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Rescate bibliográfico

Cortegana: el historiador que luchó en las batallas de Junín y Ayacucho


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


“Salve, ¡oh, Nación Peruana! Yo te saludo con todas las veras de mi amor y mi razón. No hay en esto especulación ni motivo alguno de interés que no sea otro, más que el de vuestro nombre y vuestra gloria”. 

Así inicia Juan Basilio Cortegana (1801-1877) su Historia del Perú, un conjunto de 13 manuscritos –más de 5,000 folios–, que escribió este historiador autodidacta, y del que solo se habían publicado extractos en 1950 y 1974.

Participación peruana

Con el grado de capitán, Cortegana participó como integrante del Ejército del Perú en las batallas decisivas de Junín y Ayacucho, y décadas después escribirá los hechos bélicos. Como político, buscará elevar a Celendín, su tierra natal, como provincia. Sobre todo, buscará justicia para los combatientes que fallecían abandonados a su suerte.

“Entre sus objetivos, Cortegana busca reivindicar el rol que tuvieron los soldados peruanos en las guerras por la independencia. Su narrativa se preocupa por mostrar la participación peruana en todo su detalle; incluso elabora extensas listas en donde menciona a quienes combatieron en Junín y Ayacucho, desde los soldados de menor rango hasta los grandes generales. Incorpora anécdotas, se detiene en acciones individuales, narra las reacciones de los soldados y de los civiles ante los asuntos de la guerra y los eventos políticos posteriores. Incluso muestras discrepancias con algunos personajes, como Bolívar: le muestra profundo respeto, pero no tolera que resalte el rol de los soldados extranjeros sobre los peruanos. Además, utiliza algunas de las obras que narran los sucesos de la independencia desde la perspectiva española, como las memorias de Andrés García Camba, a las que refuta cuando lo considera necesario”, explica el doctor Marcel Velázquez.

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Por su parte, la doctora Carmen McEvoy manifiesta que la mirada de Cortegana está influenciada por el general Salaverry, a quien apoyó en sus campañas. “Salaverry defendió los derechos de los soldados. Influirá en Cortegana, quien buscará se dignifique al Ejército del Perú, al cual considera el elemento fundamental de la independencia. Constantemente reclamará por las pensiones militares. También lo hace por otra vía interesante: las asociaciones civiles. Participa, por ejemplo, en la Sociedad Fundadores de la Independencia”, dice.

McEvoy y Velázquez estuvieron a cargo de la dirección académica de los cinco tomos de Historia del Perú de Cortegana que ha publicado la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), en alianza con la Fundación BBVA. Ambos califican el trabajo del cajamarquino como “una singular aventura de amor a la patria y a las letras que merece conocerse en nuestra sociedad, tan necesitada de un horizonte común”.

Material de lectura

Para McEvoy, el prólogo que escribió Cortegana debería de leerse en todas las escuelas del país. Destaca como punto invaluable “su fe en el Perú”: “Cortegana afirma que el Perú sobrevivirá hasta el fin del mundo, pues analiza que, a lo largo de su historia, el Perú ha logrado superar las adversidades”.

Estamos frente a un historiador autodidacta que maneja largas citas, y, sobre todo en el volumen 12 de sus manuscritos, dedicado a la batalla de Ayacucho, opina, cita y aclara las miradas de los generales.

“Cortegana es un historiador amateur que intuitivamente construye una historia nacional. No se conforma con narrar su participación en las batallas más importantes de la independencia. Ingresa a una suerte de río profundo, que es la historia del Perú, y la remonta hasta los incas. La suya es la primera historia total de la República que conocemos. Y la escribe un veterano de Ayacucho, y está en el barrio de Malambo, recordando y probablemente tomando nota de libros que lee en la Biblioteca Nacional”, dice McEvoy.

Síntesis histórica

La Historia del Perú de Cortegana es, en palabras del investigador Nelson Pereyra, “la primera gran síntesis decimonónica de la historia peruana”. Y Marcel Velázquez coincide con este punto de vista.

“Cortegana reconoce en su introducción que, si bien muchos autores han tratado períodos de la historia del Perú, ninguno emprendió el esfuerzo de construir una historia unificada y total, y se dispone a asumir esa difícil tarea. En ese sentido, sí se puede considerar la primera gran síntesis decimonónica de la historia peruana, afirmación que hay que entender en toda su dimensión: muestra especial atención al asunto de la duración del incanato y a las teorizaciones sobre el origen de la población americana. Estas preocupaciones no son un ejercicio de erudición, lo que el autor pretende es demostrar que las raíces de la república recién formada se extienden lejos en el tiempo, y que la identidad peruana es resultado de un proceso en que tiene lugar tanto el Imperio incaico como el español”.

