Editorial
En cualquier empresa pública o privada, el trabajador es el recurso más importante y el que ofrece todo su esfuerzo y talento al servicio de la producción de bienes y servicios. En la historia, el obrero, proletario, operario o empleado ha tenido que bregar para que sus derechos se conviertan en realidad y lograr su pleno bienestar.
En el contexto de la revolución industrial entre 1760 y 1840 se recuerda la lucha de los jornaleros de Chicago, que cansados de horarios de 12 a 18 horas buscaron dividir las 24 horas del día en “ocho horas dedicadas al trabajo, otras ocho para educación y, por último, ocho horas de descanso”.
El 1° de mayo conmemora la gran manifestación desplegada en esta fecha en 1886, cuando 200,000 obreros salieron a las calles para protestar por las pobres condiciones laborales. El reclamo se prolongó por varios días hasta que el estallido de una bomba en una estación policial dio origen a un controvertido juicio que sentenció a la horca a cinco obreros.
Antes de los mártires de Chicago se registró el caso de los operarios textiles de Lancashire, Inglaterra. Hombres, mujeres y niños tenían que vivir prácticamente al lado de las grandes máquinas. Los obreros pasaban largas jornadas sin descanso, malnutridos y enfermos dormían en improvisadas camas porque temían perder su ocupación y caer en la miseria.
El trabajador peruano vive hoy en medio de históricos problemas estructurales, como la ausencia de oportunidades, la falta de capacitación y la desigualdad de oportunidades laborales entre hombres y mujeres.
Recientemente, la pobreza se agravó con la pandemia y creó mayor desempleo e informalidad en los últimos dos años. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la PEA en el 2021 fue 14.9% más que en el 2020 y solo 0.1% por debajo del 2019.
Pero cuando se analiza por procedencia y género, las brechas estructurales aún siguen vigentes. Un ejemplo es la informalidad. Mientras que el 71.4% de los trabajadores urbanos tiene esta condición, en el sector rural llega a 95.4%.
Con respecto al género, el 61.1% de las mujeres se encuentra desempleada en Lima, mientras que el 38.9% está en esa misma situación.
El gobierno del presidente Pedro Castillo está comprometido en conseguir que el trabajador obtenga una remuneración equitativa con la finalidad de que él y su familia alcancen el bienestar material y espiritual.
Por tal motivo, con grandes esfuerzos, se aumentó la remuneración mínima vital a 1,025 soles y se mantiene una política de resguardo de los intereses de los trabajadores. Feliz día, trabajador peruano.