• LUNES 18
  • de mayo de 2026

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FOTOGRAFIA
Artes gráficas

Pintura: 40 años de vigencia del artista arequipeño Ricardo Córdova


Editor
José Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Voy a bocetear a un artista. “Yo pinto interiores”, se define él, mientras camina entre bastidores de distintos formatos (“cada formato tiene su encanto”). En un segundo piso de una casa en Tingo, queda su estudio. Por sus amplios ventanales la luz ingresa para transformarse en arte.   

La terca apuesta de Ricardo Córdova (Arequipa, 1961) por hacer arte desde la Ciudad Blanca le ha valido el reconocimiento nacional e internacional. Con su amplio manejo de diversas técnicas pictóricas, no le hubiera sido difícil insertarse en la posmodernidad del arte, “pero siempre he querido trascender a partir de las raíces”, me confía.

Su reto fue llevar el paisaje arequipeño, tan conocido, a un escenario internacional “sin que se vea como una cuestión costumbrista”. Sus exposiciones convierten esa teoría en praxis. Como la exposición Ricardo Córdova. Cuatro décadas: Obra reunida, que nos adentra en su personal universo.

Etapas e intensidades

La primera parte de la retrospectiva, dedicada a sus óleos y arte-objetos, reúne más de cien obras suyas en el Centro Cultural de la Universidad Nacional San Agustín (UNSA), en la plaza de Armas arequipeña.

Resume la mayoría de las etapas por las que ha transitado su pincel, entre los años 1981 (fecha de su primera individual en Petroperú, en Lima) y el 2021. Como la colección “Metales”, con ferrocarriles y automóviles; los bodegones con frutas grandes y solitarias, “como si fueran personas”.

O su serie de “Marinas”, con espacios de arena y playa, vistos tras suaves cortinajes de sutiles juegos de luz. Y “Transfiguraciones”, una colección del 2014, que nació cuando alistaba una muestra sobre interiores para una galería limeña, y, por miope, envió erradamente fotos mal enfocadas. Le encantó el resultado y comenzó a buscar en herramientas con el Photoshop para crear este tipo de efecto.

Hay una serie sobre Santa Catalina: Córdova se inspira en detalles de su arquitectura y pone los cielos de intenso carmesí. El pintor alguna vez vio un cuadro en el convento arequipeño de su maestro Miguel Espinoza, y profundizó la idea con sus propios cielos escarlatas o rosados. A su vez, algunos de sus alumnos han continuado esta serie.

Lo contemporáneo

No se niega a las tendencias. “Por curiosidad intelectual” ha hecho inclusive instalaciones. Puso dos monigotes que parecían hacer el amor en un cuarto en una exposición. Y los cucufatos hablaron hasta con el obispo de Arequipa, pensando que era gente de carne y hueso y no una alegoría artística al ritmo de la pelvis.

“Las galerías están ahora con los happenings, las instalaciones; sin embargo, en las ferias de arte, el 90% es pintura, una distinta a la representativa-costumbrista, pero buenísima pintura rusa, noreuropea, asiática… Para mí es un complejo de inferioridad latinoamericano el tener que estar con lo último, pero, ¿realmente es producto de nuestra sociedad? Es impostada. Tengo la sensación de que hay algo que se mueve por debajo e impone movimientos artísticos que no son naturales”.

En el Cultural Norteamericano de Arequipa se ubica la segunda parte de esta gran retrospectiva. Reúne los dibujos y acuarelas que pinta desde la década de 1980.

La oficina del artista está hermoseada con una muestra de la típica acuarela arequipeña, “más representativa que de intención estética”. Obras de su profesor del colegio San José, Julio Morales Velarde; un Teodoro Núñez Ureta; dos cuadritos hechos por sus padres; y el primero que él pintó con solo 11 años.

Córdova ha escrito un libro donde sospecha de la tradición de la acuarela de su región. Arequipa, dice, fue una urbe sin desarrollo económico, que recién tuvo una gran escuela de artes en la década de 1950. “La sospecha es que algunos ingleses llegaron los primeros años del siglo XX y enseñaron acuarela en algunas casas de la burguesía arequipeña”. Pero hay grandes misterios, el principial es dónde la máxima figura del acuarelismo arequipeño, Teodoro Núñez Ureta, aprendió este arte.

