Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
1.
Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la/ Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi/ sangre, cantando, edifiqué una casa. (*)
Paradojas, José María Arguedas (JMA), el hombre que vindicaría a los pueblos andinos, nació el día del aniversario de Lima: el 18 de enero de hace 111 años.
En 1919, llegó por primera vez a la capital a pasar unas vacaciones. Como escribió la doctora Mildred Merino, esa ciudad de 200,000 habitantes le generó un choque cultural: Augusto B. Leguía estrenaba su oncenio, las clases más pudientes ostentaban su afrancesamiento, la urbe era casi virreinal, de carruajes, balcones y estatuas de mármol. También de comercios, ambulantes y migrantes extranjeros.
Una década más tarde, volvería para terminar sus estudios en el colegio La Merced. Ahí conoció más a detalle la diversidad cultural. “Ya no veía solo la gran hacienda y sus gamonales; sino también una Lima con garbo, con semiesclavitud, exclusión y pobreza”, apunta el antropólogo Pedro Jacinto Pazo, director general del centro cultural de San Marcos.
Los treinta en Lima eran tiempos de efervescencia política, de ideas apristas, comunistas y conservadoras, de movimientos sociales, mientras la élite se paseaba por el jirón de la Unión. Y Arguedas, desde los pasillos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, no sería ajeno a nada. Ni a la llegada de la modernidad que llegaba en coches y ferrocarriles.
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Pazo recuerda que eran los años de los clichés “comunista, serrano, cholo, indio, negro”. En 1937, a Arguedas lo apresan junto con un grupo de estudiantes, cuando intentaron botar a la pileta del Patio de Derecho de la casona de San Marcos al general italiano Camarotta, miembro de la policía fascista de Benito Mussolini, que había llegado invitado por el gobierno de Óscar R. Benavides. Arguedas permanecería preso hasta 1938. Tras barrotes, conocería la violencia en su real dimensión. Estas vivencias serían la base de su novela El Sexto (1961), como apunta Pazo, “una excelente etnografía carcelaria limeña”.
2.
Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo./Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no/ extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el/ poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos/envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta/ cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. (*)
Pero, ¿está vigente en la Lima del 2022 José María Arguedas o es solo una idea de académicos y folcloristas? El investigador Martín Guerra recuerda que desde el 2011 hay una reivindicación popular al genio creador de Todas las sangres.
Se planteó al Gobierno darle al 2011 el nombre oficial de Año del Centenario del Natalicio de José María Arguedas. Sin embargo, el entonces presidente Alan García prefirió el nombre de Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo.
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Sin embargo, gremios, entidades privadas y públicas ese año reivindicaron al amauta en sus documentos. “Los pueblos del Perú no estaban dispuestos a olvidar que en el 2011 se cumplían 100 años del natalicio de Arguedas, reconociendo toda su obra”, dice Guerra, quien asegura que desde ese año está recibiendo distinciones.
Con respecto a su relación con Lima, recuerda que Arguedas reivindicó el papel de la capital, aunque es un punto que un grupo de académicos no quiere reconocer. En 1965, Arguedas dijo: “Creo que la comunidad antigua puede servir de base para la comunidad moderna”. Entendiéndose como “moderno” no la tecnología, sino lo mejor de la creación humana para solucionar nuestros problemas.
Arguedas, quien era un autor socialista, entendió que la Lima pujante era la que estaban construyendo los migrantes. Guerra punta que JMA empieza a ver el traslape de las experiencias comunitarias, del trabajo colectivo del mundo andino en Lima. Lo observó en las barriadas de Comas, en los asentamientos humanos, en los distritos jóvenes, trazados no por el Estado, sino por la fuerza de los propios vecinos.
Es uno de sus aportes antropológicos que se adelanta décadas a otros investigadores. “Lamentablemente, la obra antropológica de Arguedas por mucho tiempo estuvo oculta y recién ahora se ha publicado. Y es más abundante que su obra literaria”, apunta Guerra. Es este Arguedas quien escribe el poema ‘A nuestro padre creador Túpac Amaru’, que reproducimos aquí, donde Túpac Amaru es una suerte de Inkari cuyas partes andinas, amazónicas, afrodescendiente, se reunirán en la capital. Lima dejó de ser la ciudad de los reyes y es la ciudad de los migrantes, pujantes, diversa.
3.
¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos/ hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos/ apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como/ a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que/ entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz (…) (*)
La Lima de JMA, la de la primera mitad del siglo XX, continuaba siendo la de ‘indios’, afroperuanos y chinos, confinados y excluidos. Arguedas, que era un serrano de piel blanca y ojos claros, vería tempranamente que el Perú era un patria de patrias, un país heterogéneo.
Tozudo en dibujar el sentir del indio, Arguedas también se abrazaría de músicos en los coliseos de Lima, buscaría a esos músicos y cantores como el violinista Máximo Damián o el charanguista Jaime Guardia, quien recordaba que tenían que encerrarse porque a veces los vecinos les tiraban piedras.
Martín Guerra recuerda también que Arguedas, tal como lo hizo Mariano Melgar desde el yaraví, buscó el ‘castellano peruano’, a diferencia de Mario Vargas Llosa o Alfredo Bryce Echenique, “que escriben un castellano europeo, permeado con jergas peruanas”. La producción literaria de JMA lleva el sentimiento andino, un castellano con la sintaxis quechua, como se lee en la novela Yawar Fiesta (1941) y, finalmente, lo siente mejor logrado el autor en Los ríos profundos (1958), donde a través de su alter ego Ernesto puede describir en español toda la fuerza de los sentimientos, de la naturaleza, piedras y animales.
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“Probablemente, pocos escritores e investigadores sociales tuvieron una vida tan compleja como Arguedas”, recuerda Guerra. Y complejo también es su pensamiento. Pasa por tres períodos: el primer momento es el JMA que apuesta por el pensamiento del indio inmovilizado en el tiempo; el segundo, admira la cultura andina en desarrollo como producto del mestizaje; y el último, entiende al pueblo pujante, que sean del color que sean sus individuos van forjando la cultura nacional en su lucha y contradicción, resume el investigador.
¿Entonces, cuál es la Lima de Arguedas? “La del Perú profundo que se hartó de la explotación y vino a Lima. Es la Lima pujante, la que él impulsó carnetizando a los trabajadores de la música, impulsando a los coliseos, defendiendo la tradición. Arguedas va en busca del debate pero no quiere que la tradición esté inmóvil, cree en la transformación por propia vocación, no porque el mercado lo imponga. Hay que leer de nuevo a Arguedas, un universo maravillo, una herramienta de transformación”, acota Guerra.
(*) Extractos del poema ‘A nuestro padre creador Túpac Amaru’, de José María Arguedas, publicado en quechua y español en 1962.
Datos:
El martes 18 se llevó a cabo en el centro cultural de San Marcos el evento La Lima de Arguedas por el 111° aniversario de su natalicio, en el que participaron Martín Guerra y Pazos, entre otros ponentes.
El viernes 28, en el Colegio Real de la UNMSM, al costado del Congreso, habrá un homenaje a Lima, Arguedas en Lima.
Uno de los planes de la Casona de San Marcos para este 2022 es inaugurar un busto de Arguedas, adyacente a la pileta del patio de Derecho.
Cifra
6 novelas, 5 libros de cuentos, 4 poemarios y 12 investigaciones antropológicas y etnológicas publicó JMA.