Semana Santa: Recorrido de las siete iglesias en el Centro Histórico de Lima [fotogalería]
José Vadillo Vila
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
“¡Siete iglesias como mínimo!”, repite la consigna René Cari a sus tres hijas, su hijo, yerno y nieto. Desde que tiene uso de razón, Cari, vecino de Breña, ha recorrido las iglesias del Centro de Lima cada Jueves Santo. Este año empezó el recorrido “muy tarde”, me dice, a las 8 de la mañana, porque salió tarde del trabajo. Pero a sus 55 años no comprende una Semana Santa sin visita a los templos. No duda de que su prole continuará con esta tradición católica.
Cada templo del Centro de Lima tiene su propia dinámica en Semana Santa. En la iglesia de Santo Domingo, por ejemplo, las imágenes sagradas están tapadas con mantos morados. Recién el domingo de Resurrección serán develadas. Y el trono del Señor de la Justicia luce vacío: solo es un mueble en platería a cuyo alrededor suben las sentidas oraciones de los feligreses. En la entrada del templo, los postulantes a la Orden de Santo Domingo, con sus trajes blanco y negro, reparten estampitas a los creyentes que llegan con sus palmas en busca de bendiciones.
El huancavelicano Teófilo Chosilao vivió una década en el Centro de Lima, y juraba que jamás faltó a misa. Y desde que vive en Los Olivos, por lo menos una vez al año vuelve al Centro Histórico para participar en misa, cuenta feliz.
***
A las 10 de la mañana, la Catedral de Lima se llenaba de feligreses y un centenar de sacerdotes de todo Lima ingresaba para renovar sus votos sacerdotales. Entonces el arzobispo de Lima, Carlos Castillo, empieza a orar y retumba por la gran bóveda del primer templo la oración del “Yo confieso”, dando inicio a la misa crismal.
En una de las repletas bancas, Nataly Guevara distrae a su hijo de 4 años mientras mece el cochecito donde acurruca a su bebé de 4 meses. En Trujillo, de niña, aprendió la tradición de la Semana Santa. Su deseo es que sus hijos aprendan y de grandes celebren con fe la Semana Santa.
***
En el atrio de la Catedral, además de fotógrafos que ofrecen sus servicios, este año, cortesía de El Niño, se multiplicaron los vendedores de sombrillas. La penitencia 2023 para los feligreses es recorrer las siete iglesias bajo este calor atronador. Es el silicio del XXI.
Una cruz de madera de más de un metro cruza la plaza Mayor de Lima bajo los latigazos de la canícula y el vuelo de los gallinazos. Si hay una tradición limeña por escribirse debería llamarse “El Señor y las sombrillas”.
Atrás avanza la Comunidad Familia de Nazaret con brazadas de oraciones recorriendo siete iglesias. Es la primera vez que Fernando Moreno se une al grupo de fe, siguiendo los pasos de su esposa, Denys. Y ambos se sienten cobijados en estos días de fe, en sus oraciones.
***
Frente al templo de San Pedro, un hombre con megáfono grita consignas y los feligreses apuran el paso para ingresar a la elegante iglesia, donde cuatro sacerdotes atienden en los confesionarios a una cola de gente abanicándose en perpetuidad. Que la Semana Santa les sirva para redimir los pecadillos a ritmo de las campanadas que marcan el paso de la fe.
Y la Merced, la iglesia más celebre del jirón de la Unión, recibe el mayor volumen de visitantes.
Luis Gustavo Rengifo deja el skate para tomar una foto de la capilla dedicada al Señor del Sepulcro. Tiene 21 años y ha venido desde Villa El Salvador con su mamá porque para él la visita a las iglesias es parte de su vida, que solo se afectó por la pandemia.
El chorrillano Jorge Infantas ora tocando la cruz del Padre Urraca, de lejos la imagen más visitada de la Merced. Todos los 7 de cada mes, él repite la jornada junto con su esposa. ¿Es milagroso?, pregunto. “Me salvó la vida; me salvó del covid-19”, dice. Y continúa la jornada entre olores a palo santo y estampitas.
***
En el pequeño Santuario de la Santísima Trinidad, en la tres del jirón Cusco, el recogimiento es su sino. Han minimizado el espacio de las bancas para maximizar el recorrido mientras el Señor de la Justicia se apiada de los visitantes y los voluntarios ofrecen “agua bendita” y reciben a cambio la “voluntad” de unas monedas de la feligresía que enrumba al próximo templo.
***
También en la parroquia de San Marcelo, donde el color dorado y el negro son la personalidad de la mayoría de sus retablos, se dispuso que las bancas se junten al medio para mejorar el flujo de los visitantes, muchos de los cuales llegan con sus palmas y buscarán que la voluntaria lo pase por la estatua del Cristo Yacente que resguarda una piadosa Virgen Dolorosa.
La Capilla de la Reconciliación, adjunta a la iglesia de las Nazarenas, recibe a quienes buscan al Señor de los Milagros. El mural del Cristo de Pachacamilla es el más visitado, con oraciones, con velas. Recién hoy, viernes, con la misa de las tres horas, se abrirán las Nazarenas y la capilla descansará de multitudes.
–Si Dios quiere, ya terminamos con el recorrido –dice ella, saliendo del templo, abanicándose, sofocada.