Opinión
Magíster en Ciencia Política
La polis fue el centro de la vida política, económica y cultural en el antiguo mundo, y el lugar donde surgieron muchas de las ideas y los valores que dieron forma al pensamiento occidental. Fue también cuna de los centros de enseñanza, encargada de formar líderes, estudiar ciencia, humanidades y arte; y, en general, capacitar a los ciudadanos.
La Academia fue la primera escuela filosófica fundada por Platón en el año 387 a. C, centrada en la enseñanza de la teoría del conocimiento y la ética, las matemáticas, las ciencias naturales y la política. Su creador creía firmemente que sería un lugar para formar líderes capaces y éticos para Atenas y otras ciudades-estado de la antigua Grecia, que pudieran guiar a la sociedad hacia una mayor justicia y sabiduría.
En la antigua Grecia hubo muchas escuelas y centros de enseñanza que desempeñaron ese papel. Aristóteles, abrió el Liceo, cincuenta años después de la Academia. En la costa de Asia Menor surgió la escuela jónica con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. Aparecieron luego las escuelas eleática, la pitagórica, los sofistas, la escuela estoica.
El espíritu de la Academia, como centro de formación, lo encarnan hoy las universidades. En ellas es donde ahora se forman los profesionales que se encargarán de administrar no solo las empresas privadas, sino también las instituciones del sector público. Ese papel formativo de la universidad es mucho más importante en nuestro país en un contexto social como el que vivimos, en el que prevalece el desencuentro y la violencia antes que el diálogo y el acuerdo.
La universidad cumple así, además, una función social y humanista, inspirada en los orígenes mismos de su aparición. Se educa para lograr una sociedad más justa y democrática. Cuando las instituciones se anquilosan o resquebrajan en una sociedad, es la academia el último reducto del pensamiento y la acción.
He ahí la importancia de haberse instalado recientemente la Cátedra Konrad Adenauer USIL, un espacio académico en el que se ventilarán ideas, propuestas y alternativas de solución alrededor de la economía social de mercado. El conocimiento es la llave que abre las puertas al diálogo, al debate mesurado y a la comprensión de los problemas que afrontan las sociedades.
La universidad surgió con esa visión humanista de propagar libertad y bienestar por medio del conocimiento. Es momento que sobre el libre ejercicio del pensar, la academia aporte al desarrollo. Después de todo, las sociedades prosperan si sus universidades son capaces de garantizar investigación, inclusión y progreso para todos. Bienvenida la cátedra de ideas.
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