• MARTES 17
  • de marzo de 2026

Opinión

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MEDIOAMBIENTE

Aumenta la pérdida de bosque en el Perú

La deforestación sigue imparable; ni el coronavirus ha sido capaz de frenarla.


Editor
Hipólito Orbick Torres Romero

Economista por la UNASAM


Según el Minam, la pérdida de bosque es merma de cobertura de los bosques peruanos con frecuencia anual. El bosque amazónico es un stock de bosques remanentes.

La pérdida de bosque muestra una tendencia en aumento entre el 2000 y 2014; sin embargo, durante los años 2015 al 2019, la disminución se muestra controlada, mostrando una reducción en su tasa de crecimiento. Por consiguiente, parecía suponer que la deforestación durante todo el 2020 seguiría la misma tendencia a la baja. Sin embargo, en el 2020, con 203,272 hectáreas de pérdida de bosque, es la mayor dentro de los últimos 20 años analizados. Equivale aproximadamente a la superficie de la provincia de Pallasca en Áncash (210,100 hectáreas).

Del 2001 al 2020 la pérdida de bosque fue de 2 millones 636,585 hectáreas (el 73% de la superficie del departamento de Áncash), con una tasa promedio de 8% anual.

Por otro lado, el bosque amazónico, durante este período de análisis, muestra una reducción sostenida muy lamentable al pasar de los años. Es decir, 2 millones 552,588 hectáreas se redujeron durante 20 años, con una tasa de descenso promedio de 19% anual.

En el ámbito departamental, la pérdida de bosque del 2020 –respecto del 2019–, donde se identificó la mayor reducción de bosque, fue en La Libertad (246%), Cajamarca (167%), Piura (162%), Amazonas (99%), Huancavelica (86%), San Martín (83%), Puno (51%), Loreto (50%), Junín (49%), Pasco (44%), Ayacucho y Cusco (25%), Ucayali (23%), Huánuco (20%), Madre de Dios (8%). Cabe señalar también que la deforestación en todos los departamentos estudiados en el 2020 aumentó.

La deforestación sigue imparable; ni el coronavirus ha sido capaz de frenarla, pues los invasores de la tierra no hicieron cuarentena. La práctica de ilegalidad en la selva amazónica, como la invasión de tierras o deforestación para vender madera, es una consecuencia de la falta de oportunidades.

Mongabay.com (s. f.) afirma que “la explotación económica a corto plazo, generada a través de la deforestación, es devastadora para la economía a largo plazo de los países en vías de desarrollo, no solo por la aniquilación de los ecosistemas vitales que producen servicios importantes, sino también porque destruyen productos potenciales del bosque”.

El ex secretario general de la ONU Ban Ki-moon tiene una frase para los negacionistas que no creen en el cambio climático, dice: “No podemos negociar con la Naturaleza” y que debemos actuar de inmediato para afrontar el cambio climático, pues, subrayó, está ocurriendo con más rapidez de lo que se piensa.

La frase de Albert Einstein: “Dios no juega a los dados con el universo”, quería decir que Dios creo al mundo con una armonía y un equilibrio, entre la naturaleza, los seres humanos, los vertebrados, los anfibios, el reino animal, el reino vegetal.

¿Qué alternativa tenemos? Apoyo las ideas del profesor Marc Dourojeanni (2020), profesor emérito de la Universidad Nacional Agraria La Molina, que recomienda ordenamiento territorial; zoneamiento ecológico-económico; titulación y demarcación definitiva (catastro y registro nacional de bienes); invertir en el desarrollo agropecuario y la reforestación en costa y sierra, para reducir la presión de migrantes sobre la selva.

También plantea regular la emisión de dióxido de carbono y la existencia de industrias contaminantes.

Para concluir, en teoría, la tala, cuando es formal, puede ser una actividad sustentable (preservar, conservar y proteger los recursos naturales) que genera una fuente de ingresos sin disminuir la base del recurso. Sin embargo, la mayoría de la tala de los bosques es informal y no es sustentable en la práctica, lo que disminuye las ganancias potenciales que nos da el bosque.

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