedo Chambergo, que con su traje de neopreno negro hizo centenares de escapes de submarino “a pulmón” o sin tanque de aire.

“Esa es otra extraña habilidad de las fuerzas especiales, que se ejecuta a 20 metros de profundidad, dominando el miedo a la oscuridad y a morir ahogado”, comenta el también nadador de combate Víctor Tello Laupa.

Guerrero solitario

Graduado en Fort Gulick, Panamá, Carlos Cavero Quevedo es uno de los fundadores de los comandos anfibios. Tiene un aire al “recon Tom Highway”, interpretado por Clint Eastwood en el filme de 1986, El guerrero solitario. Ya en retiro, Cavero trabajó en Irak liderando a 1,500 guardias de seguridad latinoamericanos con mano de hierro.

“Gané el aprecio de muchos, pero otros querían matarme por mi firmeza en cumplir las órdenes”, recuerda risueño. A sus 72 años, mantiene el vozarrón y el carácter que estremecían a los jóvenes aspirantes a boinas verdes.

En conflicto

En los conflictos de 1981 y 1995, los comandos anfibios se fueron al norte, entre ellos Carlos Reyes Arias, a quien le tocó estar metido por horas en los manglares malolientes sin chistar, esperando el “día D” y la “hora H” para actuar.

Duros como el acero del cuchillo Ka-Bar que portaban, al Cenepa fueron llamados solo cuatro hombres, recuerda el comando Felipe Bazalar Barrera, quien patrulló esa montaña durante dos semanas cargado de balas y granadas, alimentándose solo de panetón y de lo que encontraba en la jungla.

Como boinas azules, estos hombres estuvieron en Haití, en la Compañía Perú, a órdenes de las Naciones Unidas, manteniendo a raya a las mafias armadas en Cité Soleil, el barrio más malandrín de la peligrosa capital, Puerto Príncipe.

Medio siglo de valor, destreza y arrojo celebran los comandos anfibios de la Marina; 50 años de sudar y sangrar mientras se preparan cuidadosamente para la guerra; de sufrir la pérdida de camaradas en combate y seguir adelante, y de contribuir silenciosamente a la paz para todos los peruanos. (Texto y fotos: Lewis Mejía)

Datos:

El batallón de comandos se ha reforzado con la incorporación de la Unidad Especial de Combate (UEC).

La UEC opera en tierra y conformó la fuerza de rescate de rehenes en la residencia del embajador del Japón (abril de 1997), lo que permite incrementar las capacidades en la especialidad de dominación de inmuebles.

500 comandos anfibios hay en la actualidad; todos pasaron por 9 meses de exigente calificación.