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  • de marzo de 2026

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Lima: apuntes históricos de los hechos que dieron lugar a su nacimiento

En el 488 aniversario de la capital del Perú, la fecha es propicia para conocer el origen de su fundación y las razones políticas y geográficas que determinaron su elección.


Editor
Gabriel Valdivia

Periodista

jvaldivia@editoraperu.com.pe


Es, sin duda, el  documento más importante en la historia de la ciudad y ha podido ser preservado por casi cinco siglos, constituyéndose en un documento único que se conserva en una bóveda del Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima.  

La historia, sin embargo, registra también los momentos previos a esta fecha y explica qué determinó su elección como sede de la nueva capital de la Gobernación de Nueva Castilla, primer nombre de las posesiones españolas de América del Sur. 

El libro "El Damero de Pizarro. El Trazo y la forja de Lima", de Reinhard Augustín Burneo, arquitecto e investigador de la Historia de Lima, narra con profusa claridad las circunstancias y acontecimientos que llevaron a Francisco Pizarro a elegir el Valle del Rímac como escenario para la capital de su Gobernación: La Ciudad de los Reyes, una ciudad cimentada por una población prehispánica que había dominado el valle, con obras hidráulicas y viales el curacazgo o "señorío" de Lima. 

En sus líneas aparece no solo el nacimiento de la ciudad, la aparición de sus primeras autoridades, instituciones y vecinos; revela también hechos y sucesos poco conocidos sobre este temprano periodo de la capital del Perú, que bien vale recordar.

En él también se describe el origen de la forma cuadrangular del damero que trazó Pizarro al delinear la ciudad, y los motivos que llevaron a las autoridades españolas a utilizar tan extensamente este patrón urbano en la creación y fundación de sus ciudades desde el inicio del Virreinato.

El curacazgo de Lima

Dos años antes de fundarse la Ciudad de los Reyes, es decir desde 1533, Fray Antonio Bravo y fray Miguel de Orenes fueron los primeros españoles en contemplar el valle de Rímac y quedar convencidos de que este debía ser el escenario que albergue a la futura capital de la Gobernación.

"Sobre el horizonte, del otro lado del ´río que habla´, perdiéndose hacia el sur entre las montañas y el mar, pudieron ver una inmensa y verde campiña salpicada por pequeños poblados y curacazgos asentados entre fértiles tierras arrebatadas al desierto por medio de cauces y canales de regadío" señala el autor. 
Sostiene que era un valle amplio y relativamente plano entre las montañas y el mar, con un puerto natural inmediato; tenía un río caudaloso que llevaba fertilidad y exuberancia, a lo que se sumaba un clima benigno. 

"Fue eso lo que llevó a estos frailes a iniciar y perpetuar en este valle la labor de evangelización, y donde levantaron "el conventillo”, una pequeña construcción emplazada a orillas del río Rímac, desde donde iniciaron las visitas y los primeros acercamientos de la doctrina católica a los pobladores de los pueblos de Lima, Sulco, Ruricancho, Caraguayllo, Malanca, y otros".

El conquistador Francisco Pizarro, quien había convertido a Pachacamac en el centro de sus operaciones desde los últimos meses de 1534, también solía recorrer el valle del Rímac y sus poblados, "mirando con atención las tierras del curaca de Lima, como el lugar que intuía apropiado para su ansiada fundación".

La elección del “sitio y asiento” del cacique de Lima como capital de la gobernación fue un proceso bastante rápido, señala el autor del libro. El 29 de noviembre, desde Pachacamac, Francisco Pizarro sugirió trasladar hacia la costa las poblaciones españolas de la recién fundada Jauja y de la incipiente población de San Gallán, iniciada por Nicolás de Ribera, el Viejo, en el valle de Pisco. 


El 4 de diciembre el cabildo de Jauja aprobó mudar su población hacia la costa, y el 20 de diciembre se firmó en Pachacamac el acuerdo entre el capitán Pizarro y el adelantado Pedro de Alvarado, por el que se tomaba posesión de los pertrechos de la expedición de este último, permitiendo así la partida de Diego de Almagro hacia Chile el 5 de enero de 1535, y facilitando la fundación de la capital.

El 6 de enero, día de Bajada de Reyes, "partieron tres jinetes desde el antiguo pueblo de Pachacamac en busca del lugar donde se plantaría la semilla de la ciudad más importante. Por ser pioneros de la conquista y tener experiencia en la fundación de muchos pueblos, Francisco Pizarro encomendó a Rui Días, Juan Tello y Alonso Martín de Don Benito salir a recorrer el asiento y la provincia de Lima y buscar el lugar más conveniente para la importante fundación".

