• LUNES 16
  • de marzo de 2026

Opinión

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ANÁLISIS

¿El final de los tanques en la guerra?

Algo que nos queda claro es que cada tiempo el nivel de violencia sube hasta llevarnos a límites nunca antes vistos.


Editor
José Lizarbe

Periodista


El director de cine japonés Akira Kurosawa nos muestra este tránsito de lo antiguo a lo moderno. En la película Ran vemos samuráis armados con sus magníficas espadas, enfrentando a ejércitos armados con fusiles. Mientras un samurái entrenaba desde su nacimiento en el uso de la espada y el caballo, un soldado con fusil apenas necesitaba meses. Pero, enfrentados, no importaba la centenaria tradición japonesa: la pólvora acabó con los samuráis, lo mismo que la caballería. Ambos borrados con millones de espoletazos.

En la Primera Guerra Mundial, el mundo presenció asombrado el uso de tanques de guerra, vehículos con orugas capaces de aplastar cualquier carga de caballería y convertirse, en forma literal, en una moledora de carne. ¿Qué ejército sería capaz de enfrentar caballos contra tanques? Un ejército que no se actualizó. Que aplicaba tácticas de guerra del siglo XIX en pleno siglo XX. De hecho, Polonia lo hizo en la Segunda Guerra Mundial, ante el asombro del propio invasor alemán, que no conseguía entender cómo miles de soldados valientes entregaban su vida con tanta facilidad frente al demoledor avance enemigo.

Si bien estas máquinas deben haber aterrorizado a los veteranos de las dos primeras guerras mundiales, ellos jamás imaginaron un escenario en el que estos invencibles tanques se convertirían en una tumba de acero para sus ocupantes a causa del uso de los misiles Javelin, los drones turcos y otras armas. Hablar del declive de los tanques de guerra, con poco más de un siglo de existencia, tiene ahora la misma relevancia como cuando se pensaba pasar al retiro a la caballería, tras la invención de la ametralladora Maxim. Quién lo diría. Los tanques son presas de lobos y águilas solitarios, que apenas los detectan son convertidos en fierros retorcidos. El escenario que describen las cámaras de televisión nos evocan a la llamada Autopista de la muerte, durante la Guerra del Golfo. Entonces, decenas de kilómetros de la Autopista 80 de Kuwait fueron convertidas por la aviación estadounidense en un macabro cementerio de seres humanos, tanques y carros de transporte.

Hoy, en la guerra de Ucrania, los noticiarios hablaron hace poco del convoy ruso de 60 kilómetros. Algunas agencias refieren que de ese convoy se han destruido más de 1,200 blindados, tanques y carros de combate rusos; frente a menos de 300 del ejército ucraniano. Pero estas son versiones brindadas por Occidente y bien sabemos que la primera “baja” es la verdad. De modo que la duda tendrá que ser nuestro filtro de informaciones.

Estamos ante algo nunca antes visto: los celulares de cualquier ciudadano, soldado e incluso los mismos drones pueden enviar en cuestión de segundos cruentas imágenes a todo el mundo, algo que nos convierte en una suerte de testigos, en vivo, de esta guerra y nos hace cuestionar nuestro papel en ella. Es tal el efecto que la sangre derramada y las culpas parecen salpicarnos. Otro hecho dramático es saber que uno de esos equipos de misiles Javelin cuesta menos de 200,000 dólares (el propio misil vale 78,000 dólares), mientras que un tanque ruso T-90 está valorizado en 2.3 millones de dólares. Resulta inevitable encontrar una analogía entre los soldados de infantería y los samurái, explicado líneas arriba.

“Rusia emplea viejas tácticas, usadas en la Segunda Guerra Mundial, por eso tiene enormes pérdidas”, escuché decir a un especialista militar. Esto nos recuerda a Polonia, al enfrentar a la blitzkrieg alemana. ¿Puede una superpotencia militar como Rusia llegar a este craso error? Quizá estos comentarios, la pérdida de soldados y vehículos blindados, el atraso del avance de sus tropas, la muerte de varios de sus generales o todo esto junto motivaron a Putin a lanzar sus misiles hipersónicos para tratar de inclinar la balanza a su favor. El mensaje es corto y claro: “Recuerden que tengo más armas y que todavía no las he usado”.

¿Estamos ante el fin de los tanques de guerra? Llegado hasta este punto y por todo lo expuesto, poco me importa saber la respuesta. Lo más importante son las vidas humanas de tantos civiles e incluso soldados que han visto su mundo transformarse en un infierno de la noche a la mañana debido a la falta de entendimiento de unos pocos. Algo que nos queda claro es que cada tiempo el nivel de violencia sube hasta llevarnos a límites nunca antes vistos. ¿Hasta qué otros niveles nos llevará esta guerra? Solo Dios lo sabe.

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