• JUEVES 12
  • de marzo de 2026

Editorial

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Editorial: los 80 años del Protocolo de Río de Janeiro

Esta etapa no hubiera sido posible sin la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que abrió las puertas a la esperanza para que nuestros gobiernos trabajen por la seguridad y el bienestar de los pueblos.

El documento, calificado como una sofisticada construcción política y diplomática, se suscribió el 29 de enero de 1942 tras el conflicto bélico del año anterior. Una de las grandes novedades aplicadas para nuestro país es la participación de la comunidad internacional en el proceso de paz que culminó con el protocolo mencionado. Estados Unidos, junto con Argentina, Brasil y Chile, firmaron como garantes de dicho acuerdo.

Además de pactar un compromiso de cese de hostilidades, se comenzó a definir una frontera común basada en la información geofísica existente en esos momentos. Cuando comenzó a ejecutarse, Ecuador decidió suspender la demarcación territorial de 78 kilómetros de la Cordillera del Cóndor en 1943.

Esta falta de demarcación originó otros conflictos armados focalizados en 1981, 1991 y el más importante en 1995, cuando tropas ecuatorianas incursionaron en territorio peruano en esta área.

Otra vez, las naciones garantes del Protoloco de Río de Janeiro se hicieron presentes para que ambos países acordaran el cese de hostilidades con la firma de la Declaración de Paz de Itamaraty el 17 de febrero de 1995 y, finalmente, el Acta de Brasilia de 1998, que fueron puntos de quiebre en nuestras relaciones bilaterales.

Gracias a estos dos documentos, impulsados por los cuerpos diplomáticos, el Perú y Ecuador viven en la actualidad una extraordinaria y envidiable relación diplomática, pero también empresarios, académicos, organizaciones religiosas y populares desempeñaron un importante papel en su apuesta por la paz. Somos dos pueblos que tenemos las mismas raíces culturales, idioma, religión y una geografía común que hoy vemos como nuestro camino en la integración.

Pruebas del cambio pueden observarse en lo económico. Si en 1994, antes del conflicto, el intercambio comercial llegaba a 243 millones de dólares; en el 2019 se superó los 2,400 millones, es decir, prácticamente se multiplicó por diez.

La mutua confianza también se expresó en los 14 gabinetes binacionales organizados hasta la fecha, mecanismo de la alta diplomacia que tiene como propósito solucionar problemas fronterizos del que ambos países son pioneros en el continente.

Nuestras fuerzas armadas y policiales combaten en forma conjunta a los nuevos enemigos de la seguridad: el narcotráfico, el tráfico de personas, la minería ilegal y la tala ilícita.

Esta etapa no hubiera sido posible sin la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que abrió las puertas a la esperanza para que nuestros gobiernos trabajen por la seguridad y el bienestar de los pueblos.