• MARTES 2
  • de junio de 2026

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Folclor: con 52 años de trayectoria, Awatiñas se presenta por primera vez en Lima


Editor
José Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Con el éxito del sanjuanito “Vida ya no es vida”, el conjunto boliviano Awatiñas ha llegado a una nueva generación de seguidores en Ecuador, Bolivia, Perú, Chile, Argentina y más allá. En Europa, suma muchos seguidores desde la década de 1970. 

La canción, creación de Vidal Beltrán Conde, también se popularizó en nuestro país por sus versiones en cumbia y huaino contemporáneo, a cargo de Corazón Serrano y Antología, entre otros artistas. 

Sin embargo, en conversación con el Diario Oficial El Peruano, Miguel (vientos, charangón y voz) y Mario Conde (guitarra, vientos y voz), directores y fundadores de Awatiñas, lamentaron que los productores de estas versiones no les solicitaron el permiso respectivo. 

“Nos alegra mucho que lo hayan grabado en diferentes géneros. Pero si pertenece el tema a un autor, tienen que figurar en los créditos. Y el músico que graba tiene una responsabilidad al respecto”, opinan.  

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De gira por el Perú 
Awatiñas realiza por primera vez una gira por el Perú. Llegaron la semana pasada y ya se ha presentado en Puno, Arequipa y Cusco, con mucho éxito. 

Ahora cierran la gira en Lima con dos presentaciones: hoy, jueves 1 de setiembre, a las 8:00 p.m., en el Brisas del Titicaca; y el domingo 4, en el coliseo Puno.

Para el conjunto, Lima, en especial el aeropuerto Jorge Chávez, fue siempre una escala donde pasaban varias horas mientras esperaba los vuelos de conexión de La Paz a París y Bruselas, o viceversa. 

Música 
La amplia discografía del grupo, con más de una docena de álbumes, incluye éxitos como “Kullaquita” (casi un himno en su país), “Urphila”, “Taypikala”, “En los cocales”, “Awatiñas (Muchachos de gran corazón)” y, recientemente, “Warmi Luz”. En este último, reflexionan sobre la discriminación a las mujeres que usan polleras.  

En la portada de uno de sus álbumes más famosos, El inca Atahuallpa (1993), que salió como contraparte a los 500 años de la invasión española a tierras americanas, hay subtítulos que traducidos del aimara reivindican las culturas precolombinas: “Viviremos por siempre”, “Cuidemos y velemos por nuestra integridad”, y “Estamos obligados a comunicarnos porque somos seres humanos”. 

Los Awatiñas resaltan en su interpretación por la fuerza y juego armónico en el toque de sus zampoñas y el uso de varias voces. 

Como un mensaje de unidad y afirmando su identidad aimara, al inicio de sus presentaciones siempre incluyen un trabajo escénico como tropa de sicuris, con zampoñas y bombos. 

“Nosotros nos hemos quedado entre la música tradicional y media”, comentan. El grupo define a la “música tradicional”, como aquella que solo se hacía con percusión e instrumentos de viento; y la “música media”, aquella música mestiza que se da con la llegada de los españoles, los instrumentos cordófonos, las escalas musicales, rítmicas, y sus propias adaptaciones y apropiaciones del hombre andino. 

A ello sumemos la tarea del grupo en el rescate sostenido del idioma aimara y las melodías tradicionales, que van de la mano con sus propias creaciones. 

Compromiso social 
Todo ello sin dejar de lado su compromiso social, como parte de su filosofía de sociedad colectiva andina, que se traducen en el “compartir”. 

De esta manera, Awatiñas ha contribuido con parte de sus propios ingresos y canalizando apoyo internacionales con las comunidades del departamento boliviano de La Paz, arreglando colegios y calles y en campañas de salud, preocupados sobre todo en el futuro: los niños. 

Recientemente, el grupo lideró una campaña que ha permitido desparasitar a más de millón y medio de niños paceños, de 4 a 16 años de edad.  

“Hay que formar a los niños. Sin educación ni medicina, se verán afectados. Hay que seguir trabajando y generar conciencia”, explican.   

Dicen que caminan tranquilos por las calles de La Paz porque sienten que han cumplido en aportar a la Tierra Madre. “A veces los grupos nos dejamos llevar por la fama, que es tan bonita, pero debemos de pensar un poco en los demás. Con ese pensamiento nosotros, los Awatiñas, vamos a morir”, subrayan. 

Trayectoria 
Mario y Miguel Conde son fundadores del conjunto que nació en la ciudad de La Paz, en 1970. Su madre nació en el pueblo de Tiwanaku y ellos heredaron “la gran sabiduría de los abuelos”, que transmiten en sus canciones. Los Conde son músicos autodidactas y aprendieron en la familia y la comunidad a tocar diversos instrumentos. 

Los primeros cuatro años, recuerdan, la música fue sobre todo una cuestión amateur. A partir de 1974 lo toman con seriedad y el grupo se alista logró, primero, representar a La Paz en el recordado Festival Lauro de la Canción, que se realizaba en Cochabamba. Lograron ese año el segundo lugar. 

Ahí empieza la relación del grupo con el Viejo Continente. Unos promotores europeos los escucharon y les ofrecen presentaciones por tres meses, “y nos terminamos quedando en Europa más de 40 años, ¡es lo anecdótico!”, sonríe Miguel. 

Hoy, el grupo radica en La Paz y, por la pandemia y la guerra Rusia-Ucrania, la nueva gira por Europa se ha reprogramado para el próximo año. 

Un grupo familiar 
Awatiñas es canto de “jilatas” (hermanos, en aimara) y “kullakas” (hermanas). 

El grupo tiene por eje a la familia Conde. “Hacer un grupo es llevar una familia, con el respeto y la misma filosofía”, dice Miguel. 

Los Awatiñas hoy en escenario suman 12 integrantes. Mario y Miguel Conde comparten filas con sus dos hijos, además de cuatro sobrinos (los Beltrán Conde), hijos de su hermana mayor. También han agregado a la sonoridad el bajo y la batería. “Tenemos que avanzar, tener nuevos matices, pero sin dejar las raíces”, finalizan. 

Jallalla, Awatiñas.