Central
Mira con detenimiento el paso de una mujer por unas escaleras de piedras; ella con prisa lleva en su manta oca, papa y maíz. Sonríe levemente y comenta que “seguro irá a visitar a su familiar para el intercambio de semillas”.
El yachachiq (campesino que sabe y enseña, en idioma quechua) como también llaman a Simón Hilario, por ser uno de los sabios del acogedor distrito quechua de Laria, ubicado en Huancavelica, a 3861 metros sobre el nivel del mar, sonríe.
La escena le causa felicidad porque la práctica ancestral del cambio de productos aún sigue viva en las comunidades de la imponente región andina, lo que ha permitido conservar y recuperar más de 204 cultivares de semillas entre hortalizas, tubérculos y granos.
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Prácticas por regiones
En 1956, cuando Hilario Simón nació, en Laria se mantenía la práctica del intercambio de semillas que les permitían a las familias vivir sin necesidad de requerir muchos ingresos económicos.
Un reciente estudio académico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) narra que en Huancavelica los intercambios se realizaban entre familias durante las visitas domésticas. Una situación distinta a la de Cusco y Puno donde las plazas eran usadas como espacios públicos para el intercambio.
Sin embargo, pese a la buena práctica, esta se fue perdiendo con el paso de los años y la región cada vez se hizo más pobre al alcanzar el 85.7% de pobreza en el 2007, según el registro del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Dos Simón, como llaman los jóvenes a su exprofesor de primaria, recuerda que cuando tenía 17 años apenas contaba con menos de 30 “cultivares” de semillas. Explica que a diferencia de una variedad de semilla que es creada en un laboratorio, los cultivares son orgánicos a base de técnicas de combinación de cultivos. “Los cambios en la sociedad hicieron que fuéramos olvidando los saberes de nuestros abuelos. La prioridad ya no es conservar, sino ir a las grandes ciudades”, dice.
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Conservacionistas
En el distrito huancavelicano de Laria viven cerca de 1,500 quechuas chanka y, en la actualidad, el INEI registra que el 41.2% vive en pobreza y el 10% en pobreza extrema. De ellos, el 89% se dedica a la agricultura familiar –siembra y cosecha de productos andinos para consumo propio y venta de alimentos en mercados locales–.
Precisamente, los pequeños agricultores generan la seguridad alimentaria del país en un 83%. Solo en esta zona se conservan 36 saberes ancestrales sobre agricultura, entre ellas la principal es la conservación de las semillas.
Sabio del campo
Don Simón se casó a los 23 años de edad con Marcelina Torres Mercado, con quien inició el camino del conservacionismo de semillas. Su padre, León Hilario Ccanto, le heredó las 33 variedades de semillas de tubérculos, granos y hortalizas cuando empezó su vida de casado.
Ahora, con 66 años, Simón Hilario cuenta con 360 semillas que cuida en el almacén de su hogar, una casita circular hecha de tapial con dos pisos que tienen taburetes en su interior para guardar los granos.
“Siempre me ha gustado coleccionar semillas y a mi esposa también, eso nos unió de jóvenes. Tuvimos cuatro hijos y les enseñamos cómo conservarlas. Ellos tienen sus profesiones, no practican el arte de guardar semillas, pero llevan consigo el conocimiento a donde vayan”, comenta el sabio de la agricultura del pueblo quechua, el más grande del Perú.
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Llega el proyecto
En el 2018, la comunidad de Laria recibió la visita de unos ingenieros agrónomos para hablarles del Proyecto “Gestión sostenible de la agrobiodiversidad y recuperación de ecosistemas vulnerables en la región Andina del Perú a través del Enfoque de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial”, en abreviado GEF SIPAM.
Don Simón Hilario, quien ya era una figura reconocida entre los quechuas porque fue alcalde del distrito del 2005 al 2008, y uno de los profesores de primaria más antiguos de la comunidad, acudió a la convocatoria.
Escuchó atentamente la explicación de los técnicos, compartió algunos conocimientos durante la reunión y decidió ser parte del proyecto GEF SIPAM con la esperanza de que su colección de semillas creciera y con la alegría de que los jóvenes de la comunidad aprenderían sobre el cuidado de la agrobiodiversidad.
El significado
En quechua chanka, variedad que es muy hablada en Huancavelica, mujuykutichi significa “el retorno de las semillas”. Don Simón cuenta que vio en el proyecto el mujuykutichi en Laria. Tras un quinquenio de trabajo, el docente ha recuperado diversos cultivares que había heredado de su padre y hoy uno de los mayores coleccionistas en Huancavelica.
Don Simón explica que cuando se habla de saberes ancestrales en agrobiodiversidad se refiere a los conocimientos de los pueblos indígenas para medir el tiempo y sembrar de acuerdo al comportamiento de los animales y estado de las plantas. Por ejemplo, la migración de las aves advierte la llegada de las lluvias o cuando los mamíferos, como los conejos silvestres, colocan sus nidos en espacios más altos significa que las lluvias serán intensas este año.
“Soy un conservacionista, estas semillas son mi legado, así quiero que me recuerden”, se reafirma don Simón mientras muestra la diversidad de papas que tiene en Laria, su hogar y misión de vida.
Conozca el proyecto
El proyecto GEF SIPAM es un trabajo en conjunto de las comunidades andinas, la FAO, el Ministerio del Ambiente (Minam) y Profonanpe, con fondos GEF. El proyecto cuenta con 4 componentes: gestión integral del paisaje y conservación de las regiones andinas de Cusco, Puno, Apurímac y Huancavelica (en este ítem es donde se trabaja la recuperación de los saberes ancestrales y el cuidado de las semillas); el desarrollo de mercados para que los campesinos puedan comercializar sus productos; el fortalecimiento institucional de las políticas públicas; y monitoreo, difusión y evaluación del proyecto.
Cifra
3 millones de peruanos aprendieron el quechua y viven en 20 regiones.