Opinión
Embajador de Rusia en el Perú
Ya en el 2020 los expertos del Programa Mundial de Alimentos alertaron sobre el peligro de la hambruna de proporciones bíblicas a causa de desastres naturales, la forzosa transición galopante a la energía verde, las consecuencias del covid-19, incluyendo la política económica de los países desarrollados en este período, los conflictos, etcétera. Nadie está hablando, por ejemplo, de las causas iniciales de las crisis alimentarias en Afganistán, Siria y Libia, en Irak. Como resultado, en el 2021 el precio del trigo subió 25%; el petróleo, 22%; el gas hasta 50%; y los fertilizantes en 2.5-4 veces.
En vez de emprender esfuerzos comunes para reactivar la economía mundial, los países occidentales impusieron sanciones unilaterales que afectan a varios países desde hace mucho tiempo, y contra Rusia desataron un pleno bloqueo económico, adoptando más de 10,000 sanciones. A raíz de esto observamos la ruptura de cadenas financieras, logísticas y de transporte. Las así llamadas exenciones funcionan solo en el papel, ya que los bancos y empresas están aterrorizadas por los países autores de sanciones. Estas restricciones crean barreras artificiales que impiden las exportaciones de fertilizantes de Rusia y Belarús, lo que podría causar la baja significativa de la productividad agraria en el mundo.
Culpan a Rusia por impedir la salida de la producción agraria de Ucrania por vía marítima, mientras que Rusia diariamente abre un corredor humanitario seguro para que los barcos puedan salir de las aguas territoriales ucranianas. Es Kiev el que prohíbe la entrada y salida de los barcos, mina los puertos y aguas adyacentes de manera caótica, sin mapas, bloqueando 75 barcos graneleros de 17 países en sus puertos.
En este contexto, no podemos dejar de abordar el tema de la exportación del grano ucraniano en general. La mayor parte de la cosecha de trigo para exportación fue sacada de Ucrania a finales del 2021, lo que causó el alza de precios de pan en este país, según la propia prensa ucraniana. Los principales importadores de maíz son los países europeos, no afectados por la crisis alimentaria. Según los propios políticos occidentales y la prensa, el grano lo sacan de Ucrania activamente por ferrocarril y con embarcaciones por el río Danubio. Desde febrero no se hicieron exportaciones humanitarias de trigo ucraniano. No vamos a tocar el tema de la seguridad alimentaria de Ucrania, es un asunto de su gobierno. Queda la pregunta, ¿hacia dónde sacan todo este grano? Como entendemos, así Kiev paga por las armas suministradas por Occidente.
¿Cómo todo esto contribuye al fortalecimiento de seguridad alimentaria mundial que tanto les preocupa a los países desarrollados? No podemos hacer nada con el deseo maníaco de Occidente de “quebrar la columna vertebral” de la economía rusa y, al mismo tiempo, destruir su propia economía y el bienestar de sus ciudadanos. El problema es que en el contexto de su guerra del poder en Ucrania contra Rusia, el mundo en desarrollo está tomado como rehén y puesto al borde de la hambruna. En estas condiciones, los intentos infundados de echar toda la culpa a Rusia no solo son absurdos, sino también sacrílegos. Siendo un suministrador confiable, Rusia continuará exportando tanto los alimentos y fertilizantes como hidrocarburos, incluyendo los programas humanitarios. El embargo solo se aplicaría a los países “no amistosos”, que difícilmente corren el peligro de inseguridad alimentaria.
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