Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
1.
Una lechuga solitaria sobre el dintel de un negocio en la calle Capón anuncia que aquí llegarán los leones llenos de buenos augurios. Con su parafernalia y movimientos acrobáticos recorrerán de cabo a rabo el local.
El sonido de los platillos y los tambores anuncian que ya están cerca y en el Barrio Chino los curiosos se acercan para acariciar sus lomos, para que los leones los hagan valientes y fuertes, y tengan buena suerte en sus vidas y familias en este año nuevo lunar que empieza.
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Con el ruido de los cohetones y sus colores brillantes, los leones despertarán y harán huir en dos patadas a los malos espíritus que se han apelmazado en el establecimiento comercial. Entonces, la suerte llegará a estos locales vestida de color rojo.
“Lo que promueven los danzarines es que haya mucho público; la gente se sofoca y hay mayor demanda de helados y pasteles. Es bueno para los negocios”, dice Gloria Wong, quien lleva 30 años trabajando en el centro de Lima.
En cambio, en las celebraciones 2021 del año nuevo lunar no hubo bulla ni algarabía. Gloria recuerda que en febrero del 2021 los negocios del Barrio Chino, como el Tai Heng, donde ella trabaja, solo pudieron habilitar algunos locales por las medidas de bioseguridad y distanciamiento social, y muchos trabajadores recién retomaron sus labores al mes siguiente.
2.
“Gong hei fat choy”. En chino quiere decir “Te deseo buena suerte”. Entre sonidos del gong, campanas y música mística suave del Lejano Oriente, John Choy limpia las auras, desde hace 25 años, en su diminuto puesto en la misma calle Capón, la siete del jirón Ucayali, en el centro de Lima.
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Hay una cola larguísima de gente que espera su turno y dos ciudadanos venezolanos lo ayudan a mantener el orden. Con calma de buda, Choy explica que lo del año pasado, con sus restricciones para los negocios de la zona, se debía también a que fue el año del búfalo, con muchas secuelas del 2020, el año de la rata, que pocos queremos recordar.
Este martes 1 de febrero, el recibimiento del Año Nuevo chino comenzó con cautela, con mascarillas y poca aglomeración de público, cuando entre las 9:30 y 10:00 se dio el pasacalle con los danzantes de leones.
Hoy, la tradición corre por cuenta de los jóvenes mestizos de la comunidad chino-peruana, los tusán. Ellos se encargan de revivirla y fortalecerla.
Choy explica que el año del tigre es un año aguerrido, mucho coraje, como para meterle sus zarpazos y estatequieto al covid-19. Será un calendario atrevido y dinámico.
“Es el año de aceptación, valoración y adaptación a los cambios. El tigre viene con el elemento agua para limpiar, purificar, operar toda la suciedad que se inició desde el 2020”, dice Choy. Agrega que los peruanos saben adaptarse a las nuevas culturas y han recibido muy bien a las tradiciones chinas, que cada año suman más creyentes. Esta tradición no crea celos de los apus ni de la Pachamama. Por el contrario, ayuda a las personas a perseverar en sus sueños.
3.
En la lechuga hay un sobre rojo donde está la colaboración de los empresarios para la asociación de danzarines que mantiene vive la tradición de cada Año Nuevo chino.
El público busca acariciar al dragón, coge sus cachitos, se toma selfies porque cree que le traerá mucha suerte, riqueza.
En el mercado del Barrio Chino, Kelly “Bambú” no se da abasto hoy para vender maracas rojas y amarillas, ruda china, bambúes que la gente pide en ramilletes combinados, desde 10 soles, para que la buena suerte llegue con su zarpazo de tigre benigno a sus hogares. El año pasado fue muy distinto, la vendedora de flores recuerda con amargura que a las justas sobrevivió su negocio, con el que lleva ya dos décadas.
Bajo el Arco Chino, en el cruce de Andahuaylas con Ucayali, los municipales en eterna discusión para poner en raya a los ambulantes que venden galletas de la fortuna, amuletos, dorados tigres de todos los tamaños, desde 3 soles la unidad hasta multiplicar por 10 su tamaño y precio, y banderas y viseras del Perú. Los locales místicos tienen colas de usuarios achicharrándose bajo el sol, también un local de apuestas luce cola más larga que el banco. Y en los chifas no hay mesa vacía (con carné de vacunación en mano, claro está).
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El vigilante tiene el encargo de no dejar pasar a nadie en el local de Paruro de la Sociedad Central de Beneficencia China. Adentro, los directivos están un poco contrariados porque no han autorizado la salida de los leones y todo ha sido por riesgo de los danzarines. Afuera, lo de los leones, ha renovado el aire. Y hasta juran que Perú ganará a Ecuador, no por menos a Gareca lo llaman Tigre, pura garra.
4.
La gente le pide a Jamie Lee y sus hijos Mei-lin, Sheng y Aika una foto. La familia luce elegantes trajes típicos chinos. Como en todo hogar de ascendencia asiática, en el día del año nuevo lunar no se cocinó en casa para que el dios del fuego tome sus maletas y parta lejos con sus discordias.
Hecho mano a la historia de Jamie: su abuelo, como muchos otros migrantes chinos, llegó por barco al puerto de Ilo; un hacendado de apellido Velarde lo adoptó. Ahora, Jamie está en un proceso legal para retomar el apellido original chino, Lee. Y el tigre le dará fuerza para seguir peleando por esta reivindicación familiar. Feliz Año Nuevo chino.