El encargo que otorgó el capitán Francisco Pizarro a estos tres españoles fue el de ubicar un lugar dentro del “sitio” prehispánico de Lima, lo que evidencia que la decisión de ubicar la capital en algún paraje del curacazgo de Taulichusco ya había sido tomada. 

El 13 de enero, de regreso a Pachacamac, los tres jinetes le confirmaban al capitán Pizarro que dentro del “sitio” de Lima, su “asiento” era el lugar más indicado para fundar la capital. 

Entonces, el territorio que hoy reconocemos como Lima Metropolitana, estaba dividido en distintos curacazgos o señoríos. Además, no solo existían desde mucho antes caminos, canales y construcciones monumentales, sino también una organización social y geopolítica que abarcaba las partes bajas de los valles del río Rímac y del río Lurín, conformando las tierras del señorío Ychsma o del señor de Pachacamac.

En "El Damero de Pizarro. El Trazo y la forja de Lima", su autor señala que si bien los límites que tuvo el señorío de Lima, y los demás señoríos, no han podido ser establecidos con exactitud, es probable que las acequias abiertas desde el río Rímac hayan definido los territorios agrícolas y las poblaciones de cada curacazgo, conformando distintos sectores a partir de las redes de riego, lo que daría sentido de pertenencia a sus pobladores y cierto grado de autonomía administrativa a sus autoridades.

El territorio que abarcaba el curacazgo de Lima habría ocupado ambos márgenes de la parte central del cauce bajo del río Rímac, aproximadamente la misma banda del río que toma el centro actual de Lima y su orilla opuesta, desde San Lázaro hasta Zárate, extendiéndose por parte de los distritos actuales de Breña y Pueblo Libre hasta llegar al mar sobre una franja de playas de Magdalena del Mar y el Callao. 


En el sur, el curacazgo se habría extendido por el camino a Pachacamac hasta las tierras que se llamaron Limatambo durante el Virreinato, es decir, algunos sectores de los distritos de La Victoria, San Luis y San Borja. Este señorío albergaba, además, en su sector cercano al río, al principal mirador natural y cerro tutelar, o apu, del valle del Rímac, bautizado luego como cerro San Cristóbal.

Cuando entraron en este valle los primeros españoles, el señorío de Lima tenía unos 4000 pobladores, repartidos entre sus distintos poblados o ayllus.

Confirmada el 13 de enero la elección del señorío de Lima como lugar de la fundación, Pizarro, junto con los oficiales reales y una comitiva, se trasladó al sitio definitivo de su capital; y entre el 14 y el 17 de ese mes, en el mismo “asiento” de Lima, se concentró en los preparativos para el acto de fundación y para darle un marco legal inobjetable, pues además de las amenazas de sublevaciones indígenas, desde España y Panamá cundían pugnas por despojarlo y declarar ilegítimas sus conquistas.

El arquitecto resalta que las delimitaciones aproximadas de los antiguos curacazgos del valle, hayan sobrevivido no solo a la expansión inca del siglo XV, sino también a la conquista española y a toda la época virreinal, y que además siga hasta hoy demarcando y dando nombre a varios sectores de nuestra ciudad. 

La fundación

La mañana del lunes 18 de enero, en el centro del antiguo poblado de Lima, alrededor de la mesa del escribano real Domingo de la Presa, una docena de españoles que acompañarían a Francisco Pizarro, entre ellos los oficiales reales y los testigos, además de algunos pocos religiosos y los curacas indígenas locales, formaron un grupo de alrededor de un centenar de personas. 

"A los familiares, esclavos y servidores que acompañaban a cada hombre principal, se había sumado un constante tránsito de soldados y adelantados españoles hacia Pachacamac durante los últimos meses. Y al no tener todos los primeros pobladores la calidad de vecinos, es decir de propietarios exclusivos de un solar, sino solo la de “moradores”, la historia no registra necesariamente todos sus nombres, pero se calcula entre 70 y 90 los españoles residentes fundadores de Lima".

"Y en el centro mismo del sitio de la fundación, estaba erguido el rollo, la horca o la picota, un tosco tronco de madera que era símbolo de las jurisdicciones civil y penal que tendrían las autoridades de la naciente ciudad, que sería el punto donde se comunicarían los decretos y se ajusticiaría a los condenados a los enemigos del rey, y que marcaba desde ya el epicentro urbano, ritual y legal de la naciente ciudad". 

