• JUEVES 2
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Universidades inclusivas


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Entonces, es bajo esos parámetros globales que debemos considerar los avances reales en las instituciones universitarias. Esto significa que la política gubernamental del país y de las organizaciones universitarias son decisivas para ello. Esto se mide con las acciones que toman para resguardar y proteger a todo individuo a fin de que desarrolle su potencial, considerando sus particularidades y creando facilidades antes que obstáculos.

Por ello, una posición institucional que realmente cuide a las personas por lo que son es una exigencia cívica en esa búsqueda que hacemos todos por el bien común. Por lo tanto, preguntémonos cuántas de nuestras universidades realmente están liderando una educación inclusiva y qué iniciativas desarrollan para ello. El enfoque moderno de la educación es gestionar las diferencias a favor, en el que la heterogeneidad, la multiplicidad, las convivencias plurales son valores diferenciales. Una mentalidad retrógrada ve un problema el que exista una riqueza idiomática, que se solicite una igualdad de género respetuosa, que persista una saludable variedad étnica o se exija un diseño educativo para personas con discapacidad. En cambio, una visión innovadora nota justamente en ello una inmensa oportunidad. Además de ser la inclusión un asunto ético, tiene un valor social incalculable. El que cada persona sea reconocida por su valor en sí misma es un acto democrático en estado puro. Más que percibirlo solo como un deber moral hay que reenfocarlo como una generación de competencias y un eje transformador para ampliar la riqueza cultural y económica, además de la urgente apertura mental de nuestra sociedad.

Aunque las mentalidades tradicionales consideran que nuestra diversidad humana es un inconveniente, es imprescindible, más para sociedades tan complejas como la nuestra, que se entienda el absoluto valor de nuestra pluralidad. Asimismo, las universidades que tengan incorporado ello en todo su sistema académico-administrativo han entendido que son los lugares adecuados para una real educación de calidad y hondamente integradora. Ya no debe ser solo una promesa. Para promesas es suficiente. El liderazgo universitario, más allá de la naturaleza de sus fuentes de financiamiento, tiene que ser valorado por lo que aporta a la sociedad en términos de equidad e inclusión y no solo de las formalidades burocráticas que a veces impropiamente nos estamos acostumbrando.

Entonces, ¿cuántas universidades peruanas son inclusivas? La pregunta es ya un cuestionamiento cuya respuesta es tristemente inquietante.

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