Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Así lo ha entendido el poeta Juan Andrés Gómez en su reciente compilación Puerto de letras. Poetas del Callao en el Bicentenario, en la que estupendos vates del siglo XX han escrito desde sus horizontes poéticos y hecho de la ciudad portuaria un universo en la que la poesía arrebatadora, el ritmo asombroso, las formas de la luz literarias, se manifiesten con su poder hechicero. Reúne desde Alfonso de Silva, ese genio que hay que revalorar, a quien Vallejo adoraba: “Porque te quiero, dos a dos, Alfonso, y casi lo podría decir, eternamente”, pasando por Benito Gutti y esos giros transbarrocos: “Un claustro de peces y de algas desaguan, con fuerza los brazos escamados asilan, hay frío y unidad”.
Por supuesto están los que directamente homenajean, como el de Juan Aguilar: “Callao de mis auroras/Callao de mis crepúsculos” o Schabauer: “De bloques a cantos rodados, kilómetros han pasado y es que así son de viajeras, las piedras de mi Cantolao”. Fernando Sánchez versea: “Canta pez/tu cáliz hezpez ceremonial./ Creada a tu mortal salario/súbete al talón de tu lomuda boca diluvial”. Es interesante la propuesta de Ramos, quien narra sus aventuras por las vehementes calles chalacas, jamás inmóviles, donde la quietud no existe. El fraseo incólume de Gabriel Espinoza: “Y en el aire los peces sigilosos descuelgan la boca del anzuelo”. Algunos de esta caterva poética son Lu Zúñiga, Úrsula Alvarado, Jim Alexander, Samuel Soplin, Fidel Chaparro, Betsabé García, David Jiménez, Elizabeth Peláez. En todos los casos, una demostración de amor a la patria chalaca, de esa ferviente vinculación a un modo de vivir.
Es que ser chalaco es una toma de posición frente al mundo, define mucho de lo que uno va a desplegar en su propia existencia. Así lo reafirma el contundente y profético verso de Juan ‘Pocho’ Bejarano: “En fútbol, señor, Boys es el campeón y la virgen de La Legua le brindó su bendición”.
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