Opinión
Periodista y sociólogo
Este alto conocimiento hídrico adquirido en siete siglos de existencia, también les aconsejó que sus ciudades debían estar ubicadas en las partes altas y un tanto lejos de los ríos, lagos o lagunas (Cahuachi, la principal, está a una distancia de más de diez kilómetros del río Grande), previniendo posibles inundaciones. Por ello vivieron 200 años más, después de la gran inundación.
Esto daría mayor validez a la teoría inglesa del suicidio ecológico por la destrucción del huarango, que no solo tenía –y tiene– funciones ecológicas muy importantes (conservación del suelo, microclimas, barrera verde para los desastres naturales), sino también importante fuente de subsistencia para los nazcas (alimento, combustible, vivienda, vestido, fertilizantes, etcétera).
Ni las ofrendas al dios Kon, con máscara de felino y forma humana sin huesos ni carne, pudo detener la desertificación de la zona y el abandono repentino de la gran ciudad de Cahuachi. Pero también respiraban sobre sus hombros los feroces guerreros waris con ansias conquistadoras, y un nuevo dios, Pachacámac, surgía para borrar todo lo creado por Kon, menos los inmensos dibujos en las pampas de Nasca, que algunos le otorgan origen extraterrestre (María Reiche dijo que era un gran calendario astronómico de 50 kilómetros; y estudiosos japoneses, que eran el centro de ritualidad de varias culturas) y su conocimiento del agua.
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