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Medicina

Manos que salvan vidas: Hoy es el Día de la Cirugía Peruana

Pensó que por herencia y por tradición, se dedicaría a la Ingeniería Agrónoma, pero el ímpetu, carácter y vocación de servicio que observó en su madre, doña Yolanda Angulo de Broggi, ganaron. Entonces Alfredo Broggi Angulo, eligió ser médico cirujano.

“Desde el vientre de mi madre he recorrido los pasillos de los hospitales de Ica y, por mi madre, he estado siempre relacionado con médicos”, comenta el médico iqueño. Doña Yolanda, enfermera de profesión, fue la artífice de llevarlo a la medicina y luego, al arte de la cirugía.

A los 16 años, el futuro médico inició sus estudios en la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica. Al terminar la carrera, el internado y el Serums, aspiró a un peldaño más: realizar el posgrado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

“Tenía un abanico de más de 40 especialidades médicas y quirúrgicas, me emocioné”, recuerda. Pero optó por la cirugía de cabeza, cuello y maxilofacial, una especialidad que en la década de 1990 no tenía mucha demanda en el país y decidió consolidarla.

Luego de tres años de especialización, se convirtió en el fundador del servicio de Cabeza y Cuello Pediátrico del Perú y Sudamérica.

En sus más de 30 años de carrera profesional como cirujano, el doctor Broggi ha realizado operaciones para corregir malformaciones congénitas, tumores de cuello o tiroides, así como fracturas y reconstrucción de cara.

“Para ser cirujano hay que tener vocación, dejar atrás los miedos y los temores, ser arriesgado, intrépido y muy dedicado”, dice.

Se inició en cirugías de adultos, pero hacerlo en niños es la mayor satisfacción. “Ver la recuperación y la sonrisa de un niño después de una cirugía compleja, me llena el corazón”, cuenta el doctor Broggi. A sus 62 años es director médico del Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSN-SB).

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Su curiosidad por la Medicina empezó cuando asistía en la secundaria a los cursos de Ciencias, Biología y Anatomía.

Martín Bedoya Rivera, natural de Piura, es un joven médico cirujano de 39 años, un apasionado por la cirugía cardiovascular pediátrica.

En su casa no tenía un modelo a seguir en el área médica, pero siempre contó con apoyo incondicional de su madre, Aura Rivera. “Aunque no ingresé a la Facultad de Medicina en el primer intento, nunca renuncié a mi sueño de ser médico”, cuenta.

Fueron más de 15 años de estudios hasta completar la especialidad. “La cirugía es un reto, pero para mí la cirugía cardiovascular pediátrica fue un flechazo, un deseo de superación constante”, expresa con emoción.

En sus inicios realizó cirugías cardíacas no complejas como la corrección de una comunicación interauricular (CIA) o interventricular (CIV). Hoy, con más experiencia, realiza cirugías más avanzadas como la corrección de transposición de grandes vasos.

Además, emplea terapias modernas como la oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO), en pequeños pacientes que lo requieren posterior a una intervención cardíaca.

El doctor Bedoya se emociona cuando narra cómo la cirugía cardiovascular cambia la vida a los niños. Es una especialidad que permite modificar la anatomía y, por lo tanto, la fisiología del corazón cuando está enfermo.

“Uno puede apreciar cómo los niños cianóticos (niños azules) se tornan rosados al finalizar la cirugía y eso es reconfortante”, explica. Hay mucho por aprender e innovar y es otro reto que asume todo el equipo de cirujanos cardiovasculares del INSN-SB.

Bedoya se refiere, en específico, a los trasplantes de corazón en niños. “Los cirujanos tenemos que seguir usando nuestras manos para ayudar a los niños. Ellos tienen un futuro por delante y vale la pena ayudarles”, comenta mientras se prepara para la siguiente cirugía.

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Azul (de 13 años) y Abigail (16) se sienten casi hermanas. En enero, fueron sometidas a un trasplante de riñón. La cirugía compleja que las benefició se dio gracias a que familiares de un donante cadavérico permitieron brindarles a ambas una segunda oportunidad de vida.

Fueron las manos de los cirujanos de trasplante las que hicieron posible verlas correr, bailar, estudiar, sonreír y rehacer su vida.

“Gracias a los cirujanos por ayudarnos a cumplir nuestros sueños”, dijeron las adolescentes.

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La directora general del INSN de San Borja, la doctora Zulema Tomas, se siente orgullosa de dirigir un equipo de profesionales calificados y entregados a salvar la vida de los niños.

En el Día de la Cirugía Peruana, el nosocomio samborjino reconoce la labor de este equipo calificado que en pandemia no ha dejado de atender.

Aquí se realizaron 11,187 intervenciones quirúrgicas. Solo en lo que va del año ya se han concretaron 1,350, con mayor demanda en las áreas de Quemados, Neurocirugía, Cirugía pediátrica, Traumatología y Cirugía Cardiovascular.

Es una carrera sin horarios, donde el cansancio pasa al segundo plano. Prima el deseo de usar el arte en las manos así y la concentración para sacar adelante a los niños con enfermedades complejas que requieren una cirugía.

Cifra

36,086 cirugías de alta complejidad se han realizado en más de 8 años en el INSN-SB.

Datos:

En el INSN-SB trabajan 97 médicos cirujanos distribuidos en 6 ejes de atención: 

Neurocirugía, Cirugía neonatal y pediátrica, Especialidades Quirúrgicas (Cirugía plástica, Cirugía de cabeza, cuello y maxilofacial, Cirugía de tórax, Ginecología, Oftalmología, Otorrinolaringología, Traumatología y Urología), Cardiología y Cirugía cardiovascular, Quemados y Trasplante.

Atienden a niños con malformaciones congénitas, cardiovasculares, quemaduras graves, malformaciones neurológicas y de columna, tumores cerebrales, leucemia, trasplantes.