• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

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El padre del multilateralismo peruano

José Faustino Sánchez Carrión marcó el inicio de una política coherente y sostenida en el tiempo.


Editor
Oscar Maúrtua de Romaña

Ministro de Relaciones Exteriores


Nació el 13 de febrero de 1787 en Huamachuco, La Libertad. Tras dejar su ciudad natal, se trasladó a la capital para estudiar Derecho, carrera que finalizaría su formación académica y promovería su participación en la elaboración de la estructura primigenia del Perú.

Las leyes no fueron lo único que José Faustino asimiló en esta etapa de su vida. Aprendió a partir del sacerdote Toribio Rodríguez de Mendoza, futuro precursor de la independencia, lecciones importantes sobre el liberalismo. Todas estas lecciones fueron formando la capacidad y la visión que, posteriormente, José Faustino Sánchez Carrión aplicaría para su vida, tanto personal como académica y profesional.

Luego de ejercer una carrera exitosa de abogado, defendiendo los intereses y los derechos de las personas menos acaudaladas de la capital, José Faustino empezó a compartir su pensamiento e ideología liberal, lo que alertó al virreinato del Perú. El virrey Joaquín de la Pezuela lo desterró de Lima, obligándolo a ingresar a la clandestinidad en Sayán, Huacho.

Luego de que se concretara la liberación del Perú, y ante la deliberación sobre la nueva estructura del Estado, escribió una serie de cartas con el seudónimo de “El Solitario de Sayán”, que fueron dirigidas para criticar la idea de mantener el virreinato y la monarquía. En contraposición a ello, apoyó la necesidad de establecer una República, puesto que este, a su parecer, era el tipo de gobierno ideal para la cumplir con las necesidades de la sociedad. Estas misivas fueron importantes para la determinación de la idea republicana de Simón Bolívar y le permitió ser considerado para la redacción de los documentos más importantes en el inicio de nuestra nación.

Tras haber participado, como diputado de Trujillo, en el Primer Congreso Constituyente del Perú, fue miembro de la comisión que redactó la primera Constitución del Perú proclamada por el presidente José Bernardo de Tagle en 1823. Esta Carta Magna tuvo un corte liberal, promovido por las personas que participaron en la redacción y significó la base esencial para la estructura nacional y el funcionamiento de este.

Sin embargo, el aporte que Sánchez Carrión brindó a nuestra sociedad y a la estructura de la República del cual quisiera relievar especialmente en esta oportunidad, es su impacto en el multilateralismo peruano, el cual consolidó durante su gestión como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, cargo que ostentó del 28 de octubre de 1824 al 26 de febrero de 1825.

La corriente libertadora que permitió la independencia de las naciones latinoamericanas fue producto de una visión compartida por distintos grupos de la región que, descontentos con el manejo español sobre sus regiones, y fieles creyentes de la autodeterminación y soberanía de los pueblos, se unieron en una expedición libertadora que buscaba, a partir de la cooperación entre los pueblos, destituir la monarquía española en la capital del Perú e iniciar el establecimiento de gobiernos autónomos. Este fue un primer e inédito acercamiento regional de cooperación militar, política y social por un mismo fin.

José Faustino Sánchez Carrión entendía la esencia de la corriente libertadora, por lo que la cooperación y el acercamiento entre naciones fueron un eje esencial para su gestión como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Él comprendía la importancia de contar con la asistencia de otros Estados recientemente emancipados para fortalecer la estabilidad política, militar y estructural de Latinoamérica, por lo que se le encomendó realizar una serie de eventos internacionales con la finalidad de alcanzar este objetivo.

Fiel a la idea de cooperación e interrelación, y aunado a la necesidad de fortalecer los lazos entre los Estados, Sánchez Carrión convocó, a través de la remisión de invitaciones cursadas por Simón Bolívar, el histórico Congreso Anfictiónico de Panamá (también conocido como Congreso de Panamá), el cual se desarrolló del 22 de junio al 15 de julio de 1826.

