Editorial
De acuerdo con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp), en los primeros cuatro meses del presente año ya se han registrado 58 feminicidios, así como 42,800 casos de violencia contra la mujer, tanto en la capital como en las regiones.
Asimismo, durante el 2022, los distintos Centros de Emergencia Mujer (CEM), gestionados en el marco del Programa Nacional Aurora, atendieron 154,000 casos de violencia de género en sus diferentes modalidades, además de haberse registrado 130 feminicidios en dicho período.
La titular del Mimp, Nancy Tolentino, consideró que las cifras son alarmantes porque no solo revelan que el problema persiste, sino que también muestran que los casos de violencia aumentan de forma constante.
Al respecto, es urgente que se tomen medidas para frenar este fenómeno pernicioso, ya que es inadmisible que por el solo hecho de ser mujeres las peruanas tengan que soportar agresiones de todo tipo e incluso intentos de arrebatarles la vida.
Por ello, es pertinente la decisión del Mimp de lanzar el programa ‘También es mi problema’, cuyo objetivo es sensibilizar, tanto a la ciudadanía como a las autoridades del país, sobre la urgencia de ejecutar acciones orientadas a prevenir la violencia de género.
Entre dichas medidas se anunció que el Ejecutivo presentará próximamente un proyecto de ley según el cual las requisitorias por delitos de violencia sexual y feminicidio no caducarán en ninguna circunstancia. Además, se implementarán caravanas educativas en las escuelas para combatir la naturalización y justificación de los ataques contra la mujer.
Otra de las acciones es la convocatoria a ferias multisectoriales en las plazas públicas, con la participación de diferentes instituciones como el Poder Judicial y el Ministerio Público, para enseñar a la población a reaccionar ante estos actos.
Para revertir la violencia de género y contribuir al surgimiento de una sociedad más igualitaria, es imperativo continuar desplegando acciones y medidas a escala nacional, como la impulsada por el Mimp, que involucren a la población, así como a las entidades públicas y privadas.
Por un lado, es fundamental fortalecer la prevención de la violencia combatiendo los estereotipos machistas que otorgan a la mujer un papel inferior, hecho que contribuye al surgimiento de ideas trasnochadas como aquella según la cual la mujer es propiedad de los hombres.
De igual modo, urge optimizar la labor de los CEM para atender a las peruanas que ya sufren la violencia, así como todo el conjunto de medidas orientadas a proteger a aquellas que han pasado a engrosar las estadísticas de víctimas de este flagelo. Con esfuerzo y compromiso, podremos hacer del Perú un país sin violencia contra la mujer.