“La acuarela era barata, fácil de hacer y de transportar. La parte mala es que al no haber escuela, los acuarelistas no aprendieron a hacer figuras, y cometieron una serie de errores con personas a las que les falta proporción en los paisajes. Eso quedó como una mala costumbre. Claro, hay excepciones como Miguel Espinoza, Ramiro Pareja, Hernán Souza, Luis Palao, que hacen paisaje cuando les provoca”, explica.

Felizmente, dice, ahora los jóvenes tienen recursos como el internet, tutoriales y profesores como que pontifican que la acuarela no es lo único norte como artistas.

Cuando se anunció el primer Concurso de Arte Michell, Córdova aprendió a pintar acuarela viendo en libros. Sacó mención honrosa en la edición 1981 y, al año siguiente, logró tres premios. “Yo era seguidor de los pintores norteamericanos Edward Hopper y Andrew Wyeth, sospecho que cuando me premiaron vieron en mi trabajo algo distinto, que no era la típica acuarela arequipeña”, dice.

Artista ordenado

Para cada exposición que ha montado, Ricardo Córdova realizaba el doble de bocetos. Y si ha llegado a la majestuosa cifra de más de 2,500 óleos pintados en más de cuatro décadas de labor artística, además de unas 400 acuarelas, y eso porque es “superordenado”. Sus colores en el estudio están en filas, por gama, del blanco al negro, de izquierda a derecha. Y cada cuadro tiene una ficha, con su nombre, fecha y técnica utilizada. Lo del fichero es una de las exigencias que ha trasladado a sus alumnos.

Su trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) por el orden lo ha aprovechado para su producción artística. Desde el colegio combinó diversas actividades con la pintura. Se le hizo normal conjugar todo con pintar: enseñar por las mañanas y pintar; trabajar-pintar; estudiar-pintar; pintar-hacer deporte. Además, que tiene la capacidad de pintar muy rápido. “Me acostumbre a pintar todo el verano para cumplir con las muestras”.

Me imagino un hombre pegado a un lienzo, que no deja de pintar. Por horas. Por días. Lo refuta. “Nadie puede mantener un ritmo de 8 horas diarias pintando; quien lo dice, miente. Se necesita mucha concentración, y no la puedes mantener mucho tiempo. Además, la vista se gasta mucho. Puedes estar 12 horas en un taller, pintando, revisando cosas, estirando la tela…”, dice.

En su fichero de abogado –lo único que le queda de los cuatro años que estudió Derecho– tiene fotografías que él mismo ha registrado por años, seleccionadas por temas: retratos, “paisajes verdes”, exteriores, arquitectura, viajes...

Le pregunto por qué dejó el Derecho ad portas de recibirse. “Para el Derecho tienes que ser muy calculador; todo es manejado por lo abajo. Es espantoso. Los secretarios mueven los expedientes. Pero no asumo esos estudios como una pérdida de tiempo. Estudiar da una visión global de las cosas. No hay nada peor que un artista ignorante. ¡Qué puede transmitir un artista ignorante si no es ignorancia!”.

El ritmo del pincel

Dos columnas de parlantes salvaguardan su caballete. El artista arequipeño necesita de la música, sobre todo el jazz, para trabajar. “La música es casi una forma de respirar”. Tiene discos compactos, casetes y un archivo con 2,500 canciones en formato mp3.

La música también está ordenada por colores: blanco para la música clásica; blanco con verde para lo instrumental y “música de ascensor”; roja para la salsa; anaranjado para latín jazz. Ahora ha dejado un poco ese orden porque tiene un nuevo aliado: Spotify. Lo dejo entre los pinceles y una luz que acompasa con el jazz.

Datos:

El artista ha realizado más de 40 exposiciones individuales en ciudades como Lima, Quito, La Paz, Miami, Santiago de Chile, Cochabamba y Stuttgart.

Suma también diversas muestras colectivas tanto en el país como en Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Italia y China.

Ricardo Córdova. Cuatro décadas: Obra reunida. Exposición de óleos y arte objeto, va hasta el 2 de diciembre en el Centro Cultural de la UNSA (calle Santa Catalina 101, Arequipa). 

Cifra

200 obras reúnen las dos exposiciones en el centro de arequipa.