• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
APROXIMACIONES

Markham, Spruce y la lengua sec

La obra más conocida de Markham en Sudamérica es ‘Los incas del Perú’.


Editor
Dr. Carlos Arrizabalaga

Lingüista y profesor de la Facultad de Humanidades. Universidad de Piura


Para Christian Fernández (2016) “su relación con el Perú es uno de los casos más complejos e intrincados”. Muy joven ingresa a la Marina británica y recorre el mundo. Conoce en Boston a William Prescott; visita el Perú en 1845 y 1847, y con apoyo del mariscal Castilla realiza un largo recorrido por el país en 1852-1853. Con todo ello, escribe Cuzco: A Journey to the Ancient Capital of Peru (Londres, 1856) y Travels in Peru and India (1862). Hace traducciones del Ollantay y de los Comentarios reales del Inca Garcilaso, y promueve la edición de otras obras en la Hakluyt Society. Se ocupa de la historia, de las lenguas, la sociedad, la etnografía... Llega a ser considerado una autoridad indiscutible.

Markham emprende, ayudado por el general Miller, la expedición de la quina (1860), acompañado del botánico Weir, por encargo de la corona británica. Y envía a otros científicos interesados en los estudios sobre el Perú como Richard Spruce (1817-1893), quien viajaría a los valles de Piura y Chira tres años después. Ya no será necesario obtener más plantas de chinchona, porque han fructificado con éxito en la India, para desgracia de la producción nacional. Su propósito será, ahora, averiguar la posible competencia que ocasionaría el algodón peruano a la producción egipcia, también en manos de británicos, y catalogar nuevas especies de plantas para la mayor gloria del imperio inglés.

Spruce recopiló un pequeño vocabulario de una anciana indígena en Sechura y lo compartió con Markham, pero este nunca lo publicó. Se lo dio al ecuatoriano Jijón y Caamaño, a quien se lo solicitó Otto von Buchwald (1918). El lingüista alemán Mathias Urban (2015) sospecha que la copia que Markham obtuvo de Spruce tenía algunos errores respecto del original, que se conserva en Londres.

La obra más conocida de Markham en Sudamérica es Los incas del Perú, traducida y publicada por Luis Beltroy (1920). Luis Valcárcel resalta la “gran difusión” de la obra de Markham, en la que había afirmado:

“En los valles costeños del norte se hablaba otra lengua que Calancha llama sec. En 1863 Mr. Spruce coleccionó 37 palabras de ese lenguaje, que entonces se hablaba aún en Colán, Sechura y Catacaos, y que no se asemeja en lo menor a las voces equivalentes de los idiomas mochica, chibcha y atacama”.

La traducción de Manuel Beltroy, del texto del “benemérito inglés”, es absolutamente literal y no lo cuestiona ni hace ninguna observación a esta afirmación tan gratuita. El ejemplar que traduce se lo había proporcionado el jesuita González de la Rosa, amigo personal del británico. Lo curioso es que el propio Markham, en 1864, casi medio siglo antes de publicar este controvertido estudio, había señalado la obsolescencia de las lenguas tallanes de Catacaos y Colán, tomando precisamente el testimonio de Spruce, quien recién había regresado de su viaje al Perú. Parece que esa distinción pasó desapercibida cuando Markham redactaba, casi medio siglo después y con 80 años, The Incas of Perú (1910). Matthias Urban (2015) muy bien señala que esa declaración reproduce las observaciones practicadas por Spruce y “contradice explícitamente tanto a Von Buchwald (1918) como a la declaración posterior de Markham (1910)”.

Esta inconsecuencia podría explicarse como un olvido o un descuido tardíos; pero corresponde y se puede explicar también por la confiada lectura que hizo Markham de la crónica de Calancha, que para el inglés “tiene mucho de interesante y de valioso”. Calancha había escrito en 1638: “Los demás valles de los llanos hablaban la lengua muchic, que hoy conservan hasta Motupe, y otra que llaman sec”. No dice más porque los valles piuranos pertenecían entonces al obispado de Quito. La lengua de los tallanes no era el sec, que sería mejor llamar lengua sechura o sechurana, para no confundir los términos.

Markham vivió muchos años, algunos no tan fáciles. Fue apoyo e inspiración para Hiran Bingham y otros muchos. Sus traducciones fueron útiles para resaltar el dominio científico británico, pero también estaban llenas de errores. Un libro reparador sobre el país de sus ensoñaciones fue una buena idea, pero Valcárcel y otros no debieron concederle tanta atención y crédito, por estas y otras varias razones, al sabio y anciano geógrafo anglosajón.

El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.