Aporte a Ayacucho

Pero ¿lo más valioso es su mirada como combatiente de la batalla de Ayacucho? “Él tiene acceso a documentos oficiales, los inserta en su relato y lo comenta. Él le da horizontalidad al relato [de la batalla], cuando corrige a Sucre, a Cochrane, a una serie de personajes que jerárquicamente son superiores a él, en rango militar, pero como testigo y participante tiene derecho a la palabra. El derecho a la palabra le sirve también para traer fuentes a las que tiene acceso y comentarlas. Eso me parece notable de Cortegana”, dice Carmen McEvoy.

–¿Con los aportes de Cortegana, ya tenemos una visión más completa de la batalla de Ayacucho?

–Tenemos la suficiente investigación -dice McEvoy-, hay muy buenos trabajos de historiadores del Perú y el extranjero que van iluminando la participación de montoneras, guerrilleros. Eso cambia el panorama de lo que se llamó una ‘independencia concedida’ y muestra que muy buena parte de la infraestructura de esa guerra serán provistas por las provincias del Perú. Y Cortegana le dará mucha importancia al papel de las mujeres. Pienso que vamos a llegar al bicentenario de Ayacucho con una visión más completa y comprensiva, de lo que significó levantar un ejército de los Andes y triunfar sobre el ejército imperial.

Agrega que Cortegana aporta para que el bicentenario de Ayacucho sea una celebración que haga justicia, “porque siempre se pensó que la independencia vino desde afuera, que fue San Martín o Bolívar, pero Cortegana es la voz del embrión del Ejército, de los milicianos, a la cual no se le ha dado el crédito ni el valor que ellos y ellas tienen. Hay una Legión Peruana que va a pelear y que al momento que se distribuyen los honores, se promociona a los grancolombianos y los peruanos no van a recibir el mismo trato. Entonces, ahora vamos a hacerle justicia a los peruanos”.

Otras voces y escrituras

Marcel Velázquez explica que el caso más complejo y espectacular de alguien que escribe la historia se da en Diario histórico de todos los sucesos ocurridos en la provincia de Sicasica y Huayopaya durante la guerra de independencia americana desde el año de 1814 hasta el año 1825, del área cultural de la hoy Bolivia. “José Santos Vargas (el autor) es un mestizo andino, que es letrado y tiene origen popular. Él lleva un prolongado diario sobre los conflictos militares por la independencia americana en los valles bolivianos. Como Cortegana, decide muy joven su ‘entropamiento’, en su caso, en las guerrillas independentistas. En el caso peruano, la historia de los sectores populares todavía está en sus inicios, ojalá haya más adelante hallazgos relevantes de ese tipo”. Sería importante, dice, promover las ediciones facsimilares o antologías de revistas como La Luz Eléctrica, El Perú Ilustrado, Monos y Monadas y Fray K.Bezón, pues se conoce muy poco “del largo siglo XIX (1780-1919), más allá de los círculos académicos”. “Aunque comienza a desarrollarse un interés por ediciones modernas de autores representativos decimonónicos, falta mucho por hacer. Los libros de Abelardo Gamarra y de Manuel A. Fuentes o los textos de Adriana Buendía nos ofrecerían un panorama de las relaciones sociales en Lima y el Perú, y una cala profunda en males y vicios que aún hoy nos rodean”.

Del autor

Nació en Celendín, Cajamarca. A los 19 años se enroló en la Expedición Libertadora de San Martín en Huaura, en 1820.

Como integrante de la Legión Peruana de la Guardia participó en 1824 en las batallas de Zepita, Junín y Ayacucho, a las órdenes de los generales José de la Mar y José María Plaza.

Aliado de Salaverry, participó en su insurrección contra Gamarra (1839) y contra la Confederación Peruano-Boliviana (1838).

Lo nombran diputado por Celendín en el Congreso (1868-1871). Fue el primer secretario de la Sociedad Fundadores de la Independencia.

Vivió en el Rímac, donde falleció en 1877. En 1984 sus restos fueron trasladados al Panteón de los Próceres.

Cifra:

16 años, entre 1848 y 1864, le tomó la escritura de los manuscritos.