• MIÉRCOLES 15
  • de abril de 2026

Cultural

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Carlos Garayar: “Lo que leemos nos incita a soñar"


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Por décadas, uno de los escritores peruanos que más ha interesado al crítico literario Carlos Garayar es Ricardo Palma (1833-1919) “por su trabajo del lenguaje”. El tradicionalista, asegura, es “uno de nuestros autores permanentes, que llega a un público muy amplio”. 

Amén de fijar en nuestras mentes la imagen de un período de la historia peruana, para el investigador sanmarquino Palma tiene otras virtudes “propiamente literarias”: 1) es quien mejor desarrolla la oralidad; 2) encarna “un espíritu pícaro, bastante ligero, pero alegre y optimista”, “elementos que todavía son necesarios para el público peruano”.

Sobre todo, el autor de Tradiciones en salsa verde “es uno de los pocos escritores del siglo XIX que se proyectó al siglo XX y a nuestros días”. Para Garayar, otros autores, como Clorinda Matto o Mercedes Cabello, no pudieron traspasar “la frontera” del siglo XIX. “Sus obras fueron muy meritorias, pero no creo que se puedan leer ahora con el mismo interés con el que se leían a principios del siglo XX. Palma, en cambio, cruzó con mucha facilidad esa frontera”.

–Por el bicentenario, se ha criticado a Palma por su falta de rigurosidad histórica o animadversión por ciertos personajes.

–Sí, pero Palma es juguetón. Él sostiene cosas que, evidentemente, sabe que no son ciertas. Eso es la literatura, invención. Él inventa, por ejemplo, tradiciones para explicar ciertos refranes, como ‘A todo cerdo le llega su San Martín’ o ‘Más malo que calleja’. Es una invención de su humor.

Escritura activa

Uno se pregunta si a Carlos Garayar lo consumió la crítica literaria y la enseñanza académica, que ejerció por años en San Marcos. Él sonríe: no ha dejado el oficio de la escritura.

Los últimos años ha publicado bastante para el público infantil y juvenil. Con su esposa, Jessica Rodríguez, escribió a cuatro manos la novela de ciencia ficción La zona invisible, que en el 2015 ganó el prestigioso Premio Barco de Vapor. El narrador anuncia que esta historia, la cual nació a partir de cuentos que inventaban para sus hijos, ya tiene lista su segunda parte, aún sin nombre, y no descarta que se amplíe a una saga que incluya una tercera y cuarta parte.

Para el público adulto, el escribidor prepara una edición aumentada de Una noche, un sueño (1996). “El libro tuvo una buena acogida, se sigue leyendo; le estoy aumentando unos siete cuentos más y, de paso, reviso el estilo y el trabajo formal, en el que soy bastante obsesivo”.

En paralelo, está reformulando una novela y ya tiene listo el primer cuento largo o novela corta del género policial que espera publicar con otros dos cuentos del mismo corte literario.

Para los niños

Con la editorial De Lirio, el narrador ha publicado dos cuentos ilustrados. Hip Hip, el hipopótamo es una historia para los niños más pequeños, mientras que La niña que no sabía soñar es para niños ya lectores. “La considero más cercana a lo estrictamente literario por tocar temas como la capacidad de soñar y la escritura como herramienta de los tímidos”.

“Esta niña no soñaba y empieza a inventar historias que la llevan a aprender a soñar. Porque también eso es verdad: la escritura, lo que uno lee, incita a soñar. A mí siempre me han gustado los sueños, los sigo disfrutando. En la historia hay un contrapunto entre la escritura y los sueños; entre la timidez y la audacia para soñar y escribir. Una serie de contrapuestos que se van armonizando a lo largo de la historia”.

–¿Escribir para niños demanda un esfuerzo mayor o es más casi un ejercicio para un autor de libros para grandes?

–Es una cosa diferente. Escribir para adultos es un trabajo solitario. Con la literatura infantil o juvenil uno tiene que tener presente al niño o al joven porque hay cosas que no están para su edad, hay que hacer un lenguaje más sencillo. Todo demanda un esfuerzo distinto. Para mí fue un cambio bastante radical. Pero me ayudó el hecho que tuve que contar historias a mis hijos. Así me fui fogueando en esta literatura infantil-juvenil.

–¿Debe darse una relación especial entre el autor y el ilustrador?

–No creo eso. Pienso que el texto luego será trabajado por otro artista. Este debe tener la libertad para desplegarse sobre ese texto, interpretarlo como lo haría un lector. El escritor no puede decirle al ilustrador cómo interpretar el texto. Le gusta o no lo que hace el ilustrador, pero no puede guiarlo.

Datos:

Garayar trabajó el prólogo y la selección de las Tradiciones peruanas que publicó la editorial Peisa. 

Una noche, un sueño es considerado el mejor libro de cuentos del Perú de la década de los noventa.

Cifra:

15 libros ha escrito Carlos Garayar como autor y coautor.