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En Tupe, más grandes que chicos hablan el jaqaru, una lengua aglutinante y originaria que prácticamente está circunscrita al distrito y que está en serio peligro de extinción. Si no fuera por valientes adultos mayores como Rosalbina y Herder, usuarios de Pensión 65, quienes se han autoimpuesto la responsabilidad de prolongar su idioma materno en las nuevas generaciones, la lengua seguramente ya habría muerto.
Ella y él, así como varios otros adultos mayores de las comunidades de Tupe, Ayza y Colca, son los guardianes de la lengua jaqaru. Empeñados en esta sobreviva, apuntan su labor defensiva en niños y niñas, quienes como jugando escuchan sus historias y aprenden la lengua de sus padres y abuelos.
Pequeña gigante
Rosalbina Valerio Valerio tiene 84 años y es la adulta mayor más popular de Tupe. Bajita de estatura, se agiganta a la hora de desempeñar su tarea de conservación de la cultura jaqaru. En el marco de la intervención Saberes Productivos, Rosalbina suele asistir al colegio de la localidad para brindar charlas en su idioma materno a niños y niñas de primaria.
La estrategia que ella usa es contar historias, de una manera amena y jocosa. Así logra que la lengua jaqaru perdure y hereda las tradiciones de Tupe a los más pequeños. Por ejemplo, Rosalbina suele narrar una historia que se desarrolla en la cueva Tup-Chuschu, donde cuenta la tradición oral que se refugiaron los pobladores de Tupe durante la conquista española. También cuenta que conoció a descendientes de los primeros conquistadores que llegaron al pueblo.
La guardiana del jaqaru, soltera y quien sufre de una dolorosa enfermedad en las articulaciones que ya ha deformado sus manos, llegó a la adolescencia aspirando a ser profesora o enfermera, pero al fallecer sus padres su vida dio un giro de 180 grados, pues se dedicó al comercio y compartió su vida con su hermana Guillermina.
Recuerda que de pequeña su madre le hablaba todo en jaqaru y que descubrió el castellano en el colegio, donde solo pudo estudiar hasta quinto de primaria. Rosalbina es usuaria de Pensión 65 desde el 2012 y a partir de ese año su labor de enseñanza y conservación del jaqaru ha ido in crescendo. Ella siente que esa es la gran misión que la vida le deparó.
“Ya están partiendo los sabios del pueblo. Por eso, padres, profesores, autoridades, adultos mayores debemos ayudar a los jóvenes y niños para que practiquen nuestras costumbres y lengua. Esa es la mejor herencia”, insta Rosalbina, quien aseguró que seguirá transmitiendo el jaqaru mientras tenga fuerzas.
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El conservador de Ayza
Otro guardián del jaqaru es Herder Bartolomé Pallano Ángeles, de 82 años. Experto en la técnica agrícola de andenería, heredada también de sus ancestros, Herder enseña el jaqaru a alumnas y alumnos de primaria en su comunidad de Ayza, en el distrito de Tupe. Con 5 hijos, 19 nietos y 3 bisnietos, disfruta mucho cantar el popular canto jaqaru Vakataki durante la herranza de vacas. “Aquí, en las comunidades Tupe, Ayza y Colca solo se habla el idioma jaqaru. Nuestros hijos desde pequeños aprenden esta lengua. Yo me considero un conservador del jaqaru”, dice Herder con sano orgullo.
Museo de saberes jaqaru
Las personas adultas mayores usuarias del Programa Nacional de Asistencia Solidaria Pensión 65, del Midis, residentes en el distrito de Tupe, conservan las expresiones culturales del pueblo jaqaru, asentado en esa zona de la provincia limeña de Yauyos, y las exponen en el recién inaugurado Museo de Saberes Ancestrales Jaqaru. El museo, implementado por la Municipalidad Distrital de Tupe, reúne textiles y otros artículos nacidos de la tradición jaqaru y gestados por la intervención Saberes Productivos, ejecutada por Pensión 65 y el gobierno local para revalorizar y reconocer a las personas adultas mayores como portadoras de conocimientos ancestrales y prácticas tradicionales. La muestra de dicha herencia de tradiciones locales tiene como finalidad transmitir todo ese bagaje cultural a las nuevas generaciones y evitar la pérdida de la lengua jaqaru. Según la data oficial del Ministerio de Cultura, el jaqaru es uno de los 55 pueblos indígenas u originarios que existen en el territorio nacional; y su idioma, en serio peligro de desaparecer, es una de las 48 lenguas indígenas u originarias que aún hay en el país.