Opinión
Profesor de la Facultad de Humanidades. Universidad de Piura
Es un hombre muy religioso, que busca “lo infinito y lo maravilloso”. Ama la Biblia. Y decide ser, como su padre, pastor protestante. Aunque fracasa en sus estudios de teología, predica el Evangelio en una región minera de Bélgica. Duerme en el suelo. Viste con harapos. Visita enfermos. Lo llaman “el Cristo de la mina de carbón”. Pero su estilo de vida, tan singular, hace que no le renueven el contrato.
Tras muchos fracasos, a los 27 años, Vincent sigue el consejo de su hermano Theo y decide ser pintor. Aprende de maestros tradicionales. Y pinta, entonces, de modo realista y oscuro. Son cuadros tristes, de zonas desoladas. Se siente “rechazado por la sociedad”: un “exiliado”, “un paria”. Igual que se sentían muchos artistas de la época porque su vida bohemia transgredía las convenciones sociales.
En 1880 afirma Vincent que pintar no es imitar la realidad: “Pintar un cuadro es crear de nuevo”. “Anhelo esa incorrección, esas desviaciones, remodelaciones, cambios en la realidad. Puede que se conviertan en mentiras, vale, pero más verdaderas que la verdad literal”. Es el primero en formular ese principio, que será central en el arte moderno y llegará hasta Vargas Llosa y su libro de ensayos La verdad de las mentiras.
En 1886 Theo invita a Vincent a París. Allí conoce la obra de los pintores impresionistas Monet, Degas, Renoir, Pissarro… Ha llegado la fotografía. Y los impresionistas se preguntan: ¿para qué pintar de modo realista si eso ya lo hace la máquina de fotos? Y deciden, en cambio, mostrar la pincelada y dar protagonismo a la luz y el color puro. Pintan, además, al aire libre, con pinceladas rápidas, plasmando la impresión fugaz.
En París, conoce también a otros pintores que parten del impresionismo, pero dan un paso más. Sus colores son más vivos, su visión es más subjetiva e imaginativa. Son Cézanne, Gauguin y Seurat. Ellos, junto con Van Gogh, serán llamados posimpresionistas.
Vincent está entusiasmado con el nuevo arte impresionista y posimpresionista. Y también con un arte oriental que triunfa en París: las estampas y grabados japoneses. Le encantan sus contornos audaces, sus contrastes de color, su perspectiva inusual, y, pinta varios cuadros en homenaje a los artistas japoneses.
En París, Van Gogh descubre la magia del color. Desde 1887 abandona su paleta oscura. Su pintura se llena de luz y de colores brillantes y contrastados. Coloca, juntos, colores opuestos en el círculo cromático. Amarillos y azules, sobre todo; pero también verdes y rojos. Además, aplica pintura espesa, con pincel, con espátula y hasta con los dedos, produciendo un efecto de relieve tridimensional, como de escultura. Afirma: “El pintor del futuro es un colorista como no había existido hasta ahora”.
En 1888, se marcha al sur de Francia, a Arlés, buscando el sol de la Provenza; la luz y el color de una tierra que le recuerde las imágenes de Japón. Allí, empieza a pintar frenéticamente. Cada vez más libre, más creativo, más moderno. Afirma: “Quiero llegar al punto en que la gente diga de mi trabajo: ‘Este hombre siente profundamente’”.
Como nos enseña la psicología del color, los colores influyen en nuestro ánimo. El amarillo es el color del sol y de la energía; y, como la sonrisa, espanta la tristeza. Por eso, cuanto más triste está Vincent, más utiliza el color amarillo como terapia. En sus campos de trigo, por ejemplo, o en sus cuadros de girasoles.
Los últimos tres años de vida de Vincent, entre 1888 y 1890, están marcados por su creatividad desbordante, pero también por sus crisis psicóticas (epilepsia, alucinaciones, etcétera) que lo llevarán a cortarse parte de la oreja, estar un año interno en el psiquiátrico de Saint-Rémy y, finalmente, a dispararse en el pecho, a los 37 años.
Van Gogh dejará, al morir, 850 pinturas y 1,300 dibujos. Y será precursor de un movimiento artístico de vanguardia, el expresionismo, que expresará los sentimientos de modo desgarrado, con colores muy vivos y distorsiones de la realidad.
Vincent Van Gogh transformó la historia del arte con su pintura expresiva, que transfigura la realidad. Tuvo un vida sufrida y breve, pero fecunda porque, con su pintura, ensanchó nuestra imaginación y dignificó nuestro mundo. ¡Gracias, Vincent!
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