El rollo de Lima se mantuvo en el centro de la plaza durante los años que siguieron a la fundación hasta que fue reemplazado por la primera pileta. El madero se trasladó entonces a otro punto de la Plaza de Armas, frente al pasaje de los Clérigos (actual pasaje Olaya), para ser llevado luego a la pequeña, y desaparecida, plazoleta de Desamparados, entre el Puente de Piedra y la parte posterior del Palacio de Gobierno, donde se le pierde el rastro, señala el autor.


El río Rímac, uno de los principales recursos naturales que ofrecía el valle, quedó a solo 200 pasos del límite superior del nuevo trazado, y el conjunto entero de la población aprovechaba de la mejor manera las sombras, los vientos y los elementos que ofrecía.

El plano para la nueva ciudad, que diestramente había dibujado Nicolás de Ribera, el Viejo, o Diego de Agüero, según otros, mostraba la disposición regular y cuadriculada de un damero, a manera de un tablero de ajedrez con 13 cuadrados de base por 9 de altura. 

Sobre el mismo plano, y desde los días previos, el secretario había ido inscribiendo a los que solicitaron avecindarse en la ciudad y que recibirían un solar el día de la fundación, colocando el nombre de cada solicitante en el casillero del plano que le correspondía. Después de la fundación, el cabildo continuó otorgando solares e inscribiendo los nombres de los primeros limeños por varios años más en el mismo plano fundacional.

"De haberse conservado este plano hasta nuestros días sería, como lo es el Acta de Fundación, un formidable documento histórico y legal. Según Juan Bromley, el plano original de Lima se conservó en el cabildo hasta 1630, cuando se confundió entre papeles de archivo en desuso que fueron vendidos a bodegoneros".

"A eso de las 11 de la mañana, Francisco Pizarro le preguntó con voz potente a Taulichusco si esta fundación le producía algún daño o perjuicio, y Taulichusco quedó callado. Retó también a cualquier español que conociera un motivo que impidiera el acto, a que lo mencionara; y al no encontrar más que silencio y conformidad, desbastó algunos trozos del madero con la punta de su espada y pronunció el nombre que tendría la nueva población: Ciudad de los Reyes, dijo, desde entonces “y para siempre jamás”.

Hacia las primeras horas de la tarde, la ceremonia de fundación de Lima había concluido. 

El historiador apunta que según la repartición de solares hecha en la fundación y la que se realizó en los años posteriores, la ocupación inicial abarcó aproximadamente 30 manzanas de alrededor de la Plaza de Armas.

Las manzanas centrales estaban destinadas a las instituciones de gobierno, a la Iglesia y a los vecinos más importantes; las órdenes religiosas se ubicaron en los bordes externos de este primer anillo urbano o “centro viejo”; y los solares para “depósitos” de indígenas se mantuvieron hacia el este del núcleo de la ciudad.

Cada cuadra o manzana quedó a su vez dividida en cuatro partes o solares, cada uno con esquina. Los solares debían ser asignados a propietarios distintos, y en un principio el cabildo los entregó a cualquier español de origen noble o de méritos que manifestara querer ser vecino de la ciudad, con la sola obligación de cercarlo. 

"Ser designado vecino de Lima implicaba también recibir la propiedad sobre otra extensión de terreno agrícola en el mismo valle, así como una encomienda o grupo de indígenas bajo su cargo, destinados a trabajar las tierras y asistir como servidumbre y mano de obra en las demás propiedades del vecino".

En cada solar, el vecino construiría una o más casas que ocuparía, vendería o arrendaría, manteniendo también en los solares espacios para labores de servicio, dormitorios de criados, pequeñas huertas, caballerizas, patios de carruajes y hasta para la cría de animales menores.

Esquema urbano de las fundaciones españolas

Según el arquitecto e historiador, al momento de fundarse Lima no existía un patrón determinado para el trazado de nuevas poblaciones españolas y, además, no era obligatoria la adopción del damero en ninguna de las primeras ordenanzas o instrucciones de la corona española para los virreinatos de América. 

El damero como modelo, se consolidó casi espontáneamente durante las primeras décadas del siglo XVI, siendo utilizado por primera vez en las nuevas ciudades de Centroamérica y el Caribe, y en América del Sur de manera casi exclusiva a partir de la década de 1530, tras las fundaciones de Quito en 1534 y de Lima en 1535.

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