Este congreso significó uno de los primeros esfuerzos de alianza diplomática de las repúblicas hispanoamericanas, el cual se desarrolló con mucho interés por parte de los Estados participantes, así como gobiernos observadores. Es así que el Congreso congregó la participación de los representantes de Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua Panamá y Perú. Adicionalmente, la iniciativa de Bolívar, y ejecutada por José Faustino, pudo involucrar a Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos y Brasil como participantes observadores.

El objetivo central del congreso fue el de crear una confederación entre los Estados recientemente emancipados, con la finalidad de establecer una unificación continental. Adicionalmente, se exploró la posibilidad de elaborar un manifiesto en contra de la actuación de España durante la época de la conquista, la abolición de la esclavitud, la creación de una organización de derecho internacional, entre otros puntos.

Sánchez Carrión creía en el objetivo de Bolívar de instituir la unión entre los Estados hispanohablantes, puesto que la experiencia emancipadora, que congregó fuerzas militares de todo Sudamérica, había demostrado que la cooperación y las relaciones internacionales, políticas y militares entre los pueblos podían servir para elaborar una estructura sólida de conexión entre los Estados latinoamericanos; sin embargo, por ciertas razones políticas coyunturales de la época, ajenas al control del líder peruano, no se obtuvo el consenso esperado y los debates no llegaron a buen puerto. La hostilidad que existía entre algunos gobiernos, sumado a la presión de algunos Estados observadores, impidió que se alcanzaran las intenciones iniciales del Congreso, dejando de lado los puntos esenciales del mismo.

A pesar de ello, los representantes plenipotenciarios de los Estados participantes pudieron obtener sendos acuerdos referidos a la defensa mutua de la soberanía estatal frente a la posible injerencia exterior, así como al establecimiento de un parlamento supranacional entre los Estados que participaron en el congreso. Todo ello se plasmó en el magnífico tratado “De Unión, Liga y Confederación Perpetua”, que fue ratificado, penosamente, por solo un Estado.

Sin embargo, en este punto es necesario mencionar algunos aspectos de la visión de José Faustino Sánchez Carrión y el legado del Congreso de Panamá que han trascendido a pesar de la falta de consenso en esta reunión diplomática. En primer lugar, la participación de Sánchez Carrión en el establecimiento de una República resulta admirable. “El Solitario de Sayán” inspiró a que se adopte un tipo de gobierno dirigido al reconocimiento de derechos desde el punto de vista ideológico liberal, sin dejar de valorar la importancia del multilateralismo y la cooperación con Estados hermanos que sirvieron al objetivo libertador de las naciones hispanohablantes. En segundo lugar, significó un primer acercamiento entre las naciones hermanas de Latinoamérica con la finalidad de establecer una cooperación intracomunitaria, así como de formar algunos ideales históricos que permanecen vigentes y que son materia de constantes acuerdos y tratados.

Finalmente, el legado más importante de esta iniciativa fue la idea de implementar una unión sólida y fortalecida entre países latinoamericanos. Es así como ese interés inicial promulgado en el Congreso de Panamá significó una inspiración en teoría y práctica para el establecimiento de distintos cuerpos jurídicos de derecho internacional y comunitario, como lo es hoy la Organización de Estados Americanos (OEA), así como el establecimiento del Parlamento Latinoamericano y al Acuerdo de Cartagena.

José Faustino Sánchez Carrión no solo fue importante para las relaciones diplomáticas primigenias de la República del Perú, sino que también marcó el inicio de una política coherente y sostenida en el tiempo, situando al multilateralismo en un pedestal importante de la política exterior peruana y blandiendo el estandarte de la cooperación con nuestros hermanos en la región. Este legado perdura hasta hoy, continuado por la resaltante labor de los distintos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y el interés perpetuo del Estado peruano por mejorar las relaciones con sus pares en la sociedad internacional.

En conclusión, en el contexto de nuestro más reciente bicentenario, es fundamental evocar y refrescar las acciones de José Faustino Sánchez Carrión, quien, por medio de su actuación en la historia peruana, de sus misivas, su aporte en la primera Constitución, en la estructura de la República y en el inicio de nuestra política exterior basada en el multilateralismo, se ha ganado un sitio trascendente y especial entre los históricos precursores de nuestra nación y nuestra diplomacia.

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