• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Editorial

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La batalla de Junín

“¡Soldados!:Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud”.

La independencia proclamada por José de San Martín en Lima fue insuficiente para que el virrey José de la Serna renunciase a la continuación del Virreinato, y huyó a la sierra sur del país para rearmar a su ejército. Luego de recibir el apoyo de otras regiones aún dominadas por la corona española, se preparó para derrotar a las fuerzas patriotas, cuyo liderazgo había caído en manos de Simón Bolívar.

El Ejército Libertador tenía un propósito muy claro. Ningún país de las Américas podía ser realmente libre y soberano si se mantenía el Ejército realista en nuestro continente. Por eso, la campaña bélica, primero para Junín, y luego Ayacucho, era una necesidad histórica para terminar con el yugo español.

En este contexto, el rey Fernando VII dio un golpe de Estado en España en 1823 y abolió la Constitución libre de Cádiz. Este hecho provocó una profunda división entre los realistas del sector liberal y aquellos que deseaban mantener el poder absolutista del monarca.

No pasó desapercibido para Bolívar que el general Pedro Olañeta se amotinara contra el virrey José de la Serna, que debió enviar un ejército de 5,000 hombres al Alto Perú para luchar contra los rebeldes.

Por eso, Bolívar mandó su ejército a la sierra central para aislar al del general José de Canterac en este momento de fragilidad. Antes de la batalla en Junín, el Libertador arengó a sus tropas “¡Soldados!: Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud”.

El combate entre 8,000 patriotas y unas 7,800 tropas realistas comenzó muy mal para los dirigidos por Bolívar, hasta que dos escuadrones de los Húsares del Perú realizaron una heroica carga por el flanco izquierdo del enemigo. De esta manera, los patriotas consolidaron una brillante victoria.

Las enseñanzas de esta victoria patriota las podemos recoger hasta hoy. La primera de ellas es la importancia de la unidad continental en momentos de crisis. Aquí nos unimos toda la región para derrotar a un adversario colonialista. Hoy, la misma unidad y decisión podría ser usada para combatir a otros enemigos comunes como son el subdesarrollo, la pobreza y la corrupción.

Destaca también el accionar de nuestros montoneros, aquellos hombres de los Andes que tuvieron un papel decisivo en la lucha por nuestra independencia al encargarse de hostigar, reconocer los movimientos de los enemigos y propiciar la deserción en el ejército que obedecía a De la Serna.

Hoy debemos rendir culto a los patriotas que dieron su vida para ver un Perú libre e independiente en la batalla de Junín, que fue decisiva para pavimentar la definitiva derrota realista en la batalla de Ayacucho cuatro meses más tarde.