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Vilberto Vergara Morales nació en Paiján, distrito de la provincia de Ascope, en La Libertad. Eran seis hermanos, y por ser el mayor de los varones tuvo que hacerse cargo del hogar cuando murió su padre, quien había dejado un pequeño alquiler de yuntas para el arado.
En esos días, mientras otros niños jugaban, Vilberto la pasaba trabajando en el campo. Ahí, donde casi todo es silencio, él fue capaz de apreciar la sutileza de los sonidos de la naturaleza, del viento cuando rozaba la maleza, de la lluvia cuando caía rendida en la tierra, del paso lento de los bueyes abriendo surcos en la tierra. Su oído se fue aguzando y aquello que primero fue un tarareo que imitaba sonidos, se convirtió en un canto a campo y pecho abierto.
Cantar para vivir
Para Vilberto, empezar a cantar fue como aprender a hablar: no lo dejó de hacer nunca más. Era casi un niño cuando descubrió que lo que más le gustaba era cantar. Escuchó y aprendió canciones de Javier Solís y Leo Dan. Hasta que alguien lo escuchó y descubrió que el pequeño Vilberto había nacido para cantar. Lo invitaban a presentarse en las fiestas de Paiján. En los matrimonios y cumpleaños su presencia era esperada por todos, hasta que un día le dijeron que tenía que irse del pueblo. Había llegado el momento de que su voz sea escuchada en todo el país.
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A los 23 años, con ayuda de algunos familiares que vivían en Lima, el joven Vilberto llegó a la capital con una maleta llena de sueños y los cancioneros bajo del brazo. En ese entonces, el programa más sintonizado en todo el Perú era Trampolín a la fama, que conducía Augusto Ferrando. Se presentó cantando “Pensar que tengo 20 años”, de Leo Dan y logró pasar a la segunda fase de la competencia; sin embargo, algunos problemas de salud y familiares lo obligaron a dejar la competencia y regresar a Paiján.
Hoy, 50 años después de un sueño que parece haberse quedado en el camino, Vilberto no se da tiempo para pensar que no llegó a la meta.
“Cuando era niño quería ser cantante y lo logré. Participé en el programa de Augusto Ferrando y hasta hoy sigo adelante en el canto. Siempre hay dificultades en la vida, pero hay que salir adelante”, nos dice el artista con la sabiduría que no solo se alcanza con los años, sino que tiene su origen en la sencillez de un corazón agradecido con los momentos de felicidad que le dio la vida.
El sueño intacto
De ninguna manera piensa en retirarse y bajarse de los escenarios. Nos cuenta que aún tiene metas por alcanzar y sueños por cumplir. Quiere llevar clases de música y canto de manera profesional para poder enseñarle a cantar a los niños y jóvenes de Paiján.
“No quiero estar cruzado de brazos, quiero hacer algo en la vida y enseñarle canto a la niñez y a la juventud. Ese es mi sueño. Yo he vivido en la pobreza, pero siempre he sido feliz cantando y vivo feliz con los que tengo”. El cantante de Paiján coge su micrófono y se lanza con la primera. Que empiece la música.
La ayuda de su pueblo
“Durante la pandemia, cuando caí enfermo, mis amigos y vecinos de Paiján me ayudaron consiguiendo oxígeno. Todo Paiján me dio la mano para salir adelante. Mi vida ha cambiado porque luego de pasar por esa enfermedad me uní más a mi familia y aprendí que la única manera de sobrevivir es ayudarnos entre todos”.
Vilberto es beneficiario del programa Pensión 65, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, Midis. La pensión que recibe le ayuda en sus gastos de alimentación y gracias a ello aún sigue cantando. Él es un activo participante de Saberes Productivos, la intervención de Pensión 65 y que busca contribuir al bienestar de las personas adultas mayores a partir de su revaloración como portadoras de saberes locales que se tornan productivos al ser identificados como activos de su comunidad.
Gracias a Saberes Productivos, Vilberto ha representado a Paiján llevando su canto a diferentes zonas de La Libertad, como Huamachuco, Usquil, Huanchaco y Trujillo.