• MIÉRCOLES 8
  • de abril de 2026

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Letras

Presentan poemas sobre Lima escritos en últimos 50 años


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Una urbe como Lima puede ser un espacio romantizado. O nuestro odiado espejo donde vemos nuestros defectos. La odisea del día a día por sus calles. La suma de los recuerdos agridulces de transeúntes perpetuos. Un buen plato de comida. Un racimo de besos. La bendición de un Cristo Morado.  

Se puede ver desde fuera, haciendo zoom out (Esta ciudad llamada Lurigancho será como cualquiera de las otras: una nave repleta de trapos, como escribe Fernando Pomareda) o contarlo concéntricamente desde su ombligo (Alza pues, Oh Lima, tus murallas/ de pálida neblina y humos idos:/ que en un idioma afín de vagos ruidos/ nos diga ahora el viento de lo que callas, apunta Jorge Frisancho).

Me tomo un chilcano en un bar con piso-aserrín para embeberme mejor estos versos sobre nuestra Lima:

Oigan animalitos y hombres desterrados, la puerta de Lima/ está abriéndose […] Ahora ya está abierta para todos. Mostrando sus entrañas de locura y agua muerta, la ciudad/ de Lima está aquí, versaba el poeta characato Cesáreo Martínez.

A punta de versos, los poetas han afilado sus plumas contra esa materia palpable e informe, a veces racista, otras, querendona; a veces matriarcal, otras, machista, que llamamos capital.

En Lima los microbuses llegan siempre cuando ya/ es tarde y traen historias de fracasos en cada/ letra de su recorrido (escribe Montserrat Álvarez, “En Lima”).

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En Lima escrita. Arquitectura poética de la ciudad 1970-2020 (Lima, Intermezzotropical, 2021), el escritor Carlos Villacorta Gonzales selecciona más de 60 poemas escritos en el último medio siglo; los ha agrupado en distintos tópicos para visualizarlos mejor.

En este trabajo se entrecruzan generaciones distintas de poetas, miradas desde la tradición poética limeña, desde la marginalidad y la migración. El corte generacional nos permite.

Años setenta

El punto de partida del libro son los años setenta, tiempos del gobierno militar; cuando se da un “quiebre” en Lima como espacio donde ya dominaba el “desborde popular”, mencionaba José Matos Mar.

En estos dos quinquenios surge Hora Zero, grupo poético fundamental para comprender los nuevos vientos de la ciudad. Buscarán, como recuerda Villacorta, “democratizar el lenguaje literario urbano al hacer partícipes a diferentes poetas de la capital y del país dentro del campo literario”.

Lima recibe y repele a sus nuevos vecinos. Juana Cabrera se ha quedado en la calle./ Su casa ha sido demolida mientras brillaba el sol, escribe Juan Ramírez Ruiz.

El otro fundador del movimiento horazeriano, Jorge Pimentel, prefiere hacer caminar por la urbe y sus luchas al poeta de Una temporada en el infierno:

Rimbaud apareció en Lima un 18 de julio de mil novecientos setenta y dos […] Se le vio por la Colmena repartiendo volantes de apoyo a la huelga/ de los maestros y en una penosa marcha de los obreros trabajadores (“Rimbaud en Polvos Azules”).

Y el tercer eje/ojo horazeriano, Enrique Verástegui, aseguraba que es una ciudad de gente enferma: Yo vi caminar por las calles de Lima a hombres y mujeres/ carcomidos por la neurosis,/ hombres y mujeres de cemento pegados al cemento aletargados/ confundidos y riéndose de todo. (“Salmo”).

La “década perdida”

Lima de los años ochenta es la del retorno de la democracia, de los televisores technicolor, la salsa sensual y el pan popular. Es, también, la nuestra “década perdida”, por el avance de Sendero Luminoso y los gobiernos de Fernando Belaunde y Alan García.

En poesía, es la ciudad del Movimiento Kloaka y la poesía escrita por mujeres abre a la fuerza su propio espacio. Dalmacia Ruiz-Rosas afirma que La fórmula de la dicha/ se encuentra escrita/ en neón en/ los cielos de Lima. Y Carmen Ollé asegura Lima es una ciudad como yo una utopía de mujer […] El color del mar es tan verde como mi lírica/ verde de bella subdesarrollada.

Es, también, el momento de una novísima cartografía poética construida por mujeres. “Esta nueva poesía –apunta el antologador Carlos Villacorta– se lanza a recorrer los espacios privados y públicos de la urbe”.

El paraíso de los poetas está lleno de señoras que van al mercado/ Y viejecillos que te observan a hurtadillas desde sus ventanas/ como antiguos fantasmas (“First draft”, Victoria Guerrero).

Como señala Villacorta, la violencia social irá aumentando durante la década de los noventa, la del gobierno autócrata de Alberto Fujimori, de cuando en solitario el alcalde Alberto Andrade recuperó espacios del comercio informal.

Si los setenta fueron el discurso conversacional y coloquial en la poesía, las décadas siguientes las marcará el neoliberalismo llevado a la práctica poética como “discurso competitivo, salvaje e individualista”, precisa Villacorta.

Las primeras dos décadas del siglo XXI solo enfatizan este camino, se ha reducido la pobreza, pero han aumentado las diferencias entre ricos y pobres. De todo eso habla la poesía. Entonces, me quedo con el verso de Roxana Crisólogo: Me voy a Lima a reencontrarme con mis paisanos que también/ como yo están de paso y lo han visto todo.