• MIÉRCOLES 8
  • de abril de 2026

Opinión

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APROXIMACIONES

El derecho a alimentarnos adecuadamente

La eliminación o el alivio del hambre no es un acto de caridad, sino más bien una cuestión de derecho jurídico.


Editor
Fernando Castro

Coordinador de Proyectos de Sistemas
Alimentarios en FAO Perú


Hoy queremos con ustedes pensar unos minutos sobre esto para poder entender lo que significa el Derecho Humano a la Alimentación Adecuada, lo que todos y todas debemos hacer para lograr su cumplimiento, así como lo importante que es la nutrición de la población para el desarrollo de nuestros pueblos y ciudades.

El Derecho Humano a la Alimentación es un derecho fundamental y está reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas desde hace mucho tiempo, en 1948. La declaración señala que todas y todos tenemos “derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

En sus primeros años se entendió esto solamente como librar a las personas del hambre, pero con el pasar del tiempo se ha ido comprendiendo toda su extensión, por lo que actualmente hablamos del Derecho Humano a la Alimentación Adecuada, en referencia a lograr una alimentación en cantidad y en calidad que nos permitan tener una vida activa y sana.

En la práctica esto se ejerce por un lado con una buena disponibilidad de alimentos a través de la producción y comercio, pero también logrando que toda la población pueda acceder a estos sin tener diferencias por ingresos económicos, edad, género, condición física, por el lugar donde vivimos o por la comunidad a la que pertenecemos. Además es importante que esta alimentación sea variada y saludable para satisfacer las necesidades de cada individuo, siendo seguros para su consumo sin sustancias nocivas.

Por lo tanto, para garantizar el Derecho Humano a la Alimentación Adecuada se requiere entender que no solo se trata de cubrir los aspectos biológicos, sino que también se debe considerar diversos elementos como la diversidad, la nutrición, la inocuidad, la calidad sanitaria, la cultura, la información y la capacidad de compra de las personas, y que además este derecho lleve al ejercicio de otros derechos.

Los gobiernos de los países han ido reconociendo el derecho a la alimentación adecuada y demostrando la voluntad política para hacerlo cumplir. Pero debemos entender que la obligación del Estado no significa que se tenga que dar alimentos gratuitos a toda la población, sino que se debe garantizar que nadie padezca hambre o malnutrición grave. Para ello es importante proporcionar alimentos inocuos y nutritivos a aquellas personas que no puedan alimentarse por sí mismas. Además, es necesario tomar medidas inmediatas para poner fin a la discriminación en el acceso a los alimentos o a los recursos necesarios para producirlos, así como adoptar medidas para garantizar que todos y todas puedan alimentarse y alimentar a su familia con dignidad.

Tener en cuenta a la alimentación como un derecho nos permite considerar la eliminación o el alivio del hambre no como un acto de caridad, sino más bien como una cuestión de derecho jurídico, en el que las medidas no son actuaciones circunstanciales.

La emergencia por el covid-19 ha puesto en amenaza el ejercicio de este derecho en todos los países del mundo y gran parte de la población, incluso a aquellas que nunca pensaron estar en riesgo. La pandemia nos ha mostrado lo importante que es la alimentación saludable y accesible, y que debemos estar prevenidos y preparados para este tipo de crisis. La relación entre la alimentación, la salud y el ejercicio de nuestros derechos es ahora más visible que nunca.

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